Foto © Iwan Baan 2018

Balkrishna Doshi

Balkrishna Doshi (Pune, 1927 – Ahmedabad, 2023) fue el gran humanista de la arquitectura india contemporánea: un maestro que entendió el espacio como un organismo vivo, en diálogo con el clima, la cultura y la vida cotidiana. Formado en la Sir J.J. School of Architecture de Bombay, comenzó su trayectoria en los años de la independencia de la India, cuando el país imaginaba sus instituciones y sus ciudades futuras. Muy pronto colaboró con Le Corbusier —en Chandigarh y Ahmedabad— y, tiempo después, con Louis I. Kahn, a quien alentó a diseñar el Indian Institute of Management de Ahmedabad. De ambos extrajo una ética del lugar: “con sensibilidad, las antenas captan lo local”, diría, una idea que convirtió en método a lo largo de siete décadas de oficio.

En 1956 fundó en Ahmedabad su estudio Vastushilpa (hoy Studio Sangath) y, poco después, diseñó y dirigió la CEPT University, un campus sin puertas ni límites, pensado como laboratorio abierto de aprendizaje y de ciudad. Para Doshi, la arquitectura es trama de relaciones: lugares porosos que evolucionan con las personas y las estaciones, donde luz, sombra, viento y silencio participan de la obra tanto como el ladrillo. Esa mirada —poética y radicalmente práctica— se fraguó observando la vida doméstica y comunal de la India, y se tradujo en soluciones austeras, modulares y adaptables.

Su obra emblemática, Aranya Low-Cost Housing (Indore), es paradigma de esa ética: un tejido progresivo de viviendas y patios que hoy acoge a más de 80.000 personas y que obtuvo el Aga Khan Award en 1996. No son “casas” sino “hogares”, escribió, porque su diseño permite crecer, prosperar y reconfigurarse con el tiempo, democratizando el acceso a ciudad y dignidad.

Otros hitos, como Amdavad ni Gufa (con M.F. Husain), el Institute of Indology, su propio estudio Sangath y el Indian Institute of Management Bangalore —inspirado en los templos de Madurai y la ciudad-palacio de Fatehpur Sikri—, condensan su síntesis de modernidad y tradición: bóvedas y sombras profundas, recorridos laberínticos y patios que dosifican la luz, tectónica robusta y una sensualidad climática que invita al encuentro. En todos ellos, la forma es un soporte de acciones, recuerdos y rituales, y la medida real de cada obra es la vida que alberga.

Reconocido tardíamente en Occidente, Doshi recibió el Pritzker Prize en 2018 y la Royal Gold Medal del RIBA en 2022, distinciones que subrayaron su “profundo sentido de responsabilidad” y su contribución a una arquitectura auténtica, social y culturalmente sostenible. Pero su legado excede los galardones: es una pedagogía de la atención —al clima, a la economía de medios, a la memoria del lugar y a la dignidad de quienes habitan— que hoy guía a generaciones de arquitectos.

Ese legado cristaliza, a modo de epílogo vital, en el Doshi Retreat del Vitra Campus (Weil am Rhein), diseñado con su nieta, la arquitecta Khushnu Panthaki Hoof, y su marido, el también arquitecto Sönke Hoof: un espacio de contemplación inspirado en la espiritualidad india, recorrido sensorial de sonido y serenidad, y la única obra de Doshi fuera de la India, terminada tras su fallecimiento. Es un gesto final que confirma su credo: la arquitectura como celebración, tránsito y escucha.

Queda así la estela de Doshi: una arquitectura que pretende transformarse con la vida; que economiza sin renunciar a la belleza; que aprende de la calle y del patio; que propone estructuras abiertas para que las personas puedan llegar a ser lo que quieren ser. Esa lección —humilde y luminosa— es su herencia más fértil.

publicado en Exágono