A Tróia solo se llega en ferry, cruzando el estuario del Sado desde Setúbal, y ese recorrido lento y dependiente de las mareas, predispone al viajero a olvidar el ajetreo de la ciudad para adentrarse en el silencio de las dunas. La península de Tróia es una lengua de arena estrecha y alargada que separa el estuario del Atlántico, con kilómetros de playas de aguas cristalinas donde perderse en solitario y contemplar los delfines que habitan el estuario, en un asentamiento único en Europa. Las dunas protegidas se suceden a lo largo del litoral, y al otro lado del agua, recortada contra el cielo, la sierra de Arrábida permanece siempre en el horizonte.
En uno de los espacios residenciales de esta península, el estudio portugués Fragmentos diseña esta vivienda vacacional, Tróia 37, siguiendo su estilo, desarrollado durante años, que vincula estrechamente la arquitectura al lugar.








Estrategia para ganar el horizonte
Sobre una parcela de unos 2.500 m², el estudio portugués optó por una solución que los arquitectos definen como “calmada y terrosa”, alejada tanto del blanco inmaculado como de los colores que destacan en las dunas vecinas. La casa se instala en la topografía mediante una secuencia de volúmenes retranqueados y superpuestos, que el estudio describe como “una rotación de la casa sobre el lugar para aprovechar al máximo la vista y el sol”. Esa rotación ordena también la relación con los vecinos. Una serie de pantallas visuales desvían la mirada de las casas colindantes para concentrar la atención en el océano Atlántico y en la sierra de Arrábida visible en el horizonte.
La paleta de materiales refuerza ese sentido de pertenencia al lugar con tonos terrosos, madera y elementos metálicos que imitan el entorno, siguiendo una lógica de “pocos elementos, pocos colores y pocos materiales” que fortalece su identidad, según explican los arquitectos de Fragmentos. El revestimiento rosado y arenoso de los muros, los porches de madera y el volumen que remata la cubierta, forrado en listones de pino tratado a modo de faro discreto sobre el conjunto, son variaciones de un mismo repertorio contenido.




Dos maneras de habitar la casa
La casa se organiza en dos plantas, que separan las áreas social y privada. Arriba, las suites principales aprovechan la cota más alta para alcanzar las vistas y se conectan mediante un puente que atraviesa el vacío sobre el salón, sacando partido de un espacio de doble altura que introduce en el interior, según describe el estudio, “toda la dinámica de la luz filtrada”. Una chimenea que recorre ambas plantas actúa como eje de esta “respiración vertical”, manteniendo conectada la vida familiar de la planta baja con los dormitorios.
Esa doble altura, más que un gesto formal, es la bisagra que une las dos maneras de habitar la casa, la vida compartida del área social y el recogimiento de las suites, unidas por la misma luz que cae desde arriba y por el calor de una misma chimenea.





Refugio en la arena
En la planta baja, el programa se completa con tres dormitorios más, que se abren a patios privados o semiprivados, reforzando la condición de refugio de la casa. La transición hacia el exterior ocurre a través de porches y pérgolas que prolongan los límites de los espacios interiores, mientras la piscina y las zonas de estar se integran de forma natural con la duna.
El jardín, pensado para requerir un mantenimiento mínimo, recurre a vegetación autóctona y a tonos de verde seco y arena, y los caminos, resueltos con traviesas de madera tendidas directamente sobre la arena, subrayan la idea de un refugio privilegiado dentro de un ecosistema sensible. Los pocos árboles presentes en las parcelas de arena, algún olivo aislado y matorral bajo, más que decorar delimitan, marcando la separación entre lo público y lo privado sin necesidad de un muro.
Esta casa, que se deja atravesar por la luz, el viento y la arena que la rodean, es una pieza más en el recorrido que Fragmentos viene construyendo en el litoral portugués, de Comporta a Melides, de Cascais a Tróia, siempre desde la misma convicción, que el paisaje, y no el arquitecto, tiene la última palabra.
Proyecto: Tróia 37.
Ubicación: Tróia, Carvalhal. Portugal.
Superficie: 342,30 m².
Terminado: 2025.
Arquitectura: Fragmentos.
Especialidades: Fragmentos Engenharia, 360 Engenharia.
Paisajismo: Greengest, arq. Ana Videira.
Supervision: FFC Gestão de projetos imobiliários.
Construcción: ECM Engenharia e Construção.
Mediciones: Hugo Pombo.
Fotografía: Adalberto Duarte.

Fragmentos
Fragmentos nace en Lisboa en 1994 como el proyecto compartido de cuatro arquitectos —Duarte Pinto-Coelho, Marcus Cerdeira, Miguel Martins Santos y Pedro Silva Lopes—, decididos a entender la arquitectura como una forma de leer la relación entre el espacio construido y la vida que lo habita. Actualmente se ha convertido en un estudio de más de sesenta colaboradores —arquitectos, ingenieros, diseñadores de interiores y especialistas en comunicación— dirigido hoy por ocho socios, que suman a los fundadores a Fernando Flora, Maria do Rosário Jacinto, João Paulo Branco y David Ferreira.
El trabajo de Fragmentos recorre la vivienda unifamiliar, la residencial multifamiliar y el planeamiento urbano, siempre desde equipos transversales que cruzan arquitectura, ingeniería y diseño de interiores. Esa manera de trabajar —colaborativa, atenta a la solidez de las relaciones tanto con clientes privados como con instituciones públicas— sostiene una idea de sostenibilidad entendida como equilibrio entre las personas que habitarán cada proyecto y el ritmo de un progreso técnico que el estudio asume sin dejarse arrastrar por él.
La vocación del estudio se reconoce con particular nitidez en su arquitectura residencial del litoral portugués —Comporta, Melides, Tróia, Cascais—, donde el proyecto se somete al paisaje antes que a la voluntad del arquitecto: topografía, vegetación y luz condicionan volúmenes, materiales y recorridos hasta disolver el límite entre la casa y su entorno. Es, en palabras del propio estudio, una arquitectura pensada para “proporcionar un sentimiento de pertenencia y bienestar” a quienes la habitan.
El trabajo de Fragmentos ha sido reconocido en medios como Archdaily, Design Boom, Divisare o Architizer. En 2020 recibió el Premio Nacional de Rehabilitación Urbana por la recuperación del Palacio de la Anunciada.
Fragmentos
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