Entre muros centenarios de piedra, esta casa de Vulpellac en el Baix Empordà, restaurada por Clara Lleal, recupera la calma que atesoró desde el siglo XIV

2 septiembre 2026
Más que una reforma, el proyecto es una reconciliación con la historia del lugar, silencia el ruido acumulado durante décadas para que una arquitectura centenaria vuelva a respirar como se merece.
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Vulpellac es uno de esos pueblos del Baix Empordà donde el tiempo parece haberse detenido. Su núcleo medieval conserva un conjunto de casas de piedra dorada —la misma piedra que el Baix Empordà ha pulido durante ochocientos años—, con portales góticos, arcos de medio punto y calles empedradas que sus vecinos han recuperado con el mismo cuidado con el que se restaura una pieza de museo. Forma parte, junto con Fonteta y Peratallada, del municipio de Forallac, aunque conserva su propio trazado y un patrimonio en el que destaca el castillo de Vulpellac, de arquitectura civil gótico-renacentista documentada desde el siglo XIII, levantada en lo esencial durante el XIV y reformada en los siglos XVI y XVIII, con su torre maestra y su patio trapezoidal en torno a un pozo de piedra, y, junto a él, la iglesia parroquial de Sant Julià i Santa Basilissa, ambos declarados bien cultural de interés nacional.

Dos casas centenarias reunidas

Entre esas casas de Vulpellac hay una que reúne, bajo un mismo techo, dos tiempos distintos: una construcción del siglo XIV y una ampliación del XVII, fundidas en una sola vivienda de dos plantas catalogada como patrimonio nacional. Cuando la interiorista Clara Lleal recibió el encargo de su restauración, la casa había perdido buena parte de su carácter bajo capas de intervenciones sin relación entre sí, combinaciones cromáticas estridentes, materiales dispares, una coherencia diluida por los años. El propósito del proyecto, queda resumido en el nombre que le dio el estudio: Recuperar la calma.

La casa pertenece a un conjunto de casas de piedra dorada del núcleo medieval de Vulpellac.
Desde la entrada, un distribuidor organiza las circulaciones hacia los distintos espacios.
Pavimento continuo de microcemento en tono piedra, en toda la casa.
Nueva escalera diseñada como una secuencia de planos monocromáticos.

Piedra, cal y memoria

La intervención empezó por lo invisible. Los muros de la planta baja arrastraban humedades por capilaridad agravadas por revestimientos de hormigón que impedían su transpiración natural; retirarlos y sustituirlos por estucos de cal devolvió a la construcción una de sus funciones más antiguas, la de respirar. En ese mismo proceso apareció una ventana tapiada desde la época en que parte de la casa funcionó como colmado del pueblo, su recuperación no solo restituye la lectura original de la fachada, también deja que la luz vuelva a entrar en profundidad en unos espacios que llevaban décadas sin ella.

Sobre esa base, la interiorista unificó la vivienda con un pavimento continuo de microcemento en tono piedra, extendido por ambas plantas, escaleras y baños, como un gesto que borra las costuras entre lo antiguo y lo añadido. La nueva escalera se diseñó como una secuencia de planos monocromáticos que se integra en el conjunto; una única lámpara de Il Fanale, colocada a ras de suelo, basta para dotarla de una presencia escultórica.

Una casa para habitar despacio

La planta baja reúne los espacios de día en torno a un patio con porche, mientras que la superior aloja un despacho abierto y tres dormitorios. Desde la entrada, un amplio distribuidor organiza las circulaciones hacia los distintos espacios.

En el salón, la escasa altura del techo abovedado llevó a descartar cualquier iluminación técnica en favor de una luz indirecta e íntima; una silla antigua, restaurada respetando el tono original de su madera, dialoga con una lámpara de Vibia en un contraste entre lo antiguo y lo contemporáneo que se repite en toda la casa. La cocina ganó superficie al eliminar un tabique que ocultaba dos paños de piedra vista, y se organiza en torno a una antigua cocina económica de hierro fundido; la mesa, las sillas y las lámparas son piezas conseguidas en Francia. Fuera, el patio recuperó el tono original del ladrillo visto de su bóveda tras retirar años de enredaderas que sobrecargaban los muros.

El patio recuperó el tono original del ladrillo visto de su bóveda tras retirar años de enredaderas que sobrecargaban los muros.
Salón con techo abovedado de escasa altura, que obligó a diseñar la iluminación con luz indirecta en vez de iluminación técnica.
La cocina se organiza en torno a una antigua cocina económica de hierro fundido.
La mesa, las sillas y las lámparas son piezas conseguidas en Francia.

Espacios tranquilos y atemporales en la planta superior

Arriba, el despacho reúne una mesa y una silla de anticuario con una obra de Carla Tarruella que se integra en la atmósfera general del espacio. Los tres dormitorios continúan el mismo discurso de neutralidad y sobriedad. En la suite principal, un gran dibujo a lápiz de Marcos Isamat aporta profundidad a través de la sutileza de sus líneas; el segundo dormitorio se amuebla con piezas vintage de Casa Azul Bisbal y lámparas de DCW Éditions; el tercero conserva una ventana medieval, para la que se diseñó una carpintería de madera ligera que deja a la arquitectura histórica todo el protagonismo. Los baños siguen la misma depuración formal, con muebles de obra en blanco, lavabos de mármol sobre encimera y espejos de inspiración clásica.

El despacho reúne una mesa y una silla de anticuario con una obra de Carla Tarruella
Suite principal, con un dibujo a lápiz de Marcos Isamat.

La actuación decisiva de August, el propietario

La implicación de August, propietario de la casa y coautor en la práctica de un proyecto que también es suyo, ha sido decisiva. Suya fue la búsqueda pausada por anticuarios y tiendas vintage de Cataluña y Francia —entre ellas Casa Azul Bisbal y Espacio Noguera— para conseguir cada mueble, y suyo el criterio con que, tras recorrer galerías, eligió las obras de arte para los distintos espacios. El resultado es una casa esencial, de paleta reducida a blancos, blancos rotos y madera natural, en la que cada objeto tiene una razón de estar y en la que la ausencia de artificio se convierte en el verdadero lujo.

Más que una reforma, el proyecto es una reconciliación con la historia del lugar, que silencia el ruido acumulado durante décadas para que una arquitectura centenaria vuelva a respirar como se merece. Entre muros centenarios de piedra, cal y luz natural, esta casa de Vulpellac recupera la calma que atesoró durante tantos años, la misma que se respira en las calles de todo el pueblo.

Proyecto: Recuperar la calma.
Ubicación: Vulpellac, Baix Empordà.
Autoría: Clara Lleal Interiorista y August Mabilon.
Fotografía: Maria Pujol.
Mobiliario: Casa Azul Bisbal y Espacio Noguera, tiendas vintage.
Alfombras: Zara Home.
Iluminación: Nemo, Vibia, Il Fanale, Lyte, DCW Éditions, Louis Poulsen, Santa & Cole, Karman.
Arte: Carla Tarruella, Marcos Isamat.
Mecanismos: Fontini, Font Barcelona.
Fuente: Clara Lleal.

Clara Lleal, interiorista. foto María Pujol.

Clara Lleal

Clara Lleal se formó como interiorista en la Escola Massana de Barcelona, y desde entonces trabaja con la convicción de que los espacios interiores condicionan el modo en que vivimos, por eso merecen el mismo cuidado que cualquier otra decisión importante de la vida. 

Su carrera arranca a finales de los noventa diseñando escaparates para las grandes librerías del grupo RBA/Edipresse, y toma forma definitiva en el año 2000, cuando cofunda en Barcelona el estudio Cm2 Disseny, donde durante dos décadas desarrolla proyectos residenciales y de contract. Entre 2003 y 2015 asume también la distribución en España de la firma italiana de mobiliario FIAPP International. Ese recorrido, hecho de proyectos muy distintos, termina por decantar un criterio propio, un interiorismo natural y cálido, de líneas simples y materiales duraderos, en el que la influencia nórdica convive con las raíces mediterráneas de Cataluña, donde vive y trabaja.

En 2019 ese criterio encuentra casa propia. Lleal funda en Badalona su estudio, Clara Lleal Interiorista, del que es directora creativa, y desde el que realiza proyectos de arquitectura interior residencial y comercial. “Vivir mejor a través del diseño” resume, en sus propias palabras, lo que persigue en cada proyecto. Nos pasamos la mayor parte de la vida en espacios interiores, así que estos deberían inspirarnos y hacernos sentir bien.

Pintora y ceramista en su tiempo libre, Lleal traslada esa sensibilidad artesanal a sus proyectos, donde no faltan piezas únicas hechas a mano. Esa misma mirada, atenta al oficio y a lo hecho con las manos, ha llevado su trabajo más allá del estudio, sus proyectos se han publicado en blogs, revistas y libros de tendencias en más de cuarenta países, y ha formado parte de jurados internacionales de interiorismo.

El reconocimiento más visible de esta etapa llegó con Casa Galería de Arte, distinguida en 2023 con el Best of the Best del Architecture MasterPrize (Los Ángeles) y con una Special Mention del German Design Award (Fráncfort), tras haber obtenido ya en 2022 el Overall Winner de los SBID International Design Awards (Londres), ser finalista en los IDA International Design Awards y ser elegida proyecto del año por el portal italiano Archilovers.

Clara Lleal Interiorista
Carrer de Mar, 55
08911 Badalona (Barcelona)
+34 635 600 705
hola@claralleal.com
claralleal.com
@clara.lleal

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