Nacida en Empuriabrava, en el litoral del Alt Empordà, Paola Bagna se formó como arquitecta en dos de las escuelas que mejor definen su manera de entender la disciplina: la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona y la Technische Universität de Berlín. Una doble formación que anticipa lo que será una carrera marcada por el movimiento, el cruce de culturas y la capacidad de adaptarse a entornos construidos muy distintos entre sí.
Con más de quince años de trayectoria profesional, Bagna ha desarrollado proyectos residenciales privados y espacios comerciales en Londres, Barcelona, París, Berlín y Abidjan. Una geografía dispersa que da forma a su modelo de trabajo, al que ella misma define como un «nomadismo a la orden del día»: en lugar de una oficina fija, una red de colaboradores y espacios compartidos en Cataluña y Berlín desde los que dirige cada proyecto con la misma atención e implicación que si estuviera en un único lugar. Es bajo este esquema que opera Paola Bagna Architect, su estudio internacional, una estructura ligera y eficaz pensada para responder con agilidad a encargos en distintos países y contextos.
El trabajo del estudio parte siempre de una premisa esencial: escuchar. Antes de cualquier trabajo formal, Bagna dedica tiempo a comprender qué desea el cliente y a medir con cuidado el espacio que va a intervenir. A partir de ese conocimiento preciso del lugar, desarrolla los primeros esbozos, trabaja en tres dimensiones y mantiene un diálogo continuado con quien le encarga el proyecto hasta afinar cada detalle. Esta metodología resulta especialmente significativa en proyectos de pequeña escala, donde, como ella subraya, «las propuestas dependen mucho de los centímetros de más o de menos de los que se dispone».
La tipología que más le fascina es la vivienda, y dentro de ella, la transformación de lo existente. Su arquitectura parte del respeto y la reinterpretación de lo que ya está construido, adaptándolo a nuevos usos y a nuevas formas de habitarlo. En este proceso, los materiales juegan un papel central: para Bagna, deben dialogar entre sí con naturalidad y nobleza, y sobre todo, deben tener la capacidad de envejecer bien, de ganar presencia con el tiempo y de acumular una «bonita pátina» con el uso. Esta sensibilidad hacia la materia la ha llevado a explorar la reutilización como práctica, rescatando piezas y elementos de unas obras para incorporarlos en otras, como ocurrió con el parquet de principios del siglo XX recuperado de un proyecto en París que acabó dando forma al mobiliario diseñado para Galatea Wine, una vinoteca en Berlín.
Un capítulo singular de su carrera transcurrió entre 2015 y 2017, cuando Bagna se instaló en Abidjan para liderar la rehabilitación de una casa de dos mil metros cuadrados construida en los años sesenta —obra del arquitecto Henri Chomette— con el objetivo de transformarla en un boutique hotel de dieciocho habitaciones. Aquella experiencia en Costa de Marfil, intensa y sin rutina, amplió su capacidad de trabajo en entornos constructivos complejos y consolidó una mirada abierta a la experimentación y al intercambio cultural, dimensión que también exploró a través de Electropique, un proyecto que ella misma organizó allí combinando música y arquitectura como forma de encuentro entre comunidades. Hoy, con base entre Empuriabrava y Berlín, y hablando cinco idiomas con fluidez, Paola Bagna sigue buscando en cada proyecto lo mismo: espacios que mejoren la vida de quienes los habitan, construidos con simplicidad, funcionalidad y una atención al detalle que nunca se da por supuesta.