Oliver Segura rehabilita una masía vitivinícola en El Maresme y la transforma en un hotel rural que revive su historia antigua

5 junio 2026
La intervención, basada en criterios de conservación patrimonial y arquitectura sostenible, conserva la morfología original y teje un recorrido interior donde cada estancia revela una capa de la arquitectura rural catalana.
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El Maresme es una comarca paralela al Mediterráneo al norte de Barcelona. Protegida de los vientos por la Serralada Litoral, donde está el Parc del Montnegre i el Corredor, desarrolló durante siglos una importante actividad agrícola basada en el cultivo de la vid, la floricultura y la huerta. Las masías que salpican el territorio son el registro edificado de esa actividad. Construcciones de planta rectangular, muros de piedra y cubierta a dos aguas orientadas al sur, cada una con su nombre propio, su familia y su relación directa con la tierra que las sostenía.

El siglo XX interrumpió esa situación con rapidez. La mecanización del campo, el éxodo rural y la presión urbanística de la costa barcelonesa transformaron el territorio en pocas décadas. Muchas masías perdieron su función productiva y con ella el mantenimiento continuo que les daba continuidad. Lo que quedó, en buena parte del Maresme, son los muros con la estructura en pie, la fachada resistiendo y la cubierta hundida. Esqueletos de piedra que esperan una decisión.

La masía centenaria aquí restaurada, situada en suelo rústico dentro del parque natural del Maresme, llegó al inicio del proyecto en estado ruinoso. Solo permanecían en pie los muros estructurales y parte de la cubierta derrumbada. El conjunto conservaba, pese a ello, la memoria de una actividad vitivinícola que dió carácter al edificio durante generaciones. Los cups, grandes depósitos de piedra donde fermentaba el vino, seguían allí, en la que fue zona de producción.

La intervención como lectura del edificio

Oliver Segura abordó la rehabilitación desde el rigor previo. Antes de proponer ninguna solución, un estudio arqueológico analizó el subsuelo en profundidad. Confirmada la ausencia de restos relevantes, fue posible incorporar un forjado sanitario ventilado que hoy mejora el rendimiento higrotérmico del conjunto y aloja discretamente las instalaciones. La arquitectura dio sus frutos después de una etapa de estudio concienzudo.

El proyecto conserva la morfología estructural original y su lógica constructiva. La fachada principal se mantiene intacta; las actuaciones en las fachadas secundarias fueron comedidas y coherentes con la evolución natural del edificio. Las variaciones introducidas se leen como capas nuevas sobre una estructura que ya tenía carácter, amplían su historia con precisión, sin alterar la lectura del conjunto.

En el centro de la masía se incorpora un patio cubierto con apertura mecánica que funciona como pulmón bioclimático. Regula la ventilación natural, optimiza la entrada de luz y establece relaciones visuales entre estancias. Es un elemento nuevo, pero responde a una lógica antigua, la del patio como corazón doméstico de la arquitectura mediterránea.

La memoria vitivinícola

La antigua zona de producción vitivinícola se transforma en el espacio de día principal, a doble altura. Los cups, recuperados y dignificados como elementos espaciales, ocupan el centro de la estancia. Su escala, materialidad y posición en el espacio hablan de la producción que albergaron durante generaciones, forman parte del programa y pueden reconocerse como argumento central de esta planta.

La cocina antigua mantiene su carácter original y se integra como pieza protagonista de la zona común. Sus proporciones y materiales cuentan una historia que la nueva arquitectura ha sabido escuchar. Los establos se reorganizan para alojar las cinco habitaciones dobles del hotel, manteniendo sus proporciones históricas. El arco del patio posterior se restaura para desarrollar la transición entre el interior y el paisaje, un umbral que lleva siglos marcando el paso entre el espacio habitado y el campo abierto, y que cumple hoy la misma función con naturalidad.

Materiales y técnica

La paleta material sigue una lógica de compatibilidad con lo existente. Morteros de cal, madera, piedra y cerámica son los materiales base de la intervención. La carpintería, tanto exterior como interior, se ejecuta en acero corten con rotura de puente térmico. Este material introduce un lenguaje contemporáneo con honestidad, su textura oxidada y patinada dialoga con la piedra envejecida, visible como elemento nuevo y legible como parte del mismo sistema.

En las zonas de transición, el pavimento de travertino de pequeño formato aporta calidez y continuidad táctil. Funciona como guía sensorial del recorrido, acompañando en el paso entre espacios rehabilitados y reconfigurados. El sistema de climatización, mediante suelo radiante, queda completamente integrado, permaneciendo invisible la tecnología.

Un hotel que se habita como masía

La masía funciona hoy como pequeño hotel rural de cinco habitaciones dobles y una zona común con sala, comedor y cocina. Un programa de hospitalidad doméstica, que ofrece habitar la masía a través de sus recorridos, la variación de la luz a lo largo del día, la textura de los materiales, las secuencias espaciales que revelan la historia del lugar. Al recorrer las estancias, pasar bajo el arco del patio o desayunar en la antigua cocina, puede sentirse la historia de la masía, que vuelve a revivir.

El proyecto de Oliver Segura en El Maresme pertenece a esa tradición de intervenciones que entienden el patrimonio como materia viva. La masía ha vuelto a la vida porque el arquitecto supo leerla con atención, y desarrolló una arquitectura con la precisión que permite continuar su historia.

Alzado principal
Sección transversal
Sección longitudinal
Planta 0
Planta 1
Planta -1

Estado original

Proyecto: Rehabilitación integral de masía catalana para uso hotelero.
Ubicación: El Maresme, Barcelona.
Superficie: 710 m².
Terminado: 2025.
Arquitectura: Oliver Segura Arquitectura.
Fotografía: Mario Martínez.

Oliver Segura, arquitecto

Oliver Segura

Oliver Segura Arquitectura es un estudio con sede en Barcelona especializado en rehabilitación, restauración y conservación del patrimonio arquitectónico. Desde su fundación en 2016, el estudio ha desarrollado una práctica orientada de manera sostenida hacia la intervención sobre edificios existentes: masías, casas de pueblo, fincas modernistas, palacetes históricos y otras construcciones con valor arquitectónico que concentran buena parte de su actividad.

Oliver Segura se formó en la Escola de Arquitectura La Salle de la Universitat Ramon Llull, donde completó el Grado en Arquitectura entre 2010 y 2016, con un año de intercambio internacional en la Facultad de Arquitectura e Urbanismo Escola da Cidade de São Paulo. Antes de graduarse, cursó el Máster de Restauración de Monumentos de Arquitectura en la Universitat Politècnica de Catalunya, un posgrado especializado en el estudio y proyecto de restauración de monumentos, conjuntos y paisajes históricos. Amplió su formación con el Posgrado en Rehabilitación Integral de los Edificios de la Escola Sert del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (2017–2018) y con un curso especializado en construcción con madera en la Universidad Politécnica de Madrid (2020–2021). Esta formación acumulada —arquitectónica, patrimonial y técnica— define un perfil que se prolonga en una especialización continua.

Para Segura, rehabilitar no significa únicamente conservar, sino también interpretar. Cada edificio existente plantea una conversación entre pasado y presente. Qué debe preservarse, qué puede transformarse y cómo incorporar nuevas formas de habitar sin desdibujar la identidad del lugar. En ese equilibrio, tenso y necesario, entre conservación y contemporaneidad se sitúa el núcleo de su trabajo, que aborda cada intervención desde el respeto por los sistemas constructivos originales, la memoria material del edificio y su relación con el paisaje.

Esta manera de proyectar se traduce en soluciones que el propio estudio define como serenas, precisas y honestas. Respuestas espaciales, constructivas y energéticas coherentes con el edificio y con su entorno, capaces de poner en valor lo existente sin renunciar a las necesidades actuales de confort, funcionalidad y sostenibilidad. Una arquitectura que da continuidad a la propia historia del edificio.

Junto al rigor técnico, el proceso de trabajo del estudio se distingue por una dimensión relacional que Segura entiende como parte constitutiva del encargo. El acompañamiento del cliente en todas las fases del proyecto, desde las primeras conversaciones hasta la obra, se sustenta en la proximidad, la confianza y el diálogo continuo. En esta concepción, la arquitectura es un proceso compartido en el que cada decisión surge del rigor técnico, la sensibilidad y la atención al detalle.

Oliver Segura
Carrer de l’Alzina 54
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@oliversegura_arquitectura

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