Dunas de Formentera: un conjunto arquitectónico que trasciende el concepto de hotel, diseñado por Antonio Obrador, para habitar este paraíso mediterráneo

4 septiembre 2026
Con una arquitectura donde la sencillez, la luz y la naturaleza construyen una nueva forma de habitar el Mediterráneo desde el respeto, la calma y la autenticidad
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A Formentera solo se llega por mar. La isla más pequeña y meridional del archipiélago balear  carece de aeropuerto, y esa ausencia, lejos de ser una carencia, ha operado durante décadas como el filtro más eficaz contra la masificación que ha transformado otros rincones del Mediterráneo. A Formentera se llega despacio, en barco, y esa manera de llegar predispone ya a otro ritmo.

El paisaje que recibe al viajero es llano, salpicado de pinares y sabinas centenarias, y recorrido por kilómetros de muros de piedra seca que durante generaciones delimitaron parcelas y protegieron los cultivos del viento salino, un oficio que los artesanos de la isla siguen practicando y que hoy se reclama incluso en la construcción contemporánea como seña de identidad. Junto a ese trazado de piedra, las fincas encaladas, de muros gruesos pensados para aislar del frío húmedo del invierno y del calor del verano, definen una arquitectura vernácula tan funcional como austera, ajena a cualquier ostentación.

El último paraíso mediterráneo

Pero es el litoral el que ha dado a Formentera su reputación de último paraíso mediterráneo. Arenas finísimas y aguas que van del turquesa al verde esmeralda, una transparencia que se debe en gran medida a las extensas praderas de posidonia oceánica que tapizan sus fondos, una planta que actúa como pulmón y filtro natural del mar y que la Unesco ha declarado Patrimonio de la Humanidad. La playa de Migjorn, la más extensa de la isla, se despliega durante más de seis kilómetros por toda la vertiente sur, alternando tramos de arena abierta con calas más recogidas, en un paisaje que privilegia el contacto directo con la naturaleza frente a cualquier urbanización agresiva.

Formentera conserva, además, una memoria bohemia que se remonta a los años sesenta y setenta, cuando la isla se convirtió en uno de los lugares más icónicos de la cultura hippie y el espíritu libre, refugio de artistas, músicos y viajeros en busca de libertad, llegados de medio mundo; esa herencia sigue viva en los mercadillos artesanales de El Pilar de la Mola o Sant Ferran, y en un modo de vida que privilegia lo lento y lo esencial. Es sobre ese sustrato —isla filtrada por el mar, arquitectura de piedra y cal, paisaje protegido, memoria de libertad— donde el estudio del arquitecto Antonio Obrador ha levantado Dunas de Formentera, un hotel muy especial de 45 habitaciones diseñado para disolverse y fundirse con ese paisaje.

Conjunto de edificaciones del hotel camufladas entre la vegetación. Playa de Migjorn.
Algunas edificaciones, como ésta, cuentan con dos plantas.

Un conjunto de edificaciones independientes

El emplazamiento elegido es la propia duna, en el entorno natural de la playa de Migjorn, y de ahí procede tanto el nombre del proyecto como su lógica interna. En lugar de un único volumen hotelero, Antonio Obrador ha optado por fragmentar el programa en un conjunto de edificaciones independientes —de 100 a 535 metros cuadrados cada una— que se reparten entre la vegetación autóctona y las ondulaciones de arena, más como un pequeño poblado que como un edificio único. El resultado es un recorrido que alterna interior y exterior sin una frontera clara entre ambos. La luz, la arena y el matorral mediterráneo entran en las habitaciones tanto como el visitante sale a ellos.

Cada volumen encalado remite a la arquitectura vernácula de la isla, con muros de cal que respiran, cubiertas de teja árabe protegidas por pérgolas de madera vista y algunos cuerpos que se elevan a una segunda planta rematada en terraza para las suites de mayor tamaño. La paleta se ciñe casi por completo a los tonos arena, un color que más que una elección estética forma parte de la estrategia de integración. La misma tonalidad que reviste las fachadas de las habitaciones se repite en el restaurante, la piscina y el solárium, concebidos todos ellos como prolongaciones del paisaje más que como piezas construidas sobre él.

Una trama de sendas peatonales comunica todos los espacios

Este proyecto, se trata, conviene subrayarlo, de una rehabilitación antes que de una obra enteramente nueva. El estudio ha intervenido sobre un complejo hotelero preexistente en ese mismo enclave, y una de sus decisiones más significativas ha sido de naturaleza casi urbanística. La antigua red viaria que conectaba los distintos edificios del hotel ha desaparecido por completo, sustituida por una trama de sendas peatonales resueltas con tablones de madera dispuestos directamente sobre la arena, sin pavimentar. Es el mismo sistema que el Consell Insular aplica en las zonas dunares protegidas de la isla, y su adopción resume bien la actitud del estudio ante el lugar: apoyarse en el paisaje en lugar de imponerse sobre él. Desde el propio complejo se accede caminando hasta la arena de Migjorn, sin que medie carretera ni aparcamiento visible.

Tradición y modernidad, artesanía y funcionalidad contemporánea

El interiorismo, desarrollado íntegramente por el equipo de Antonio Obrador, insiste en la misma contención: mobiliario diseñado a medida, fibras naturales, texturas orgánicas, una atmósfera serena que evita cualquier estridencia decorativa. Es la misma dualidad —tradición y modernidad, artesanía y funcionalidad contemporánea— que Antonio Obrador ha defendido a lo largo de toda su trayectoria, aplicada aquí a una escala doméstica y horizontal, muy distinta de la monumentalidad de una fortaleza como Cap Rocat, pero fiel al mismo principio: “la reforma se piensa siempre desde el respeto a lo que ya existía en el lugar”.

La condición regenerativa del complejo no se limita a la disposición del conjunto. Los muros están acabados con pintura a base de cal, un material que permite la transpirabilidad del cerramiento, evita la aparición de humedades de forma natural y mejora el aislamiento térmico sin recurrir a soluciones industriales. La autosuficiencia energética se apoya en paneles fotovoltaicos, y un sistema de recuperación y tratamiento de aguas grises permite reutilizar el agua doméstica en el riego de los jardines. Son piezas de un mismo engranaje de economía circular que reduce la huella de carbono del hotel y que responde, en última instancia, a la fragilidad del entorno que lo acoge: unas dunas y unas praderas de posidonia que exigen del arquitecto más cautela que ambición.

Un paisaje mediterráneo habitable

Quien se aloja en Dunas de Formentera camina descalzo la mayor parte del día, envuelto en el sonido intermitente del viento entre los pinos y en una arena que sustituye a cualquier acera o carretera. Es, en el fondo, la experiencia que Antonio Obrador ha querido construir, y que resume en una frase que bien podría servir de manifiesto del proyecto: “se propone una arquitectura que trasciende la idea de hotel para convertirse en un paisaje habitable, donde la sencillez, la luz y la naturaleza construyen una nueva forma de habitar el Mediterráneo desde el respeto, la calma y la autenticidad”. Esa frase, lejos de la retórica publicitaria habitual en este tipo de comunicados, describe con precisión lo que ocurre entre este conjunto de habitaciones, donde cada estancia mantiene su propia relación con la duna y ninguna repite exactamente la misma vista.

A Formentera solo se llega por mar, decíamos al principio, y esa lentitud impuesta por la geografía encuentra en Dunas de Formentera su traducción arquitectónica: un hotel que no interrumpe el paisaje que atraviesa para llegar hasta él, sino que lo prolonga. Es la misma convicción que Antonio Obrador ha sostenido en cuatro décadas de restauración hotelera, desde la fortaleza de Cap Rocat hasta el Gran Hotel Son Net: que la arquitectura más lograda es, casi siempre, la que menos se nota.

Espacio de recepción del hotel.
Comedor del hotel.
Bar del hotel.

Proyecto: Dunas de Formentera.
Ubicación: playa de Migjorn, Formentera.
Finalización: 2025.
Promotor: Marugal.
Arquitectura, interiorismo y paisajismo: Estudio Antonio Obrador.
Equipo del proyecto: Antonio Obrador, Adriana Méndez, Jordi Muñoz, Lluis Bort.
Superficie construida: 3.078 m², en volúmenes de 100 a 535 m²
Habitaciones y suites: 45.
Fotografía: Lluís Bort.

Antonio Obrador, arquitecto fundador del estudio Antonio Obrador.

Antonio Obrador

Antonio Obrador (Palma de Mallorca, 1956) encontró su vocación mucho antes de tener nombre para ella. De niño quedó fascinado por los pilares sin basas ni capiteles de La Lonja de Palma, el edificio gótico que Guillem Sagrera levantó en el siglo XV. Esa fascinación temprana se sostuvo contra las presiones familiares que le señalaban otros caminos y confirmó, con el tiempo, lo que Obrador entiende como una certeza: “la vocación es algo innato que uno lleva adentro”.

En 1980 fundó en Mallorca el estudio que hoy lleva su nombre. Más de cuatro décadas después, ese recorrido se ha traducido en un catálogo de arquitectura, interiorismo, decoración y paisajismo que abarca tanto la vivienda particular como, de forma muy señalada, el ámbito hotelero, el terreno en el que Obrador ha construido buena parte de su reputación y en el que firma algunas de las restauraciones patrimoniales más celebradas de las últimas décadas en España.

La obra del estudio se sostiene sobre un diálogo constante entre tradición y modernidad, términos que Obrador se niega a considerar contradictorios. La tradición se expresa en el respeto a los materiales nobles —la piedra, la madera, el hierro— y en la reivindicación del oficio artesano, de la mano experta que los trabaja; la modernidad, en la voluntad de reinterpretar, de responder a las necesidades del presente sin apelar a la nostalgia. Frente a un edificio antiguo, el estudio aborda la rehabilitación desde el respeto y la puesta en valor del trabajo de su autor original; frente a un solar vacío, la obra nueva se libera de esos condicionamientos en busca de un resultado singular. En ambos casos el objetivo declarado es el mismo: una extensión contemporánea de la firmitas vitruviana que Obrador entiende como “diseño perdurable”, ajeno a otros enfoques que dominan buena parte de la construcción actual.

Ese principio ha encontrado su expresión más reconocida en la restauración hotelera. El Hotel Cap Rocat, instalado en la antigua fortaleza de Cap Enderrocat, en Llucmajor, es para el propio arquitecto el proyecto de mayor dificultad y también el de mayor reconocimiento: recibió el Premio de la Unión Europea de Patrimonio Cultural (Europa Nostra) de manos de la reina Sofía en 2018, la distinción más alta que existe en el ámbito de la conservación patrimonial. El Gran Hotel Son Net, en Puigpunyent, llegó a manos del estudio en estado ruinoso y hoy figura entre las veinticinco mejores restauraciones hoteleras del mundo según Condé Nast. A ellos se suman el Hotel Majestic y el Gran Hotel Florida, en Barcelona; el Urso Hotel & Spa, en Madrid; el Palacio Solecio, un palacio andaluz del siglo XVIII en Málaga; y, en las islas, intervenciones como las de La Residencia de Deià, el Castillo Hotel Son Vida o el Gecko Hotel & Beach Club de Formentera.

Al frente del estudio, con sede en el Casc Antic de Palma, Obrador trabaja hoy junto a María Chocarro, arquitecta directora y socia de AO Estudio, con un equipo de quince arquitectos internos y una red de colaboradores externos —ingenieros, paisajistas, interioristas y decoradores— que se completa con artesanos de la piedra, el hierro y la madera. Con más de cuarenta años de trayectoria a sus espaldas, el estudio ha optado por seguir creciendo antes que replegarse: fruto de esa revisión del propio archivo es Hotels (Ediciones El Viso, 2025), primer volumen de una colección que el estudio prevé completar con sendos libros dedicados a la obra nueva y al paisajismo.

El reconocimiento a esta trayectoria incluye, entre otros, el Premio Ramón Llull a la Trayectoria Profesional del Gobierno Balear (2005) y el Premio Ciutat de Palma de Rehabilitación por Ca’n Nadal, un casal del siglo XVII en el casco antiguo de Palma con el que abrió su palmarés en 1985. Cuatro décadas después, Obrador sigue describiendo su oficio en términos de búsqueda antes que de logro: “La perfección no existe, pero en cambio sí existe la búsqueda de la perfección. Solo a base de autocrítica e inconformismo se consigue avanzar en ese camino”.

Estudio Antonio Obrador
San Felio 17A
07012 Palma de Mallorca
+34 971 726 987
contacto@antonioobrador.com
antonioobrador.com
@antonioobrador.arquitectos

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