Es Rafal de Son Macià propone un ritmo pausado, ligado a la finca agrícola de la que forma parte y a un modo de vida en el campo, con siglos de historia en Mallorca

9 octubre 2026
Arquitectura, topografía, materia y paisaje forman en este proyecto una sola propuesta, que Llorenç Brunet Arquitectes resume en la voluntad de habitar el lugar con respeto y naturalidad.
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El Llevant de Mallorca es una tierra de relieve suave. Las Serres de Llevant cierran el horizonte con lomas cubiertas de pinares y matorral, y a sus pies se extiende un campo de secano dividido por paredes de piedra seca, almendros y olivos, salpicado de casas de labor. Es un paisaje construido despacio, a la medida del trabajo agrícola, donde cada muro y cada bancal responden a una pendiente y a una necesidad. En la toponimia de la isla perviven palabras que guardan esa memoria. Rafal, de raíz árabe, designa todavía una pequeña finca rural, una casa con su tierra alrededor.

En ese territorio, en el término municipal de Manacor y junto al pequeño núcleo de Son Macià, el estudio Llorenç Brunet Arquitectes ha diseñado una vivienda unifamiliar ligada a una explotación agrícola. Es Rafal de Son Macià ocupa una parcela rústica de fuerte pendiente y 336 metros cuadrados entre planta baja y sótano. El nombre ya anuncia la vocación del proyecto. Se trata de una casa de campo vinculada a la tierra que la rodea, y no “colocada” sobre el paisaje.

La disposición de los volúmenes orienta la vivienda en dos direcciones: hacia el mar, que asoma en el horizonte por encima de la línea de pinos, y hacia el paisaje interior de la finca, con las lomas cercanas como fondo.
Los muros de mampostería, levantados con la piedra característica del Llevant, presentan tonos que van del ocre al rosado y cambian de color según la hora.
Un jardín de especies adaptadas al clima mediterráneo, con plumbago, romero y buganvillas, integra la arquitectura con la vegetación de la ladera.
Una piscina de borde desbordante prolonga la terraza principal hacia el valle.
Esta terraza, junto al estudio, se sitúa en un lugar con vistas privilegiadas hacia el valle.

Cuatro volúmenes sobre la pendiente

La primera decisión fue de emplazamiento. La casa se asienta en la parte más alta y amable del terreno y se hunde parcialmente en la topografía. Así reduce su presencia visual y se adapta a la ladera del terreno. El programa se reparte en cuatro volúmenes interconectados, ligeramente desplazados entre sí para seguir las curvas de nivel. Esa fragmentación evita el bloque longitudinal que una vivienda de esta superficie habría producido en una ladera abierta, y devuelve a la construcción la escala de las agrupaciones rurales de la isla, formadas por cuerpos sucesivos añadidos con el tiempo.

Cada volumen acoge un uso diferenciado y se cubre con su propio tejado inclinado de teja árabe. Los faldones de pendiente desigual dibujan hastiales de perfil asimétrico que rematan chimeneas de piedra, y desde lejos el conjunto se lee como una secuencia de piezas escalonadas recortadas contra el pinar. Los muros de mampostería, levantados con la piedra característica del Llevant, presentan tonos que van del ocre al rosado y cambian de color según la hora. Al atardecer, la luz rasante revela la irregularidad de cada pieza. Las carpinterías de madera y las persianas mallorquinas pintadas de verde pálido completan una imagen reconocible, en la que la tradición constructiva de la isla aporta un lenguaje preciso y actual.

La disposición de los volúmenes orienta la vivienda en dos direcciones: hacia el mar, que asoma en el horizonte por encima de la línea de pinos, y hacia el paisaje interior de la finca, con las lomas cercanas como fondo. Una piscina de borde desbordante prolonga la terraza principal hacia el valle, y un jardín de especies mediterráneas, con plumbago, romero y buganvillas, integra la arquitectura con la vegetación de la ladera.

Los patios son el verdadero corazón del proyecto. Semienterrados y protegidos por muros de piedra, funcionan como pequeños refugios donde la luz y la sombra se alternan a lo largo del día generando microclimas distintos en cada rincón de la casa.
Los patios llevan luz natural al interior de cada espacio y permiten una ventilación cruzada, una estrategia heredada de la arquitectura popular mediterránea.
En este patio comedor, junto a la cocina, una buganvilla trepa por el muro y deja caer sus flores sobre la grava.

Patios de luz y de sombra

Entre los volúmenes aparecen los patios, que son el verdadero corazón del proyecto. Semienterrados y protegidos por muros de piedra, funcionan como pequeños refugios donde la luz y la sombra se alternan a lo largo del día y generan microclimas distintos en cada rincón de la casa. En uno de ellos, una red tensada filtra el sol del mediodía y sostiene un conjunto de lámparas de fibra trenzada. En otro, que oficia de comedor junto a la cocina, una buganvilla trepa por el muro y deja caer sus flores sobre la grava. La cocina, el comedor y los dormitorios se abren a estos espacios exteriores mediante grandes puertas correderas, y la relación entre dentro y fuera se vuelve cotidiana.

Los patios también sostienen el funcionamiento climático de la vivienda. Llevan luz natural al interior de cada pieza y permiten una ventilación cruzada constante, una estrategia heredada de la arquitectura popular mediterránea. A ella se suman captadores solares fotovoltaicos y térmicos que orientan la casa hacia la autosuficiencia energética. La sostenibilidad se entiende aquí como una manera de construir y de habitar, integrada en el proyecto desde su origen, y no como un añadido técnico.

En el interior, la paleta se reduce a lo esencial. Paredes blancas, vigas pintadas que acompañan la inclinación de las cubiertas, pavimento de piedra clara y madera en carpinterías y mobiliario.
El estudio es la excepción material de la casa. Aquí el muro de piedra queda visto en el interior y una esquina acristalada enmarca la colina de pinos que se levanta frente a la vivienda.

El interior, un fondo sereno

Dentro, la paleta se reduce a lo esencial. Paredes blancas, vigas pintadas que acompañan la inclinación de las cubiertas, pavimento de piedra clara y madera en carpinterías y mobiliario. Las estancias de día ocupan los volúmenes de mayor altura, donde el techo inclinado amplía el espacio y la luz entra por varios frentes. El estudio es la excepción material de la casa. Allí el muro de piedra queda visto en el interior y una esquina acristalada enmarca la colina de pinos que se levanta frente a la vivienda.

La vida en Es Rafal de Son Macià transcurre en ese continuo de estancias, patios y terrazas, siguiendo el recorrido del sol y del viento. La casa propone un ritmo pausado, ligado a la finca agrícola de la que forma parte y a un modo de vida en el campo que en Mallorca tiene siglos de historia. Quien la habita ocupa un lugar con memoria, en el que cada volumen recuerda a las casas de labor que durante generaciones han ido creciendo pieza a pieza sobre estas mismas laderas.

Arquitectura, topografía, materia y paisaje forman en este proyecto una sola propuesta, que el propio estudio resume en la voluntad de “habitar el lugar con respeto y naturalidad”. Es Rafal de Son Macià recupera así el sentido antiguo de su nombre. Es una casa con su tierra alrededor, levantada con la piedra de esa misma tierra.

Proyecto: Es Rafal de Son Macià.
Programa: Vivienda unifamiliar aislada vinculada a explotación agrícola.
Ubicación: Son Macià, Manacor (Mallorca).
Superficie: 336,20 m² (planta baja + sótano).
Año de finalización: 2025.
Arquitectura: Llorenç Brunet Arquitectes.
Arquitecto principal: Llorenç Brunet Nicolau.
Constructora: Projectes i Obres JCA.
Fotografía: Neus Pastor.

Mateu Llodrà, Carme Pascual y Llorenç Brunet, arquitectos socios de Llorenç Brunet Arquitectes

Llorenç Brunet Arquitectes

Llorenç Brunet Nicolau (Manacor, 1971) se tituló en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallès en 1996 y ha desarrollado toda su trayectoria en Mallorca, con base en su ciudad natal. Al frente de Llorenç Brunet Arquitectes, el estudio que fundó y dirige en Manacor, ha construido una práctica atenta a la arquitectura rural de la isla, a la rehabilitación y a la eficiencia energética, con una línea de trabajo cada vez más centrada en la vivienda pasiva bajo el estándar Passivhaus.

Su interés por el patrimonio y la arquitectura bioclimática tiene también una dimensión institucional. Desde mayo de 2007 es vocal de la junta de Mallorca del Colegio Oficial de Arquitectos de las Illes Balears, en las áreas de Patrimonio y Bioclimática, y ha formado parte, en representación del colegio, de la Comisión de Centro Histórico y Catálogo de Palma, de la Ponencia de Patrimonio del Consell de Mallorca y de los trabajos de modificación del plan general de Inca. A esa labor se suman una veintena de artículos sobre arquitectura bioclimática y urbanismo y diversas conferencias sobre rehabilitación de edificios y modelo de ciudad.

El estudio, que Brunet comparte con los socios Mateu Llodrà Adrover y Carme Pascual Estelrich, reúne perfiles de arquitectura, diseño, restauración, urbanismo, estructuras y gestión de proyectos, y trabaja con una red de colaboradores externos en ingeniería, instalaciones y control de calidad. Su recorrido en concursos públicos incluye los primeros premios para la reestructuración del Hipódromo de Son Pardo en Palma, el local social para personas mayores de Manacor y el acuartelamiento de la Guardia Civil en Úbeda, además del segundo premio en la ampliación del hospital de Manacor. Varias de sus obras residenciales han sido seleccionadas en tres ediciones consecutivas del premio a la mejor obra construida de las Illes Balears (2007-2010, 2011-2013 y 2014-2016). Entre sus trabajos recientes destacan distintas intervenciones en suelo rústico mallorquín, como Pleta de Son Violí, Lloseta o Es Rafal de Son Macià.

Llorenç Brunet Arquitectes
Carrer de s’Hort de la Vila, 5
07500 Manacor, Illes Balears
+34 971 84 56 84
info@brunetarquitectes.com
brunetarquitectes.com
@brunetarquitectes

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