Nacida en Verviers (Bélgica), Pascale Zintzen creció rodeada de objetos, herramientas y procesos manuales. Desde muy joven se interesó por el trabajo artesanal y por la capacidad de las manos para transformar la materia. Esa curiosidad la llevó a explorar diferentes disciplinas antes de llegar definitivamente a la cerámica: estudió Arqueología e Historia del Arte, se formó en tapicería tradicional y mantuvo siempre una relación cercana con los oficios manuales.
Tras viajar por distintos países, se instaló definitivamente en Barcelona en 2016, una ciudad desde la que ha desarrollado su práctica artística y su estudio. Poco después descubriría la cerámica de manera casi accidental, gracias a unas clases que le regaló una amiga. Aquella experiencia marcaría un punto de inflexión. La artista recuerda ese momento como una revelación: trabajar la tierra le proporcionó una sensación de calma y una necesidad inmediata de seguir creando. Desde entonces, confiesa, raramente han pasado más de cuarenta y ocho horas sin modelar barro.
De ese descubrimiento nació Oikos Estudio, un proyecto artístico que toma su nombre del término griego oikos, entendido como casa, hogar o espacio donde la vida sucede. La elección no es casual: para Zintzen, el taller, la familia y el proceso creativo forman parte de una misma continuidad vital. Su práctica se desarrolla entre su estudio en Barcelona y su casa-taller en el Baix Ebre, un paisaje rural cercano al delta del Ebro donde la artista encuentra el ritmo pausado que necesita para trabajar.
En este entorno, rodeada de campo, olivos y silencio, la vida doméstica y la creación conviven de forma natural. El taller no es un espacio separado del mundo, sino una extensión del habitar cotidiano.