Àgora desarrolla en Camprodón (Girona) una arquitectura para vivir el bosque

4 noviembre 2026
Joan Casals y José Luis Cisneros han diseñado una pequeña vivienda de madera, corcho y OSB que es, al mismo tiempo, el primer prototipo de un sistema de casa modular, prefabricada y autoconstruible. Su proyecto más ambicioso, sin embargo, es devolver al lugar el bosque que alguien había empezado a borrar.
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Camprodón se ha desarrollado junto al agua del río Ter. Un puente de piedra construido hace ochocientos años, salta el río con un gran arco de piedra y une la Vila de Dalt con la Vila de Baix. Es la imagen que cualquiera se lleva del pueblo. Pocas construcciones resumen mejor la manera en que una comunidad aprendió a habitar un valle pirenaico, con la piedra que tenía a mano, siguiendo el curso del agua y aceptando la pendiente. Alrededor del núcleo medieval, nacido hace más de mil años junto al monasterio benedictino de Sant Pere, las laderas del Ripollès se cubren de pinos, robles y abedules que regalan a sus habitantes unos espacios donde la naturaleza impone su propia poética espacial. Hubo después un segundo Camprodón, el que la burguesía catalana eligió a principios del XX como lugar de veraneo, y que dejó como herencia el paseo Maristany y sus quinientos árboles. Aquel gesto, plantar árboles como parte de la construcción de un lugar, resuena de forma inesperada en la historia que aquí contamos.

Porque a ese paisaje le ha ido llegando, en las últimas décadas, otro modo de construir. Las urbanizaciones de la periferia de Camprodón han avanzado sobre la ladera con una lógica poco respetuosa con el bosque, con el objetivo de abrir paso al coche hasta la puerta. Cuando Joan Casals y José Luis Cisneros, de Àgora Arquitectura, observaron el entorno de la parcela donde iban a realizar su proyecto, comprobaron que las casas vecinas habían eliminado el bosque para asentarse, sobre todo en la zona próxima a la calle. Su solar era uno de los pocos que quedaban por edificar, y ya mostraba las primeras heridas. Lo cuentan ellos mismos con precisión de inventario: “en la parcela unos árboles ya habían sido cortados, un camino rodado ya había sido construido hasta la mitad del terreno y una superficie plana, absolutamente ajena a la orografía del lugar, ya había desfigurado la topografía boscosa original”. De ese diagnóstico nace Casa Bosc, una arquitectura que surge del bosque antes que plantarse en él, y que entiende el proyecto como la última oportunidad de recuperar lo que se había perdido.

La decisión más radical fue prescindir de la valla junto a la calle. Desde la acera, unas escaleras de hormigón conducen directamente al bosque, y es a través de él como se llega hasta la puerta.
El camino de acceso a la casa se ha trazado con viejas traviesas de tren recuperadas.
Corcho, madera laminada y tableros de OSB, los tres materiales que definen la casa se eligieron por su baja huella de carbono y por su capacidad de envejecer junto al bosque.
El estudio había previsto pilotes metálicos recuperables, que permiten una base removible, pero la roca del subsuelo obligó a recurrir a riostras convencionales. Tres meses de prefabricación y uno de montaje bastaron para construir la casa.
Casa Bosc tiene su origen en el Refugio de fin de semana que Àgora diseñó para un camping. Este proyecto es su evolución.
Casa Bosc está hecha con madera y sus derivados, nada más. Se construyó entera en el taller de un carpintero, pieza a pieza y con métodos casi artesanales. Después se desmontó, se empaquetó y se comprobó que el sistema funcionaba.

Devolver al bosque lo que es del bosque

Los propietarios de la parcela querían colocar su casa en la explanada ya excavada, donde todo parecía preparado. La primera tarea de los arquitectos fue convencerles de lo contrario. La casa debía retirarse hacia la parte alta, bajo los pinos centenarios que aún seguían en pie, orientada a sur y protegida por su sombra; el camino abierto por la excavadora debía desaparecer, y había que volver a plantar lo que alguien había cortado. “Ese era el proyecto”, resumen los arquitectos. La pendiente natural se reparó, y para llegar a la casa se propuso una incisión sutil en el relieve, una manera de adentrarse en el bosque de forma pausada y con la mínima huella posible.

La decisión más radical fue prescindir de la valla junto a la calle. Desde la acera, unas escaleras de hormigón conducen directamente al bosque, y es a través de él como se llega hasta la puerta. Los arquitectos lo explican desde el concepto mismo de refugio, que era lo que los propietarios habían pedido: “A un refugio se llega dejando el coche en algún sitio y caminando hasta él”. La experiencia consiste en recorrer a pie el pequeño trecho de monte hasta llegar a la casa. El recorrido se convierte así en el primer espacio de la vivienda, y la frontera entre lo público y lo privado se disuelve hasta hacer de la casa una puerta al bosque para todos. El resultado encierra una paradoja que los propios arquitectos subrayan: sin valla alguna, escondida tras los árboles, Casa Bosc resulta hoy más íntima que las casas vecinas, expuestas directamente a la calle.

La misma voluntad de reparar el lugar recorre la construcción. El camino de acceso se ha trazado con viejas traviesas de tren recuperadas; las virutas de madera generadas en la propia obra se han convertido en el aislamiento de los muros; las piedras extraídas en la excavación sirven ahora como drenaje para el agua de la cubierta. Corcho, madera laminada y tableros de OSB, los tres materiales que definen la casa se eligieron por su baja huella de carbono y por su capacidad de envejecer junto al bosque. La sostenibilidad aparece aquí como una ética de la contención.

Del refugio a la casa

Casa Bosc tiene una genealogía que los arquitectos explican en conversación con Berta Blasco y JM. Marzo, de la revista Tectónica. Su origen está en el Refugio de fin de semana que Àgora diseñó para un camping: una pieza pequeña, prefabricada y transportable, construida con una estructura de acero, madera y corcho. Tras su publicación, el estudio recibió llamadas desde muy distintos lugares de España, casi siempre de personas que imaginaban en él una segunda residencia sencilla y asequible. Y casi siempre la respuesta tuvo que ser negativa. Un camping exime de buena parte de las exigencias del Código Técnico, pero una vivienda en suelo urbanizable debe cumplirlas todas, en especial las de habitabilidad, y el refugio quedaba lejos de cumplirlas. En otros casos el obstáculo era el acceso, se trataba de lugares a los que era imposible llegar con un tráiler con la casa montada.

De aquellas negativas los arquitectos concluyeron que el sistema debía ser desmontable, capaz de llegar por piezas a cualquier terreno, y debía cumplir íntegramente la normativa. Àgora replanteó entonces el proyecto desde dentro. Si el refugio funcionaba como una jaula metálica en cuyo interior había que encajar después el programa, en Casa Bosc estructura y programa avanzan de la mano. La unidad básica es una agrupación de dos por tres submódulos de 1,5 metros, unos 13,5 metros cuadrados capaces de albergar cualquier estancia que exija la normativa catalana de habitabilidad. Una habitación más pide un módulo más; otro baño, otro módulo. Los arquitectos lo resumen con una fórmula: una casa cada “2×3”. Las piezas pueden sumarse en horizontal y también en altura.

El material también se simplificó. Madera y sus derivados, y nada más, para que una sola empresa pueda fabricar el conjunto. Una retícula de madera laminada de 160 × 80 milímetros forma una base de 24 módulos de 1,5 × 1,5 metros, elevada 2,5 metros mediante pilares perimetrales de la misma sección. En el centro de la casa, esos mismos pilares, machihembrados entre sí, componen unos muros que fortalecen el conjunto como una suerte de CLT hecho con la pieza de siempre. Entre los pilares se colocan cajones de OSB rellenos de viruta, cinco por cada altura libre, ligeros para que dos personas los manejen, deslizados sobre una guía de listón que es también la clave de la autoconstrucción. Su espesor, 16 centímetros, se calculó junto a Societat Orgànica para que la viruta cumpliera por sí sola las exigencias térmicas, sin contar con el corcho exterior. Incluso la medida del módulo, ajustada de los 1,60 metros del refugio a 1,50 exactos, responde a la economía de la obra, así las planchas de corcho de 50 centímetros encajan sin recortes ni mermas. Las uniones se resuelven con medias maderas y tornillos, y el metal solo aparece en el encuentro de los pilares con la base.

La casa se construyó entera en el taller de un carpintero, a unos 150 kilómetros de Camprodón, pieza a pieza y con métodos casi artesanales, resolviendo por ensayo y error esquinas, canaletas y encuentros. Después se desmontó, se empaquetó y se comprobó que el sistema funcionaba. Mientras tanto, en la parcela avanzaban la renaturalización del terreno y una cimentación lo más ligera posible. El estudio había previsto pilotes metálicos recuperables, que permiten una base removible, pero la roca del subsuelo obligó a recurrir a riostras convencionales. Tres meses de prefabricación y uno de montaje bastaron para construir la casa.

En el interior de la casa, la retícula ordena cuatro espacios sin jerarquía, que pueden servir indistintamente de dormitorio, salón o comedor.
El cerramiento fijo, de corcho visto por fuera y OSB visto por dentro, se interrumpe allí donde la retícula queda libre, y en esos huecos se abren grandes carpinterías correderas que atraviesan la casa de lado a lado.
La materia de la casa, el corcho con su textura de corteza, la madera clara de la estructura, la viruta prensada del OSB, prolonga en el interior la paleta del entorno. Habitar Casa Bosc es habitar el bosque desde un lugar protegido.
Solo un módulo tiene un programa fijo, se trata del núcleo húmedo, encajado entre dos de los muros centrales. A un lado la cocina, al otro el baño.
Este volumen guarda en su interior el baño, iluminado desde el cielo por dos lucernarios en la zona más oscura de la casa.

Vivir dentro del bosque

En el interior de la casa, la retícula ordena cuatro espacios sin jerarquía, que pueden servir indistintamente de dormitorio, salón o comedor. Solo uno de ellos tiene un programa fijo, se trata del núcleo húmedo, encajado entre dos de los muros centrales. Ese volumen genera un pequeño vestíbulo junto a la entrada, oculta como corresponde a un refugio, y guarda en su interior el baño, iluminado desde el cielo por dos lucernarios en la zona más oscura de la casa. Por su cara opuesta asoma la cocina, situada en el centro de la vivienda y abierta a todos los espacios. Los arquitectos la describen como un espacio “sin perspectiva de género, mirando el bosque, bajo el calor del fuego”. La cocina deja así de ser un recinto apartado para convertirse en el corazón compartido de la casa, junto a la estufa de leña que caldea el estar.

El cerramiento fijo, de corcho visto por fuera y OSB visto por dentro, se interrumpe allí donde la retícula queda libre, y en esos huecos se abren grandes carpinterías correderas que atraviesan la casa de lado a lado. El bosque entra por ellas de manera literal. Los troncos se reflejan en el vidrio, la luz se filtra entre las hojas de los robles y las persianas de madera enrollables tamizan el sol del mediodía. La materia de la casa, el corcho con su textura de corteza, la madera clara de la estructura, la viruta prensada del OSB, prolonga en el interior la paleta del entorno. Habitar Casa Bosc es, sin duda, habitar el bosque desde un lugar protegido.

Queda todavía una tarea pendiente en la parcela de Camprodón: plantar árboles allí donde fueron talados. Es el último gesto del proyecto, y quizá el más importante, el que enlaza esta pequeña casa de madera con aquellos quinientos árboles del paseo Maristany y con la sabiduría del viejo puente que atraviesa el Ter. Los arquitectos lo explican con una frase que bien podría expresar el enfoque de toda su arquitectura: “Será entonces cuando nuestro paso habrá sido realmente silencioso”.

Manual para construir tu propia casa

Casa Bosc es una vivienda real, habitada hoy por sus propietarios, pero es también el primer paso de un camino más largo. Àgora ha elaborado un Manual de autoconstrucción del prototipo mínimo que, inspirado en las instrucciones de montaje de las conocidas tiendas de muebles de origen sueco, clasifica y ordena cada pieza y explica paso a paso cómo construir la estructura, rellenar los cerramientos, montar baño y cocina, colocar las carpinterías y formar la cubierta. Se trata, dicen los arquitectos, de saber ensamblar, pegar, atornillar y pintar, sin necesidad de soldar ni de manejar maquinaria compleja. En España la obra seguirá exigiendo la intervención de un arquitecto, pero en países como Francia, donde una vivienda unifamiliar no requiere proyecto de arquitecto, un grupo de personas con cierta destreza podría montar su propia casa. El estudio busca ahora un fabricante con escala industrial para dar ese salto, y define todavía la estrategia de patente y comercialización. Detrás de todo ello late una idea que el proyecto formula como “la democratización de la vivienda”, la posibilidad de que usuarios no especializados, acompañados por profesionales, participen en el diseño y la construcción de su hogar. Sin duda una idea oportuna en la actual situación de crisis de la vivienda en la que estamos inmersos y que afecta sobre todo a los jóvenes.

Reproducimos aquí las páginas de ese Manual de autoconstrucción de Àgora Arquitectura.

Proyecto: Casa Bosc.
Ubicación: Camprodón, Girona.
Arquitectura: Ágora Arquitectura. Joan Casals Pañella y José Luis Cisneros Bardolet
Equipo: Anahita Rahimi Vishteh, Ksenija Raicevic, Carla Melinte, Robert Corlaci, Martina Mulas, Armando del Plato y Germana Lópes.
Arquitecto técnico: Xavier Mas Soler.
Superficie: 54 m² (24 módulos de 1,5 × 1,5 m) .
Construcción: 3 meses de prefabricación en taller y 1 mes de montaje en obra.
Carpintería: Panxo.
Impermeabilización: Sebastià Riba.
Instalaciones: Joan Costa.
Excavaciones: Excavacions Dani.
Mobiliario: Minim.
Fotografía: Adrià Goula.
Fuente: Àgora Arquitectura.

Joan Casals y José Luis Cisneros, arquitectos fundadores de Àgora Arquitectura.

Àgora Arquitectura

En la Grecia antigua, el ágora era la plaza donde la ciudad se reunía para comerciar, discutir y decidir en común. Joan Casals Pañella y José Luis Cisneros Bardolet tomaron ese nombre en 2014 para el estudio que fundaron en Barcelona. Lo concibieron como un lugar de encuentro desde el que pensar juntos cada proyecto. De ese espacio compartido procede el principio que recorre toda su obra: ajustar la arquitectura a su contexto social y físico.

Ambos nacieron en Barcelona en 1982 y se titularon el mismo año, 2005, en la Escuela Superior de Arquitectura de la Universitat Internacional de Catalunya (ESARQ-UIC). Completaron después el Máster en Teoría y Práctica del Proyecto de Arquitectura en la ETSAB de la Universitat Politècnica de Catalunya.

Cisneros se formó en el despacho de Josep Lluís Mateo entre 2005 y 2008. Allí participó en proyectos como una torre de viviendas protegidas en Valencia, un bloque residencial en el puerto de Badalona y la nueva escuela de ingenieros industriales de Barcelona. En 2008 abrió su propio estudio en Barcelona.

Casals colaboró con Fermín Vázquez, Juan Trias de Bes y Alfredo Arribas, y en 2020 se doctoró en la ETSAB con la tesis Poética en la arquitectura catalana contemporánea: la arquitectura como paisaje, el paisaje como arquitectura. Desde 2023 es profesor Serra Húnter en el Departamento de Proyectos Arquitectónicos de esa escuela.

Los dos comparten una trayectoria de investigación y docencia. Han enseñado en la ETSAB, en la ETSAM de Madrid, en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Finis Terrae, en Chile, y en la Escuela de Arquitectura y Diseño del Instituto Tecnológico de Harbin, en China. Colaboran además con los grupos de investigación ARKRIT, de la Universidad Politécnica de Madrid, y REARQ, de la UPC, y con el Instituto de Investigación Interdisciplinaria en Arquitectura de la UPC.

La obra de Àgora se ha expuesto en el Museu d’Història de Barcelona, el Museu del Disseny, el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya y el Pabellón Mies van der Rohe. Se ha publicado en Arquitectura Viva, Domus, Detail, Tectónica y Metalocus. Suma más de cuarenta reconocimientos, entre ellos varias selecciones en los Premios FAD, los Premios ENOR y la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo. En 2025 recibió el APE Grupo Architecture Award por la Casa sobre un zócalo de ladrillo.

Entre la obra, el aula y la investigación, el estudio conserva la identidad que refleja su nombre: un lugar donde la arquitectura se piensa en común.

Àgora Arquitectura
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