Leire Baños convierte en vivienda la cuadra pajar del caserío Txurtitxaga, sin renunciar a su condición original

31 agosto 2026
La antigua estructura productiva de este caserío del siglo XVII en el valle de Atxondo (Bizkaia), se ha convertido en una vivienda contemporánea con capacidad para una familia extensa.
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En el valle de Arrazola, cuando la niebla se levanta un poco, el monte Anboto, un lugar mítico en el País vasco, aparece y desaparece como si el paisaje respirara. Es un gesto que allí se repite desde hace siglos, testigo mudo de una forma de habitar el territorio que en este país tomó cuerpo en el baserri, una construcción sobria, casi siempre de piedra y madera, que durante generaciones no distinguió entre casa y lugar de trabajo. Bajo un mismo techo convivían la familia, el ganado y la cosecha, y el propio edificio llevaba el nombre —y el honor— del linaje que lo habitaba, hasta el punto de que buena parte de los apellidos vascos conservan aún la raíz “etxe”, casa. Nacidos entre los siglos XII y XIII como respuesta a la necesidad de arraigo de las familias campesinas, estos caseríos vivieron su gran expansión en piedra en el siglo XV, más tarde, la industrialización del XIX vació buena parte del territorio rural y dejó muchos de ellos varados en el tiempo, a la espera de un nuevo uso.

Ese es el punto de partida del proyecto que LBZ Arquitectura, el estudio que dirige Leire Baños en Donostia-San Sebastián, ha desarrollado en el caserío Txurtitxaga, en Arrazola, un pequeño núcleo rural perteneciente al municipio de Atxondo. Este caserío es una construcción del siglo XVII, que había conservado en buen estado gran parte de su fábrica original, los muros de mampostería y el entramado de vigas y pilares de madera que sostiene sus dos plantas. Como en tantos baserriak, su lógica era estrictamente productiva —la planta baja acogía la cuadra del ganado y la superior se destinaba a secar y almacenar la paja—, mientras la vivienda, en este caso, ocupaba un volumen anexo más modesto, al margen de la estructura principal.

En la fachada sur, originalmente un muro ciego, la intervención abre una serie de huecos cuidadosamente dimensionados y situados, diseñados como marcos hacia el entorno.

De cuadra pajar a vivienda, sin perder su condición

El encargo planteaba un objetivo poco convencional, cómo convertir esa antigua estructura productiva en una vivienda contemporánea capaz de alojar, a una pareja o a la familia extendida al completo. La intervención resuelve ese objetivo dotando al edificio de hasta once habitaciones y de una notable flexibilidad de uso, con instalaciones dimensionadas para ajustar el consumo energético al número real de personas que lo habitan en cada momento.

El reto, sin embargo, era introducir el confort y la habitabilidad que exige actualmente una vivienda, sin borrar la identidad y el carácter del edificio. Leire Baños ha optado por despejar los espacios en vez de añadir capas. Se retiran las intervenciones de hormigón armado incorporadas en reformas anteriores, de escaso valor, revalorizando lo que realmente sostenía el edificio desde el siglo XVII —la estructura de vigas y pilares de madera, la lata original de cubierta y los muros de carga de mampostería—, que quedan vistos y se convierten en el argumento espacial de la casa. El resultado, visible en cada estancia, es un interior en el que la escala doméstica actual —cocina compacta, baños con bañeras exentas, dormitorios serenos— convive con la rotundidad de la madera envejecida y la piedra original, sin que predomine ninguna de las dos partes.

La mejora del comportamiento térmico se ha resuelto igualmente desde el respeto al sistema constructivo original, aplicando en el interior de los muros de mampostería, una mezcla de cal y cáñamo de 6 cm de espesor, un material natural, transpirable y de baja huella ambiental que regula la humedad de los cerramientos sin alterar su capacidad de intercambio de vapor, terminado con un acabado de mortero de cal que mantiene esa misma permeabilidad. Es una solución que no se ve, pero que explica por qué el caserío puede mostrarse hoy con su piedra vista y, al mismo tiempo, ofrecer un nivel de confort que nada tiene que envidiar a una construcción nueva.

La mejora del comportamiento térmico se ha resuelto aplicando en el interior de los muros de mampostería, una mezcla de cal y cáñamo de 6 cm de espesor.

El monte Anboto, parte de la casa

La relación con el paisaje es uno de los aspectos más cuidados del proyecto. La fachada sur del caserío era, originalmente, un muro completamente ciego. La intervención abre en él una serie de huecos cuidadosamente dimensionados y situados, diseñados como marcos hacia el entorno. Una de estas aberturas, encuadra directamente el monte Anboto desde el sofá principal del salón de planta baja, de forma que contemplar la montaña —cuando la niebla del valle lo permite— pasa a formar parte de la vida cotidiana. El porche de acceso, restaurado, y las nuevas terrazas que prolongan los espacios interiores hacia el exterior completan esta apertura hacia el paisaje.

La contención es, quizás, la clave de todo el proyecto. La arquitectura “no busca imponerse sobre el entorno, sino establecer una relación más intensa con él a través de operaciones puntuales y contenidas” explica la arquitecta Leire Baños. Es una idea que podría aplicarse también al conjunto de la intervención: no hay gesto que compita con la piedra centenaria ni con la madera que ha sostenido el edificio durante más de trescientos años. El mobiliario contemporáneo, los baños en tono neutro, la luz que entra ahora por huecos donde antes solo había muro, son un segundo tiempo dentro del mismo relato, sin necesidad de subrayarse.

Un caserío que sigue vivo

La rehabilitación del caserío Txurtitxaga se plantea, como un ejercicio de equilibrio entre memoria y transformación, una arquitectura existente que se entiende más que como una pieza a conservar de manera estática, como una estructura capaz de seguir siendo habitada. La antigua cuadra y pajar se convierten en vivienda sin renunciar a su condición original; se revalorizan sus elementos esenciales, se introducen nuevas condiciones de confort y se abren relaciones inéditas con el paisaje que le rodea. El resultado es, como plantea la arquitecta Leire Baños, que Txurtitxaga pueda seguir siendo un caserío vivo, una arquitectura capaz de asumir nuevos usos y nuevas formas de habitar sin perder la memoria constructiva y espacial que le da sentido.

Antes de la rehabilitación

Fotos del estado del caserío antes de la rehabilitación.

Proyecto: Caserío Txurtitxaga.
Ubicación: Arrazola, Atxondo (Bizkaia)
Superficie construida: 800 m².
Terminado: 2025.
Arquitectura: LBZ Arquitectura.
Arquitecta: Leire Baños.
Arquitecto técnico: Javier Santander.
Construcción: Mendieta Obras y Restauración.
Fotografía: Biderbostphoto.

Leire Baños Zabala, arquitecta fundadora de LBZ Arquitectura. foto Raquel Arianys.

Leire Baños Zabala

Leire Baños Zabala dirige LBZ Arquitectura, un estudio con sede en Donostia-San Sebastián que desarrolla proyectos de obra nueva, rehabilitación, interiorismo y el diseño de mobiliario. Graduada en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del País Vasco (ETSASS) en 2016, entiende el proyecto como un proceso de trabajo compartido con el cliente, construido desde la escucha. “No siempre hace falta inventar un lenguaje nuevo, cuando basta con entender el que ya habla el lugar” explica. Esa manera de proceder —atenta al contexto, rigurosa en lo técnico y sensible en lo material— convierte cada encargo del estudio en una respuesta específica antes que en una fórmula repetida, con la sostenibilidad y la eficiencia energética incorporadas desde las primeras decisiones del proyecto, no añadidas al final como un acabado más.

LBZ Arquitectura
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leire@lbzarquitectura.com
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