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Vallribera Noray Arquitectes

Hay estudios de arquitectura que nacen de una vocación técnica y otros que brotan de un profundo deseo de acompañar vidas. Vallribera Noray Arquitectes pertenece con claridad a esta segunda estirpe: la de quienes entienden que una casa no es un objeto, sino un refugio emocional; que un proyecto no es un ejercicio de estilo, sino una oportunidad para que las personas vivan más felices.

Fundado sobre la convicción de que la arquitectura debe ser hermosa, confortable y radicalmente saludable, el estudio trabaja con la serenidad de quienes conocen bien el poder transformador de un espacio. Sus obras, siempre pensadas desde la bioclimática y los estándares Passivhaus, persiguen el equilibrio entre armonía formal, eficiencia energética y bienestar interior. En cada vivienda buscan alcanzar esa rara alquimia donde la belleza se convierte en experiencia cotidiana, donde el confort deja de ser una cualidad abstracta para ser una presencia constante y donde la salud del hogar es, ante todo, un acto de respeto hacia quienes lo habitan y hacia el planeta en el que vivimos.

Para ellos, proyectar es un proceso íntimo, atento y cuidadoso. Escuchan, observan, preguntan. Se sumergen en la vida real de las personas que les confían su casa, huyendo de fórmulas preconcebidas. Analizan el lugar como quien estudia un organismo vivo; lo interpretan desde la orientación, el clima y la memoria del sitio. Trabajan cada decisión con precisión, llevando el control completo del proceso, desde el primer trazo hasta la entrega final, para que la construcción de un hogar transcurra sin sobresaltos, con la calma que permite disfrutar del camino y la certeza de que cada recurso se ha invertido donde realmente importa.

El resultado es una arquitectura honesta, limpia en intenciones y rigurosa en su ejecución. Casas que respiran con naturalidad, que consumen lo mínimo, que cuidan la temperatura, la humedad y el silencio, hechas con materiales que no dañan, que acompañan, que envejecen bien y donde la vida —esa vida real hecha de gestos cotidianos— encuentra su mejor escenario.

Detrás de este estudio hay dos arquitectos entrañables, sensibles, profundamente humanos. Sus trayectorias y sus pasiones personales —la música, el deporte, la montaña— se filtran discretamente en su manera de trabajar. Quizá por eso sus proyectos transmiten esa combinación tan poco común de oficio y emoción, de precisión y ternura, de técnica y vida.

Llorenç Vallribera Farriol, Arquitecto y socio fundador

Hay arquitectos que se aproximan a su oficio como quien interpreta una partitura: con ritmo, rigor, sensibilidad y un permanente dominio del tempo. Llorenç Vallribera Farriol pertenece a esa estirpe. Formado en la ETSAV entre 1995 y 2003, y enriquecido por una estancia Erasmus en la Helsinki University of Technology, adquirió desde muy joven una mirada amplia que combinaba la precisión nórdica con la calidez mediterránea.

Sus primeros años profesionales transcurrieron entre estudios de referencia como Espinet Ubach Arquitectes, ONL Arquitectura y TAC Arquitectes, donde afinó el sentido del detalle y la disciplina del trabajo bien hecho. En 2006 comenzó a desarrollar encargos propios y, en 2012, fundó el estudio que lleva su nombre y que tiempo después cristalizaría en Vallribera Noray Arquitectes.

Pero para comprender su forma de proyectar no basta con repasar su trayectoria. Hay que mirar sus aficiones, ese territorio íntimo donde encuentra su equilibrio: el balonmano, la música y el dibujo. La batería, especialmente, ha marcado su forma de entender el aprendizaje: largas horas de práctica, repetición, constancia. El esfuerzo silencioso que sostiene el momento mágico de un concierto. El entrenamiento que precede a la victoria en un partido. En la arquitectura, como en la música y el deporte, Llorenç sabe que el éxito se construye con una mezcla de audacia y humildad, de precisión y entrega.

Perfeccionista y detallista, se toma cada proyecto como una responsabilidad personal. Le importa que las cosas estén bien hechas, terminadas, resueltas con rigor. Y lo hace con una convicción profunda: que el trabajo del arquitecto solo tiene sentido si contribuye a mejorar la vida de las personas, si ayuda a que la felicidad —esa palabra poco habitual en el lenguaje profesional— encuentre un lugar donde quedarse.

Aleix Gil Noray, Arquitecto y socio

Si Llorenç aporta el ritmo, Aleix aporta la verticalidad serena de quien mira el mundo desde las montañas. Formado en la ETSAV entre 2005 y 2012 y con una experiencia Erasmus en la Universidad Técnica de Budapest, Aleix se incorporó al estudio en 2012. Colaboró con MVA Arquitectura y Estructura mientras asentaba su perfil técnico, y en 2015 tomó una decisión decisiva: apostar plenamente por su papel como jefe de proyectos en Vallribera Arquitectes. Cuatro años después, en 2019, se convirtió en socio.

La arquitectura es su primera pasión, pero la segunda está escrita en sus manos, en su espalda, en la forma en que respira el paisaje: la montaña. Escalada, esquí de travesía, alpinismo. Su vínculo con Montserrat —su geografía sentimental— es profundo, casi biográfico. Sus aventuras, compartidas a modo de pequeñas épicas cotidianas en @elprincepdelesmaduixes, hablan de un espíritu inquieto, perseverante, respetuoso, que encuentra en la naturaleza una escuela de vida.

Ese carácter se refleja en todo lo que hace: Aleix es cercano, amable, tranquilo. Habla cuando es necesario, piensa antes de decidir y observa antes de intervenir. Esa calma, unida a su compromiso técnico y humano, aporta al estudio un equilibrio esencial. Su forma de trabajar está impregnada de la misma ética que rige sus ascensiones: preparación, prudencia, respeto por el entorno y una determinación silenciosa que sostiene cada paso.

En su arquitectura —como en la montaña— la belleza no se fuerza, se encuentra. Surge de un proceso honesto, paciente, atento a cada detalle.

publicado en Exágono