Suspendido en la falda de la Serra de Tramuntana, Galilea es un rincón mallorquín que parece flotar en un tiempo suspendido, a medio camino entre la solidez de la roca y la inmensidad del cielo. Allí, el ajetreo se disuelve en el eco de las pisadas sobre calles empinadas que huelen a leña, a romero y a tierra húmeda. Las fachadas de sus casas, se apiñan como si buscaran protección bajo la mirada imponente del Puig de Galatzó. Al caminar por sus calles uno puede disfrutar esa quietud absoluta que solo se rompe con el canto lejano de las aves o el susurro del viento entre los pinos y olivos centenarios.
Galilea es el refugio mallorquín elegido por el artista Paco Romero para trabajar la arcilla como se hacía antes del torno y del molde, con las manos, con piedras y maderas recogidas en el lugar, dejando que el material decida buena parte de la obra, que no busca imitar formas antiguas ni reproducir un estilo decorativo, con una manera de trabajar en la que la materia lleva la voz cantante.
La evolución de su proceso creativo
Romero nació en Alicante y se formó en la escuela superior de arte y diseño, centrado inicialmente en la pintura y la escultura sobre lienzo. El giro decisivo llegó en Barcelona, donde pasó una temporada en el estudio de maestro ceramista catalán, Ramon Fort, del que aprendió el oficio que sigue apasionándole. “Entonces comprendí el lenguaje del barro y las infinitas posibilidades que aportaba tanto en la cerámica como en la pintura.”
En 2016 se trasladó a Mallorca y creó su propio estudio. Empezó fabricando piezas funcionales que vendía en tiendas y mercados de la isla. Con los años, ese trabajo derivó hacia objetos escultóricos y decorativos pensados para espacios interiores, muchos de ellos surgidos de encargos, convertidos, más tarde, en obra permanente. En esta época cambió también su técnica, dejó el torno para centrarse en el modelado a mano, un proceso “más orgánico y conmovedor”.
El torno impone su propia geometría, al modelar a mano esa simetría desaparece, y con ella la prisa. La pieza crece por acumulación en un proceso que puede extenderse durante días. Las herramientas que utiliza, piedras, cantos rodados o maderas recogidas en el entorno de Galilea, son las que dan forma a cada pieza. Cada una deja una huella distinta, el entorno acaba, literalmente, dentro de la pieza.







El tiempo como materia
Toda las piezas las cuece en gres a 1280 grados, lo que produce piezas muy resistentes y vitrificadas pese a su aspecto crudo y erosionado. Los esmaltes, de formulación propia, con el tiempo pueden desarrollar un craquelado que Romero entiende como parte del envejecimiento natural de la pieza. La erosión de las piezas, sin pulir, forma parte de la historia que cuenta cada pieza.
Romero controla lo justo para saber qué está haciendo, sin “apagar” la pieza antes de tiempo. “Cuando controlas todo el proceso, sin dejar lugar a la intuición ni a la improvisación, no hay lugar para la emoción”, explica. “En mis obras siempre intento dejar una parte del proceso al azar; esta parte del proceso es la que le da el alma a la pieza.”
Esa relación con el tiempo atraviesa toda su producción. “Mis referencias son los efectos que genera el paso del tiempo”, su trabajo se basa en “la memoria que acumulan los objetos, lugares y personas” que le sirven de inspiración. Incluso el oficio entra en esa lógica acumulativa: “Con los años también aprendes que las manos tienen memoria, son una herramienta que acumula años de aprendizaje, de errores y aciertos.”
De esa idea nacen sus distintas series, cada una construida sobre el mismo barro modelado a mano, pero formulando una pregunta distinta al material.
Serie Estratos
Estratos remite a la tierra, a las culturas primitivas y a la huella del tiempo sobre los objetos. La pieza se construye mediante capas superpuestas de barros distintos que dejan aparecer vetas y sedimentos hasta convertir la superficie en una suerte de corte geológico.




Serie Pieles
Pieles busca el barro en su estado más puro, sin capas que lo interpreten “un estudio sobre las posibilidades del barro en su estado más puro, sin capas superficiales.”




Serie Invierno
Invierno es una oda a la porcelana líquida desde la estética wabi-sabi, “buscando la belleza de la asimetría y la imperfección en la simplicidad de las antiguas cerámicas primitivas”.




Serie Tótem
Tótem, la serie que más dialoga con la arquitectura, propone formas anulares que se repiten hasta encontrar la que pide el lugar: “la forma y el tamaño de la pieza no está definida desde el inicio y cambia a medida que se construye según lo que me transmite. Es también la más flexible en escala, la misma forma funciona como pieza de suelo o como objeto de repisa según el hueco que tenga que ocupar”.




Pintar con barro
Su investigación se prolonga en la pintura. A veces, Romero mira hacia la arquitectura primitiva y la distribución urbanística de antiguos asentamientos mediterráneos, y construye superficies donde barro, tierras locales y acrílico dialogan en distintas capas. En otras obras la referencia se vuelve más esencial: símbolos, formas y trazos primitivos surgen de sedimentos que se acumulan sobre el lienzo hasta generar composiciones de sobriedad mineral. En ambos casos recupera también procesos antiguos como la terra sigillata, una técnica romana de decantación del barro que adapta a la escultura y a la pintura contemporánea. “Es un privilegio y a la vez una responsabilidad poder recuperar y mantener técnicas que se llevan utilizando siglos, darle valor a su historia y hacerlo de una forma respetuosa con las personas que, hace siglos, desarrollaron esas técnicas con los escasos recursos que disponían”, explica. “De alguna forma es mi reconocimiento hacia esas personas, una vuelta a los orígenes, a los primeros habitantes.”






El trabajo de Romero ha ido encontrando su espacio en proyectos de arquitectura e interiorismo, colaboraciones con estudios como Durietz Design, Melt Spaces o Contain Studio, piezas totémicas expuestas en el Hotel Nobis de Palma, obra permanente en Terraza Balear o en Tea Ritual, el Premio Lab Oliver en 2023, y en su incorporación a Kave Home Gallery, que ha sumado su cerámica escultórica a su selección de artistas. Todo ello sin alterar la escala ni el ritmo de un taller que sigue siendo pequeño y con producción reducida, por principio.
Lo que Romero busca, en última instancia, es que sus piezas parezcan haber estado siempre ahí. “Con mi obra busco crear un sentimiento de atemporalidad, un punto de paz, de equilibrio”, dice. “Me gustaría que la persona que observe o conviva con la obra sienta que esa pieza siempre estuvo ahí, que ha sido testigo del tiempo y tiene una historia que contar.”
Todas las fotografías @ Paco Romero.
Paco Romero
Galilea (Mallorca)
info@ceramicaprimitiva.com
ceramicaprimitiva.com
@p.ceramica.primitiva
Project by Paco Romero
