El proyecto —definido por los arquitectos como un “ensayo atmosférico”— no parte de un programa ni de una distribución convencional sino de una pregunta: ¿y si las condiciones climáticas y sensoriales fueran el punto de partida del proyecto arquitectónico? Ese cambio en la metodología es el núcleo radical de este proyecto.
“Esta vivienda estudio nace como un encargo personal, sin intermediarios, en el que por primera vez asumimos simultáneamente el papel de arquitectos y clientes”, explican Macarena Carrascosa y Adrián López fundadores de Corrigan Arquitectos. Esa doble condición les permitió cuestionar decisiones que normalmente vienen dadas: la etiqueta de vivienda, la organización en habitaciones y la jerarquía de usos. Lo que comenzó como su propia vivienda estudio se transformó en “un laboratorio doméstico, un espacio donde investigar sobre la forma de habitar a través de la experiencia directa”.
En vez de habitaciones, situaciones
El proyecto evita conscientemente definirse como vivienda, estudio o alojamiento. “Evitar esas etiquetas nos permite no condicionar el uso del espacio”, señalan. La planta es libre, no hay habitaciones cerradas, el espacio se organiza por intensidades, por gradientes, por condiciones ambientales. “En lugar de definir usos, trabajamos con condiciones ambientales que pueden ajustarse y cambiar, permitiendo que el espacio se adapte a distintas maneras de estar”.
En la práctica, esto significa que un mismo lugar puede ser área de trabajo, descanso o encuentro según la luz, el momento del día o el estado de ánimo. “El espacio se va usando de formas distintas a lo largo del día, sin necesidad de cambiar de espacio para cada actividad”. Aquí no hay habitaciones, hay situaciones.


La forma del espacio no se define de antemano
“Definimos el proyecto como un ensayo atmosférico porque entendemos la arquitectura como un proceso donde la luz, la temperatura, el aire, el sonido o el grado de intimidad aparecen como materia de proyecto”. La forma final no se dibuja primero y se climatiza después, sino que aparece en la combinación de variables ambientales. “Estas variables las entendemos como parámetros medibles que pueden ajustarse según la situación”, explican sobre temperatura, luz o privacidad. Y añaden: “La forma del espacio no se define de antemano, sino que aparece como consecuencia de cómo estas variables se combinan y cambian con el uso”. Esta frase condensa una toma de posición frente a la vivienda contemporánea, todavía organizada en torno a programas rígidos. En este proyecto, la división no está en el origen, es la consecuencia.
Volúmenes que ordenan sin cerrar
La planta de la vivienda es continua, el espacio se organiza mediante una secuencia de volúmenes de obra. “Concentrar en ellos lo más fijo permite que el resto quede libre y adaptable”. Estos cuerpos construidos alojan instalaciones, almacenaje, vegetación y usos cotidianos. Funcionan como soportes densos en espacios flexibles, no son tabiques tradicionales.
La cocina ocupa una posición central. “Más que un lugar exclusivamente funcional, funciona como punto de encuentro y de relación”. Su protagonismo responde a una observación real de la forma de habitar contemporánea: el espacio donde se superponen vida doméstica, trabajo y socialización es precisamente la cocina.





Un óvalo como microclima
Uno de los volúmenes se curva hasta formar un óvalo translúcido que acoge la zona más íntima. Está diseñado de forma diferente a un baño convencional, lo describen como “una cámara húmeda dentro del espacio continuo, casi como una pequeña sauna doméstica”. Su envolvente de policarbonato está pensada para filtrar. Contiene temperatura y humedad, difumina la luz y suaviza el límite. “Más que un baño cerrado, funciona como un microclima dentro de la vivienda”.
Este concepto introduce un interrogante para el futuro residencial: ¿puede la vivienda incorporar microambientes específicos en lugar de espacios genéricos climatizados de forma homogénea?


Filtros en lugar de muros
Mallas metálicas, policarbonato, cortinas textiles. “Son materiales ligeros y permeables que filtran la luz, el aire o la mirada sin bloquearlos completamente”. La intimidad se construye por grados, ya no depende del aislamiento total. “Al filtrar en lugar de aislar, estos elementos permiten que la luz, el aire o incluso la presencia de otras personas sigan estando presentes, aunque de forma más suave”. Esta lógica cuestiona la tradición de la vivienda moderna como suma de cajas cerradas. En este caso los límites se convierten en gradientes.
La vegetación se integra como sistema ambiental activo. “Contribuye a regular la humedad, mejorar la calidad del aire y generar microclimas interiores”. Forma parte de la infraestructura.


Tecnología visible, confort consciente
El proyecto incorpora riego automatizado, climatización textil, iluminación indirecta, control de transparencia en fachada. Todos estos elementos no se ocultan. “Queríamos que el funcionamiento del espacio fuera comprensible. La tecnología no está ahí para disimularse, sino para evidenciar que el confort y la intimidad se construyen”. Esta decisión es también cultural. En vez de esconder las instalaciones, este proyecto las integra como parte del lenguaje del espacio. El confort se convierte así en un sistema activo.
Construir para comprender
Si este proyecto es un ensayo sobre la forma de habitar, su ejecución fue un ensayo sobre la práctica. “Lo construimos nosotros mismos como una forma de aprendizaje”, explican. Macarena y Adrián asumieron demolición, albañilería, fontanería, electricidad. En la memoria del proyecto se documenta ese proceso con una secuencia exhaustiva de obra y con la realización directa de la ejecución. “La obra obliga a simplificar, a adaptarse y a entender los materiales desde su comportamiento real”.
En un momento en que la distancia entre proyecto y construcción se ha diversificado en muchas prácticas y oficios, esta implicación directa en el proceso de construcción devuelve a la arquitectura su dimensión material y temporal.
¿Hacia dónde apunta este proyecto?
“La ciudad contemporánea exige espacios más adaptables”, afirman los arquitectos. Cuando vivienda, trabajo y vida social se superponen, la compartimentación rígida resulta insuficiente. Este proyecto propone otras soluciones: sistemas ajustables, microclimas, gradientes, filtros, tecnología visible, vegetación como infraestructura.
En su reflexión final, Macarena y Adrián expresan el deseo de seguir investigando “cómo las condiciones ambientales influyen de manera directa tanto en la salud física como en la salud mental”. La luz regula ritmos biológicos. La calidad del aire afecta al bienestar corporal. Ciertos entornos reducen el estrés y favorecen la concentración. La arquitectura, por tanto, no es solo organización espacial: es una herramienta que puede incidir en el equilibrio físico y emocional.
Esta vivienda estudio es un experimento construido. En 70 m² se ensaya una pregunta: ¿Puede la vivienda del futuro dejar de organizarse por funciones y empezar a organizarse por condiciones? Si la respuesta es afirmativa, proyectos como este son un anticipo. Estamos convencidos que estos jóvenes están escribiendo el futuro.


Proyecto: Corrigan Estudio.
Ubicación: Pinto (Madrid).
Superficie construida: 70 m².
Terminado: 2025.
Arquitectura: Corrigan Arquitectos. Macarena Carrascosa + Adrián López.
Fotografía: Imagen Subliminal: Rocío R. Rivas + Miguel de Guzmán.
Fuente: Corrigan Arquitectos.

Corrigan Arquitectos
Corrigan Arquitectos es el estudio fundado por los arquitectos Macarena Carrascosa Sepúlveda y Adrián López Collado, con sede en Madrid. Su práctica se sitúa en un territorio híbrido entre la arquitectura residencial, la investigación espacial y la construcción directa, entendiendo cada proyecto como un sistema capaz de articular materia, clima y experiencia.
Lejos de concebir la arquitectura como una respuesta formal o tipológica cerrada, el estudio trabaja desde las condiciones que hacen posible habitar: la luz, la temperatura, la humedad, la ventilación, el grado de intimidad. En su aproximación, el confort no es un estándar abstracto, sino una variable ajustable que se construye a través de decisiones materiales, técnicas y espaciales.
Su metodología combina el rigor proyectual con una implicación directa en la ejecución. En el caso de Corrigan Estudio, asumieron no solo el diseño sino también la construcción, entendiendo la obra como parte esencial del proceso de investigación. Esta manera de trabajar les permite integrar pensamiento y materia, dibujo y cuerpo, detalle y tiempo real.
Más que producir objetos arquitectónicos cerrados, Corrigan Arquitectos desarrolla sistemas abiertos, adaptables, donde los límites no son líneas fijas sino gradientes. Su trabajo plantea una pregunta de fondo sobre el presente de la vivienda urbana: cómo construir espacios capaces de ajustarse a formas cambiantes de vida, trabajo y convivencia, sin recurrir a compartimentaciones rígidas ni a categorías preestablecidas.
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