La Casa del Pirata: Raúl Sánchez devuelve su grandeza al palacio de un corsario del XIX en Mataró

18 octubre 2026
Antoni Cuyàs partió de Mataró con dieciocho años y volvió rico para levantar en la Rambla un palacio, hoy renovado, a la medida de su leyenda.
Home

El joven Antoni Cuyàs dejó Mataró en 1820, con dieciocho años y apenas unas nociones básicas de navegación. Su destino era Argentina, y pocos años después su nombre ya inquietaba a los barcos brasileños del Atlántico sur. Las crónicas de la época cuentan que pocas naves escapaban a sus cañonazos. Realmente era un corsario, un capitán con patente de corso autorizado para atacar barcos enemigos, una figura que proliferó en el Río de la Plata durante la guerra con el Imperio del Brasil, entre 1825 y 1828. La memoria familiar prefirió otra palabra, y con ella ha llegado hasta hoy: el pirata.

Hizo fortuna muy joven y dejó pronto el mar. En tierra trabó amistad, personal y económica, con la clase dirigente del país, y llegó a ser consejero habitual de los presidentes de su tiempo. Tras un matrimonio desdichado y sin hijos, decidió acabar sus días en su ciudad natal. Regresó en 1865, compró dos casas contiguas en la Rambla, las unió y encargó a unos artistas italianos que trabajaban en la zona, una residencia a semejanza de los palacios que había frecuentado en Argentina.

Al final de su vida conoció a un niño huérfano que llevaba su mismo apellido, lo adoptó y lo convirtió en su único heredero. Después vinieron generaciones de artistas, escritores y vividores, y la casa atravesó un destino convulso que la despojó de sus elementos de mayor valor, aunque la familia logró conservarla. La leyenda tiene incluso su versión literaria en El nét del pirata (Proa, 2014), donde el escritor de Mataró, Manuel Cuyàs Gibert, evoca a aquel antepasado enriquecido en América y confidente de Garibaldi.

En 2023, un tataranieto del corsario, Manuel Cuyàs, junto a su mujer Nuria, argentina por uno de esos giros del destino, encargaron al arquitecto Raúl Sánchez la rehabilitación de las estancias de la casa que aún guardaban elementos originales.

Tres estancias con historia

Manuel es diseñador gráfico y Nuria, editora, y los dos trabajan en casa. Vivían en unos espacios detenidos en un pasado desfigurado, poco compatibles con su vida diaria. El encargo se centró en el vestíbulo, el comedor y la sala del pirata, catalogada por Patrimonio. El objetivo era disfrutar de todas las estancias, usar la sala como salón y lugar de trabajo, reservar el comedor para comer y dar sentido al vestíbulo dentro del conjunto, recuperando algo de la grandeza que la casa tuvo un día y que los años habían maltratado. La intervención apenas alcanza los 100 metros cuadrados, pero obligó a proyectar a todas las escalas, desde la organización de la sala hasta el diseño de todos los detalles de estos espacios.

El vestíbulo se ha limpiado de añadidos y de instalaciones vistas para recuperar su carácter de acceso a un lugar especial.
La espada del corsario, la misma que luce en su retrato, descansa en una vitrina de metacrilato.
Las grietas del techo y de las paredes, los desgarros del papel y los desperfectos del suelo se han dejado tal como estaban.
Un gran zócalo de acero inoxidable recorre todo el perímetro de la sala y reúne en una sola pieza los escritorios, la plataforma del sofá y los armarios. El arquitecto lo presenta, con humor, como un material indispensable para un pirata. Su continuidad unifica toda la intervención y traza una línea brillante a media altura que separa lo nuevo de lo heredado.
Escritorio junto a la puerta del comedor con cajones con pomos de piedra natural encastrados.
El sofá descansa sobre una plataforma de acero que se prolonga en el escritorio, bajo el rosetón del techo.
En la sala, el gran retrato del pirata ya mayor miraba a un espejo situado en la pared opuesta. El proyecto conserva esa relación y en lugar del espejo aparece un gran mueble de puertas espejadas.
Al fondo de la sala, junto al balcón el segundo escritorio de trabajo, disfruta de la visión de conjunto de todo el espacio. Silla Aluminium Chair de Charles y Ray Eames para Vitra.
El suelo original de barro se ha recuperado con un complejo tratamiento de consolidación con resina que frena su disgregación.

Un zócalo de acero

La respuesta principal se concentra en la sala. Un gran zócalo de acero inoxidable recorre todo su perímetro y reúne en una sola pieza los escritorios, la plataforma del sofá y los armarios. El arquitecto lo presenta, con humor, como “un material indispensable para un pirata”. Su continuidad unifica toda la intervención y traza una línea brillante a media altura que separa lo nuevo de lo heredado.

Por encima de esa línea, la casa recupera lo que tenía. Los papeles pintados originales se conservan dentro de sus marcos dorados, los retratos de familia vuelven a su sitio y el techo policromado, con su rosetón central y sus cenefas en relieve, preside de nuevo la sala libre de instalaciones y cables. Una iluminación perimetral lo hace visible en toda su extensión.

Por debajo, el suelo original de barro, de piezas hexagonales en rojo y ocre, se ha recuperado con un complejo tratamiento de consolidación con resina que frena su disgregación constante. Las baldosas del perímetro, más comunes y añadidas con posterioridad, se retiraron para dejar paso a las instalaciones, que suben ocultas tras el acero. En su lugar, un marco de micromortero remata el pavimento. Es un material muy flexible, capaz de acompañar los movimientos de una estructura antigua, y su encuentro con el barro dibuja un borde dentado. La sala está hoy climatizada, aunque resulta difícil adivinar por dónde.

El retrato y el espejo

En la sala, el gran retrato del pirata ya mayor, con uniforme, condecoraciones y su espada, miraba a un espejo situado en la pared opuesta. El proyecto conserva esa relación. El cuadro sigue en su sitio, y en lugar del espejo aparece un gran mueble de puertas espejadas que multiplica los techos, las cenefas y los papeles de la sala. Al abrirse, descubre un interior de madera lacada en amarillo brillante que guarda una enorme televisión, varias repisas y los objetos de cotidianos.

El mismo amarillo reaparece en la mesa de centro, diseñada por el arquitecto para este proyecto, que ocupa el centro de la sala frente al sofá. Entre los papeles de flores y los dorados del XIX, ese color ácido introduce una nota contemporánea de color que el conjunto agradece.

La belleza del paso del tiempo

Las grietas del techo y de las paredes, los desgarros del papel y los desperfectos del suelo se han dejado tal como estaban. Incluso las rozas abiertas para llevar la electricidad a los apliques de pared quedan sin acabar ni retocar. “No hay intención de inyectar bótox”, explica Raúl Sánchez, que encuentra belleza en el paso del tiempo y en la transformación continua de la casa. La decisión se percibe en cada rincón. Junto a un retrato oval de marco dorado, el papel desaparece en una franja irregular y deja ver el yeso, junto a dos globos de luz situados junto al retrato.

El comedor se ordena en torno a la mesa lacada en rojo, entre el arrimadero original y la estantería de acero. Las puertas acristaladas comunican el comedor con la sala, cuyo techo policromado asoma al fondo.
Mesa Orseolo de Carlo Scarpa para Cassina. Sillas CAB 413 de Mario Bellini para Cassina.

Del comedor al vestíbulo

El comedor estrena un pavimento de roble oscuro, a juego con el arrimadero original de madera, rematado por crestas talladas y una franja de azulejos verdes con flores rojas, también originales. Sobre él, la mesa Orseolo de Carlo Scarpa para Cassina, lacada en rojo brillante, refleja los lomos de los libros, los azulejos y la luz de la ventana. La acompañan las sillas CAB 413 de Mario Bellini para Cassina, de cuero oscuro. Una gran estantería de acero inoxidable, diseñada para la extensa colección de libros de la casa, prolonga en el comedor el material de la sala. La chimenea de mármol blanco recibe un marco de hierro negro de perfil dentado, hermanado con las baldosas triangulares recuperadas.

El vestíbulo se ha limpiado de añadidos y de instalaciones vistas para recuperar su carácter de acceso a un lugar especial. Paredes y suelos adoptan un rojo profundo, de tono terroso, que contrasta con el blanco de las estancias contiguas. Bajo la bóveda, unos faroles de cristal ámbar alumbran el paso, y la espada del corsario, la misma que luce en su retrato, descansa en una vitrina vertical de metacrilato junto a la puerta que conduce a la sala.

Una casa con historia

Raúl Sánchez ha diseñado aquí cada detalle: los remates y despieces del acero, la iluminación del techo policromado, la disposición de la colección de arte y cerámica en paredes y repisas, la posición de mecanismos, radiadores y manetas, las telas y las barras de cortina. La complejidad técnica de la obra queda oculta, y la sala recupera su antiguo esplendor sin convertirse en una pieza de museo anclada en un pasado ideal. Reconoce su historia y la trae al presente con las grietas a la vista.

Antoni Cuyàs partió de Mataró con dieciocho años y volvió rico para levantar en la Rambla un palacio a la medida de su leyenda. Hoy su espada recibe a quien entra, su retrato vuelve a mirarse en un espejo y la casa del pirata es, de nuevo, el lugar donde sus descendientes viven y trabajan cada día.

Materiales y mobiliario

Sala: zócalo, escritorio, plataforma del sofá y armarios de acero inoxidable, diseño de Raúl Sánchez, ejecutados por Metal Ware; pomos de piedra natural encastrados; mueble espejado con interior de madera lacada en amarillo; mesa de centro lacada en amarillo, diseño de Raúl Sánchez; silla Aluminium Chair de Charles y Ray Eames para Vitra. Comedor: mesa Orseolo de Carlo Scarpa para Cassina; sillas CAB 413 de Mario Bellini para Cassina, cortesía de Polopstore; estantería de acero inoxidable; marco de hierro para la chimenea. Pavimentos: barro original consolidado con resina en la sala; micromortero perimetral; roble oscuro en el comedor.

Proyecto: La Casa del Pirata.
Ubicación: Mataró. Barcelona.
Programa: Rehabilitación del vestíbulo, el comedor y la sala de una vivienda del XIX.
Superficie: 100 m².
Terminado: 2025.
Arquitectura: Raúl Sánchez.
Equipo: Nerea Moya, Marta Gámiz, Flavia Thalisa Gütermann.
Trabajos en metal: Metal Ware.
Fotografía: José Hevia.
Fuente: Raúl Sánchez.

Raúl Sánchez, arquitecto fundador de Raúl Sánchez Architects, fotografiado por José Hevia en la Casa del Pirata.

Raúl Sánchez

Raúl Sánchez se formó como arquitecto en la Universidad de Granada y en 2005 se instaló en Barcelona, donde un año después fundó su estudio, Raúl Sánchez Architects. Desde entonces ha desarrollado una práctica que abarca rehabilitaciones, viviendas unifamiliares, interiores, espacios comerciales e instalaciones efímeras, con obra en Barcelona, Madrid, Múnich y Nueva York, publicada y premiada dentro y fuera de España.

Su trabajo tiene una vocación experimental constante. Le interesan los vacíos tanto como los llenos, las geometrías inesperadas y los recorridos que se descubren poco a poco, y sitúa su atención en el punto donde lo técnico y lo sensorial se encuentran. Cada encargo funciona para él como una pregunta sobre el espacio, la luz y la percepción, resuelta con un lenguaje preciso y audaz, atento siempre al contexto. Ver biografía completa

Raúl Sánchez Architects
Pujades 152 08005 Barcelona
rsa@raulsanchezarchitects.com
raulsanchezarchitects.com
@raulsanchezarchitects

Project by