Viruta Lab despliega su estilo artesanal en Casa Tossal, su nuevo proyecto en Valencia

16 octubre 2026
En esta vivienda de nueva planta en Campolivar, María Daroz y David Puerta llevan a la escala de la arquitectura la lógica del oficio artesano. El hormigón guarda la huella de la madera, los techos repiten su modulación, los tejidos naturales visten puertas y armarios, y la carpintería está diseñada al milímetro.
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Cada vez más arquitectos e interioristas vuelven la mirada hacia la artesanía. Encuentran en el trabajo hecho a mano una forma de devolver a los espacios su espesor material y su tiempo. Para Viruta Lab, esa mirada está en el origen. El estudio toma su nombre de la viruta que desprende la madera trabajada, y entiende el proyecto como un proceso artesanal hecho de boceto, materia y paciencia. En Casa Tossal esa vocación abarca la casa entera, de la estructura al último detalle del interiorismo.

La artesanía empieza aquí en el propio hormigón. Los listones del encofrado han dejado grabadas en los muros sus vetas y sus juntas, y esa misma medida reaparece en el interior, en los techos de madera y en las chimeneas. Arquitectura, interiorismo e iluminación comparten así una misma lógica material y geométrica, y cada estancia se lee como parte de un conjunto trabajado con la atención de un taller artesanal.

El proyecto tiene además un lugar concreto. En valenciano, un tossal es una pequeña elevación del terreno, y Campolivar ocupa una de esas lomas al norte de Valencia, donde l’Horta Nord cede terreno al pinar. Las tierras pertenecieron a los barones de Campo-Olivar, y durante el siglo XX se poblaron de casas de veraneo entre pinos y palmeras, en busca del aire fresco de la altura. Allí, sobre un solar en pendiente, la casa construye su propio suelo.

La piscina se eleva sobre el terreno, revestida de cerámica verde y con un borde desbordante que cierra la secuencia de plataformas con una última horizontal, esta vez de agua.
La casa ocupa solo una parte del desnivel del terreno y resuelve el resto mediante una sucesión de plataformas de hormigón desactivado que emergen entre la vegetación como piezas independientes.
El porche: un espacio intermedio que pertenece a la vez a la casa y al jardín, donde los listones de una pérgola de madera proyectan sobre el pavimento un rayado de sombras que se desplaza con las horas.

Una topografía construida

Ante un terreno inclinado, la arquitectura suele elegir entre dos gestos, o excavar hasta conseguir una cota única o levantar un volumen que domine la pendiente. María Daroz y David Puerta toman un tercer camino, más lento y más atento, y construyen una topografía nueva. La casa ocupa solo una parte del desnivel y resuelve el resto mediante una sucesión de plataformas de hormigón desactivado que emergen entre la vegetación como piezas independientes. El recorrido desde la calle se convierte así en una aproximación gradual, una serie de rellanos que va suavizando la frontera entre jardín y arquitectura.

La última de esas plataformas es la propia vivienda. El hormigón desactivado cruza el umbral y continúa en el vestíbulo, que atraviesa de lado a lado la planta baja, de modo que desde la entrada se puede ver el jardín posterior. Ese espacio amplio y abierto, diferente a un recibidor convencional cerrado, actúa como bisagra entre la zona de día y la de noche. En uno de sus muros, un banco de madera y el gran lienzo circular Selvas de hierro N10, de Calo Carratalá, componen una primera pausa, con el suelo granulado del hormigón todavía bajo los pies.

La planta dibuja una L. Una franja horizontal de hormigón entablonado recorre el perímetro de la planta baja y le da espesor, en contraste con otros paños resueltos en un microcemento más liso. En la fachada que mira al jardín, ese mismo hormigón se pliega hacia fuera y forma un voladizo que protege del sol los grandes ventanales del salón, el comedor y la cocina. Debajo aparece un porche, un espacio intermedio que pertenece a la vez a la casa y al jardín, donde los listones de una pérgola de madera proyectan sobre el pavimento un rayado de sombras que se desplaza con las horas.

El ala larga de la L reúne los dormitorios, abiertos hacia la fachada más ancha, el jardín y la piscina. Los distribuye un pasillo que siempre termina en una vista al exterior y que dos patios interrumpen, entre las zonas húmedas, para dejar entrar la luz y la vegetación de forma puntual. En el encuentro de ambas alas se levanta la escalera, una pieza escultórica de peldaños volados cuyo primer escalón, más grande que el resto, funciona como una pequeña plataforma, una más dentro de la casa, de las que acompañan la llegada desde el jardín.

Hacia la calle, el desnivel obliga al terreno a subir para recoger la vivienda y a descender en un extremo para dar paso a los coches. Es el único punto donde la casa muestra, desde fuera, una doble altura. Sobre el ala de dormitorios, un volumen menor en primera planta alberga dos habitaciones y un despacho; su tamaño contenido frente al peso de la planta baja preserva la lectura horizontal del conjunto. Unas lamas verticales de madera, correderas, filtran el sol y las miradas y pueden ocultarse por completo entre los muros, cambiando el dibujo de la fachada a lo largo del día. Voladizo, lamas y patios forman así un sistema de sombra que la propia arquitectura gestiona, en la mejor tradición de la casa mediterránea. Al fondo de la parcela, la piscina se eleva también sobre el terreno, revestida de cerámica verde y con un borde desbordante que cierra la secuencia con una última horizontal, esta vez de agua.

El vestíbulo, diferente a un recibidor convencional cerrado, actúa como bisagra entre la zona de día y la de noche. Un banco de madera Spindle de Ethnicraft y el gran lienzo circular Selvas de hierro N10, de Calo Carratalá, componen una primera pausa, con el suelo granulado del hormigón todavía bajo los pies.
Apliques de pared Ginger de Joan Gaspar para Marset.
La escalera: una pieza escultórica de peldaños volados cuyo primer escalón, más grande que el resto, funciona como una pequeña plataforma
Salón: Mesa de centro deViruta Lab. Cuadro: Gris Flexible. Cesión de Galería Adelantado. Alfombra: Viruta Lab. Aplique de pared Ginger de Joan Gaspar para Marset. Esculturas: Columna Mármol negro Marquina y Tótem de Pino y Mármol gris Pulpis de Vicente Ortí. Candelabros: Drip de Polspotten.
El hormigón entablonado entra también en la casa en forma de chimeneas macizas. Sofá Serene de Mario Ruiz para Jocquer. Cojines Karen de Broste Copenhagen y Mandarina de Sancal. Butacas recuperadas: Francés Barceló 1960 de Fenix Original.
Comedor: Mesa de Viruta Lab. Lámpara colgante Fris y Apliques de pared Ginger de Joan Gaspar para Marset. Escultura: Pareja de Bronce de Vicente Ortí.
Sillas / taburetes Tam Inox de Nahtrang para Ondarreta.
Cocina: Silla comedor Midori de Ebualà para Sancal. Lámpara colgante Estela horizontal de Mayice para LZF Lamps. Vajilla Soos Atelier. Obra plástica: Favorito 13 y 16. Cesión de Galería Adelantado

Continuidad construida con pocos materiales

El interior se construye con una paleta reducida con la intención de que cada estancia se lea como parte de un mismo conjunto. Las paredes, lisas y en blanco roto, difunden la luz. Sobre ellas, los techos de la zona de día despliegan grandes paños de madera cuyo despiece reproduce la modulación del encofrado del hormigón exterior, de manera que la huella de las tablas que dieron forma a la fachada reaparece, ahora cálida y doméstica. El hormigón entablonado entra también en la casa en forma de chimeneas macizas, en el salón principal y en el salón de puros. El suelo, de porcelánico en gran formato y tono beige, mantiene el mismo registro sereno.

El tejido desempeña un papel decisivo. Una trama natural, próxima al tatami, reviste las puertas correderas de la zona de día y el mobiliario fijo. En el pasillo de los dormitorios cubre puertas, armarios y hojas pivotantes con una superficie continua que acorta visualmente su profundidad. En las habitaciones infantil y juvenil, el mismo material asciende como un zócalo alto que integra cabecero, mesillas y escritorio en una única pieza de carpintería, una solución donde se aprecia con nitidez la escala del detalle con la que trabaja el estudio. La carpintería persigue la misma continuidad. Un rodapié de unos veinte centímetros recorre paredes y puertas sin interrupción, y las hojas casi se disuelven en los paños.

Dentro de ese orden, cada estancia introduce su propia variación. En la cocina, el microcemento de la fachada pasa al mobiliario y unos perfiles de madera en forma de H marcan las juntas entre módulos, como un dibujo de líneas finas sobre un fondo mineral. En el salón de puros, un papel pintado con dibujo en espiga, en grises y beige, cubre paredes y frentes de armario y recoge la habitación en una atmósfera más íntima, propicia para la conversación y la sobremesa larga.

El mobiliario comparte ese ambiente contenido. Las mesas, macizas y de nogal, como la del comedor, diseñada por el propio estudio, aportan peso visual frente a sillas más ligeras de acero o madera: los taburetes Tam Inox de Ondarreta en el comedor, las sillas Midori de Sancal, tapizadas en espiga oscura, en la cocina. Sofás, butacas y mesas de centro se agrupan en piezas bajas que refuerzan la horizontalidad y dejan espacio libre a su alrededor, con la vista siempre abierta al jardín. Entre las piezas contemporáneas asoman algunas con historia, como las butacas Francés Barceló de 1960, recuperadas por Fenix Original, en cuero negro y acero junto a la chimenea del salón. Las esculturas de Vicente Ortí, una columna de mármol negro Marquina, un tótem de pino y mármol gris de Pulpis y una pareja de bronce en el comedor, junto a las obras cedidas por la Galería Adelantado, completan un conjunto donde el arte acompaña la vida de la casa.

Salón de puros: Mesa de centro Luna de Paolo Mauri para Beltá & Frajumar. Sillón principal y Chaise longue Tiptoe de Rafa García para Sancal. Mesita auxiliar chaise longue Curva de AYTM. Alfombra de Viruta Lab.
Butacas Tonella de Note para Sancal. Mesas auxiliares de Viruta Lab. Lámpara de mesa Cesta metálica de Miguel Milá para Santa & Cole. Apliques de pared Ginger de Joan Gaspar para Marset. Candelabro: Interconnect de Audo Copenhagen. Obra plástica: Anónimo IV Cesión de Galería Adelantado.
Cojines decorativos: R16 Slotsholmen de FDB Møbler. Manta: Manta Isak de Røros Tweed.

La luz a la altura del cuerpo

La iluminación se organiza por capas. En el exterior, pequeñas balizas señalan las plataformas de acceso y algunos de los árboles mayores, y dejan el resto del jardín en penumbra durante la noche. Dentro, la luz desciende del techo a las paredes para acercar la arquitectura a la escala del cuerpo. El aplique TMM largo, de Miguel Milá para Santa & Cole, viste la mayor parte de la casa y cede su lugar en puntos concretos al modelo Ginger, de Joan Gaspar para Marset. A esa primera capa se suma una luz indirecta oculta en los cortineros, que refuerza el ambiente cuando hace falta sin reclamar atención. Junto a los lugares de descanso aparece una tercera capa, cercana y puntual, en la que entran algunos clásicos del diseño: la Cesta de Miguel Milá en el salón de puros y la Shogun de Mario Botta en el dormitorio principal.

Todo ello compone una casa pensada para habitar en familia. Las habitaciones de los hijos reciben el mismo cuidado que las estancias principales; el salón invita a la conversación lenta junto al fuego; en el baño, la luz de la tarde entra tamizada por las hojas del jardín y se posa sobre la piedra del lavabo. El detalle, que Viruta Lab trabaja con la paciencia de los artesanos, está aquí al servicio del uso cotidiano, y esa es quizá su mayor virtud. La precisión se percibe como calma.

Un tossal es, al fin y al cabo, un lugar desde el que mirar. Viruta Lab ha construido el suyo plataforma a plataforma, de la calle hasta el agua, y ha dejado que la casa entera se ordene según una sola horizontal, la del suelo que tuvo que fabricar para poder habitarla.

Dormitorio principal: Mesa de noche 7130 de Ángel Cerdá. Lámparas de mesa Shogun de Mario Botta para Artemide. Cabecero de Viruta Lab. Alfombra Tatami natural de Naturtex. Cojines de Ferm Living.
Cabecero de Viruta Lab. Mesa de noche / Puff Season de Piero Lissoni para Viccarbe. Alfombra Tatami vainilla de Naturtex.
Silla escritorio y Flexo metal de Zara Home.

Materiales y mobiliario

Carpintería exterior: Technal (Minimal Evo Slide Rail y Minimal Soleal 65FY).
Contraventanas correderas de madera: Gradpanel, de Gradhermetic.
Pavimento interior: Cavallina Marfil 120 × 120 cm, de Saloni.
Revestimiento de la piscina: Agadir Selva 7 × 28 cm, de Dune Ceramics.
Encimeras: Trani Beige, de Stolanic Porcelanic Surface.
Tejido natural: Tatami natural, de Naturtex.
Mobiliario: Sancal, Ondarreta, Jocquer, Viccarbe, Ethnicraft, Ángel Cerdá, Beltá & Frajumar, Serax, Zavotti, Fenix Original y piezas diseñadas a medida por Viruta Lab.
Iluminación: Santa & Cole, Marset, LZF Lamps, Artemide, Martinelli Luce, Estiluz.

Proyecto: Casa Tossal.
Ubicación: Campolivar. Godella (Valencia).
Arquitectura, interiorismo e iluminación: Viruta Lab, María Daroz y David Puerta.
Dirección de arte y home staging: Viruta Lab.
Fotografía: Sonia Sabnani.
Arte: Calo Carratalá, Vicente Ortí y Galería Adelantado.
Fuente: Viruta Lab. Ana Arnau.

María Daroz y David Puerta, arquitectos fundadores de Viruta Lab. foto: David Zarzoso.

Viruta Lab

Fundado en Valencia en 2020 por David Puerta y María Daroz, Viruta Lab nace del cruce de dos trayectorias personales que terminan por ensamblarse en una misma manera de proyectar. Él llega a la arquitectura desde el dibujo, con años de trazar ideas directamente sobre las paredes antes de aprender a construirlas; ella lo hace desde la danza clásica, disciplina que le aporta el sentido de la proporción, la disciplina y la atención al detalle que después traslada al espacio. El propio nombre del estudio, ligado a la viruta que deja el oficio manual, resume esa vocación: la arquitectura entendida como un proceso artesanal, hecho de boceto, materia y tiempo, antes que como un resultado cerrado.
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Viruta Lab
Calle del Mar 47
Valencia
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