Una casa para Olga: cómo vivir junto al Guadiana en un antiguo puesto de vigilancia del contrabando

1 julio 2026
Este proyecto de Zurita Arquitectura + Kalibra Arquitectura condensa una posición elegida sobre cómo habitar el sur, como experiencia física antes que como imagen, como aceptación sincera del calor, la penumbra y la materia que envejece. foto Juanca Lagares
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Sanlúcar de Guadiana es un lugar al que se llega navegando. El río Guadiana, en este tramo fronterizo entre España y Portugal, dibuja meandros amplios entre colinas cubiertas de monte bajo, encinas y eucaliptos, antes de abrirse hacia el Atlántico. Los veleros que remontan el estuario desde el mar encuentran aquí el primer abrigo fluvial: un pequeño pueblo encaramado a la ladera, con fondeo libre y una comunidad de navegantes que llegan, permanecen largas temporadas y, con frecuencia, se quedan para siempre. Gran parte de la población es extranjera —mayoritariamente británica— y el pueblo lleva décadas acumulando esa condición de lugar al que se llega por azar y en el que uno termina por quedarse. Esta identidad abierta, vinculada al viaje y al agua, hecha de partidas y regresos, de vidas temporales que acaban siendo permanentes, es el trasfondo del proyecto Piedra y Agua.

@Ulrich Stockhaus
@Juanca Lagares
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Una ruina junto al río

Olga llegó a Sanlúcar como llega casi todo el mundo, en barco, de paso, como refugio entre travesías. Primero en estancias aisladas, luego compartiendo una cabaña junto al río, después adquirió una ruina junto a su pareja de entonces —navegante y artista argentino— con la idea de construir un refugio propio entre viaje y viaje. Lo que empezó como un lugar para volver, terminó convirtiéndose en el único lugar al que volver, en el hogar.

La ruina elegida no era una ruina cualquiera. Sobre la colina de la margen izquierda del río, en el Camino del Romerano, se levantaban los restos de un antiguo puesto fronterizo de la Guardia Civil, construido a finales del XIX para controlar el contrabando entre España y Portugal. Los muros de mampostería, con sus aspilleras todavía visibles bajo los vanos, habían sobrevivido al abandono con la solidez propia de quien fue construido para resistir, para mirar el río, para quedarse.

El arquitecto Manuel Silva Zurita conocía ese lugar desde la infancia. Amigo del hijo de Olga, había disfrutado de Sanlúcar y del Guadiana junto a esa familia durante años. Piedra y Agua sería su primer proyecto construido como arquitecto independiente. Con él colaboraron Simone Lorenzon y Valeria Polato, de Kalibra Arquitectura, en lo que sería también el primer proyecto conjunto de ambos estudios.

@Ulrich Stockhaus
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Habitar una ruina

La primera decisión fue la más importante, no restaurar la ruina como objeto histórico sino habitarla. Usar el perímetro de piedra existente como elemento estructural y espacial, la geometría que define los umbrales, la atmósfera, la escala de la vida que va a ocurrir dentro. Esta construcción compacta, que consolida lo que había, añade tan sólo una discreta ampliación.

Desde el exterior, la casa se lee como una continuidad estratificada. La mampostería original encalada abajo, los nuevos revocos blancos arriba, la línea entre ambos expuesta sin disimulo. La cubierta se inclina en sentido contrario a la pendiente del terreno —escondiéndose del camino de acceso, protegiendo la intimidad— y asciende hacia el río para abrir un único hueco que enmarca el paisaje fluvial. Un solo gesto, una sola vista, el Guadiana visto desde dentro de lo que fue un puesto de vigilancia.

Un espacio interior sin puertas

El interior se concibe como una secuencia continua. No hay puertas, la privacidad surge del espesor de los muros, de la alineación de los vanos, de la vista interior de cada espacio. Esta decisión —que en otra casa podría ser un capricho formal— aquí tiene una razón, Olga vive sola en medio del campo y sentirse protegida es esencial para ella. Y al mismo tiempo la casa necesita poder abrirse a la familia, a los amigos, a las reuniones improvisadas cuando el río trae visitas.

El espacio se despliega así como un único entorno flexible: intimidad sin aislamiento, apertura sin exposición. El recorrido a través de la casa prolonga los caminos que atraviesan el campo hacia el agua, como si entrar fuera seguir andando, encontrar el lugar donde detenerse.

El dormitorio se encuentra en el altillo, una plataforma de madera de pino suspendida sobre el volumen principal, flanqueada por una gran biblioteca. Una gran ventana de madera se abre frente al río, junto a ella, dos sillones para disfrutar del agua en la proximidad y los libros, siempre a mano, para viajar más allá del océano.

@Juanca Lagares
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Economía y materia

Con presupuesto ajustado y un lugar de difícil acceso, el proyecto se construye desde una economía de medios en la que la reutilización es el método de trabajo. El hornillo, una vieja alacena encontrada, los electrodomésticos, la chimenea, los sobrantes de otras obras. Con las mismas vigas de cubierta se construye la escalera y partes de la cocina; con el mismo material del suelo continuo de cemento se resuelven las encimeras, las duchas, los lavabos. El porche —una estructura mínima de acero galvanizado cubierta con cañizo— cambia su superficie de sombreado según la estación y lo que haya disponible.

Más allá de la estética, la continuidad de los materiales es la lógica de una casa que se construye con lo que hay, que acepta lo encontrado y lo integra sin forzarlo. Una vieja alacena descansa contra un muro de piedra que tiene ciento cincuenta años. Una lámpara de esparto cuelga del techo de pino. Las pinturas del artista argentino habitan las paredes de cal. Nada está fuera de lugar porque el lugar mismo acoge la memoria de tiempos distintos.

Las estrategias climáticas de la casa responden a la misma lógica: inercia térmica, ventilación cruzada, orientación. Los muros de piedra acumulan frío durante la noche y lo liberan durante el día. La doble altura estratifica el aire caliente hacia arriba. La cubierta se orienta para evitar la radiación de la tarde. No hay aire acondicionado. La energía llega de un sistema fotovoltaico instalado en una estructura cercana que sirve también de aparcamiento sombreado.

Vivir en el sur, de otra manera

Este proyecto condensa una posición elegida sobre cómo habitar el sur, como experiencia física antes que como imagen, como aceptación sincera del calor, la penumbra y la materia que envejece. Frente a las casas que optan por espacios sobreclimatizados desvinculados del lugar, esta casa propone algo más sencillo y más difícil a la vez, una forma de vida menos espectacular y más presente.

El río sigue pasando. Los veleros siguen fondeando. Olga vive en la colina, en la casa que ella eligió, la que fue un puesto de vigilancia y es ahora su refugio. La piedra es la misma de siempre. El agua también.

@Juanca Lagares

Proyecto: Piedra y Agua.
Ubicación: Camino del Romerano, Sanlúcar de Guadiana, Huelva. Superficie: construida 91,50 m² /útil: 76 m².
Terminado: 2025.
Autores: Manuel Silva Zurita. Zurita Studio; Simone Lorenzon, Valeria Polato. Kalibra Arquitectura.
Estudios: Zurita Studio + Kalibra Arquitectura
Constructor: Pedro Madrid.
Fotografía: Juanca Lagares. Ulrich Stockhaus.
Premios: VI Premios COAS Arquitectura & Sociedad 2025.
Premio Arquitectura y Preexistencia, categoría Uso Residencial.
Fuente: Linka News.

Manuel Silva Zurita, arquitecto fundador de Zurita Arquitectura. Foto Jaime Tuñon.

Manuel Silva Zurita

Manuel Silva Zurita se graduó con matrícula de honor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla. Antes de abrir su propio estudio, pasó tres años trabajando en Suiza —en Zúrich y Lucerna, en los estudios Masswerk Architekten y Marques Architekten— en un entorno donde la precisión constructiva, el rigor en el detalle y la claridad en las decisiones son condiciones de trabajo. Esa etapa configura aún hoy su manera de hacer arquitectura: proyectos coherentes con el lugar, construidos desde ideas precisas.

En 2021 regresó a Sevilla y fundó Zurita Studio. Desde allí trabaja principalmente en vivienda singular, con especial atención a los espacios saludables y la eficiencia climática. El vínculo con Suiza sigue activo a través de la colaboración con el arquitecto Ulrich Stockhaus en proyectos en ambos países, un intercambio que entrelaza culturas constructivas y condiciones climáticas distintas.

La relación con el cliente ocupa un lugar central en su práctica. Cada encargo representa un mundo propio —una manera de vivir, unas prioridades, un lugar— que requiere una lectura precisa antes de cualquier respuesta. Ese método sostenido le valió el Premio COAS de Rehabilitación Residencial por Piedra y Agua, proyecto también reconocido en la Categoría Internacional de los Premios COAS junto a Kalibra Arquitectura.

Forma parte asimismo de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla como Vocal de Jóvenes Arquitectos, participando en el debate profesional y en la construcción de criterios para la arquitectura en el contexto andaluz.

Kalibra Arquitectura

Kalibra Arquitectura nació en 2021 fundado por Simone Lorenzon y Valeria Polato, arquitectos con trayectorias formadas en gran parte en Nieto Sobejano Arquitectos, estudio de referencia en Madrid donde coincidieron durante años en proyectos culturales y públicos de escala europea. El estudio opera desde Madrid y Padova, y desarrolla proyectos principalmente en España e Italia.

Lorenzon, formado en el Politecnico di Milano y con un máster en la Universitat Politècnica de Catalunya, ejerció como arquitecto principal en proyectos de alta complejidad técnica: entre ellos, la competición para la Cité du Théâtre de París y un centro deportivo y cultural en Reignier-Esery, Francia. Polato, graduada en la Università Iuav di Venezia con especialización en arquitectura digital, lleva más de una década vinculada al trabajo de Nieto Sobejano, donde ha colaborado en concursos y proyectos internacionales de diversa escala.

El nombre del estudio condensa su posición: kalibra nombra el equilibrio que buscan en cada proyecto entre calidad de diseño, responsabilidad ambiental y las condiciones específicas de cada cliente y lugar. Ese equilibrio se formula como resultado de un proceso de diálogo —con el paisaje, los materiales, el entorno cultural— que comienza desde el primer contacto con el encargo y se sostiene hasta el detalle final.

A pesar de su corta trayectoria, Kalibra ha obtenido ya dos premios del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla: por Martina y Madrid y por Piedra y Agua. El estudio integra herramientas digitales avanzadas en todas las fases del proceso, como parte de un método orientado a la precisión y el rigor proyectual.

Zurita Arquitectura
Goles 11
41002. Sevilla
+34 670 56 08 97
mail@zurita.studio
zurita.studio
@zurita_arq

Kalibra Arquitectura
Madrid: +34 640 056427
Padova: +39 340 106 3624
kalibra.info@gmail.com
kalibraarquitectura.com

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