La casa propia es el encargo más revelador que puede recibir un arquitecto. Cuando el cliente es uno mismo, cada decisión queda a la vista como una declaración de principios, sin programa ajeno que la justifique.
La arquitectura brasileña conoce bien ese ejercicio. Lina Bo Bardi diseñó en 1951 la Casa de Vidro en São Paulo, y Paulo Mendes da Rocha construyó la suya en Butantã a mediados de los años sesenta. Ambas acabaron convertidas en referencias, para generaciones de arquitectos.
Casa Bahia pertenece a esa tradición del autorretrato. Patricia Martinez, que dirige desde 2005 en São Paulo el estudio Patricia Martinez Arquitetura, la diseñó como su casa de vacaciones en el estado de Bahía y como un ejercicio de síntesis. “Quería que la casa me representara como arquitecta en todos los sentidos, con todo mi esmero. Desde la arquitectura, bien proporcionada, hasta el más mínimo detalle, todo fue pensado de una manera muy personal”, comenta la arquitecta.















Una casa en dos volúmenes superpuestos
Desde el jardín, el conjunto se lee claramente como la suma de dos volúmenes. Abajo, una base de planta cuadrada, envuelta en porches con techos y paneles de varas de biriba, un árbol de la mata atlántica cuyas varas rectas son habituales en la construcción del litoral bahiano, ordena la planta baja como un recinto sólido y a la vez permeable. Arriba, un volumen blanco y compacto se apoya sobre ella con la geometría más elemental, un prisma rematado a dos aguas.
En la planta baja se reúnen el salón, el comedor y la cocina, abiertos por completo al exterior, mediante unas puertas pivotantes de madera y vidrio, donde una tarima de madera y una piscina revestida de travertino brasileño dan continuidad al área social de la casa hacia el jardín y el bosque de la reserva ambiental que limita la parcela.
El cemento bruñido recorre sin interrupción interiores y porches, y refuerza esa continuidad con un mismo plano claro que devuelve la luz del exterior. Sobre él, los techos de vigas de madera vista aportan la calidez que equilibra la sobriedad del suelo. La misma planta acoge un aseo, el lavadero y un dormitorio accesible que permite vivir la casa entera sin subir la escalera.
Madera contra el sol
La fachada combina carpinterías de madera con una estructura de peroba, una de las maderas duras tradicionales de la construcción brasileña y la cubierta se resuelve con tejuelas de madera. El edificio comparte así gama y textura con los troncos del bosque que lo rodea.
La respuesta al clima tropical llega a través de paneles correderos de varas de biriba, dispuestos frente a los porches. Funcionan como brise-soleil, el recurso que la arquitectura moderna brasileña convirtió en seña de identidad, y filtran la luz en franjas que se desplazan por el suelo a lo largo del día. Cerrados, crean zonas de sombra en las estancias comunes; abiertos, dejan la casa expuesta al jardín.
Los porches funcionan como estancias exteriores. Bajo un techo de varas partidas de biriba, un sofá de obra cubierto de cojines, dos mesas bajas de madera y una hamaca forman un salón al aire libre. Al otro lado, un comedor exterior de mesa larga con sillas y banco se resguarda tras una jardinera de filodendros y una celosía de varas que deja pasar el aire.









El dibujo esencial de una casa
El volumen blanco de la planta alta recuerda, en palabras de la arquitecta, “el dibujo más esencial de una casa”. Alberga dos dormitorios con baño propio y una terraza pensada como lugar de pausa, desde la que contemplar la puesta de sol, leer o proyectar una película al aire libre.
En este nivel, un suelo rústico de cumaru introduce una materialidad más cálida y ligera, en contraste sutil con la planta baja. Las contraventanas de las fachadas repiten las varas de madera de los paneles inferiores y unen ambos volúmenes con un mismo gesto.
Los interiores insisten en la economía de medios. En uno de los dormitorios, una mosquitera de algodón cuelga de un bastidor de madera y un panel corrido de tablas sirve a la vez de cabecero y de mesilla. En el baño, el lavabo está tallado en un único bloque de piedra de superficie rugosa, bajo lámparas de mimbre y entre muros de esquinas redondeadas.
Una colección personal
La propia arquitecta se encargó de la selección de arte, que se integra en el proyecto. En la entrada, una obra de Deco Adjiman, de la Galeria Luis Maluf, reúne poemas y mensajes guardados en pequeños frascos de vidrio y propone un primer encuentro íntimo, con la casa. En el camino hacia el aseo, dos japamalas —los collares de cuentas de la tradición hindú— enlazados entre sí componen un elemento escultórico.
En el salón, Intervalo de luz entre dois mistérios, de Ivan Grilo, invita a pensar en el ciclo de la vida, y un panel de sisal de Oiamo recoge en fibra vegetal la materia que recorre toda la casa.
El resto de piezas pertenece al mismo registro: jarrones de cerámica en hornacinas modeladas en el muro, taburetes de madera tallada, cestería y la silueta de un pez sobre la puerta de entrada. En ellas se reconocen las referencias escandinavas y japonesas que recorren la obra de Patricia Martinez, culturas atentas al recogimiento, a lo sensorial y al valor de los momentos vividos.










La casa como manifiesto
El jardín de Rodrigo Oliveira acerca la vegetación tropical al borde mismo de la casa y la funde con los árboles de la reserva, cuyas ramas proyectan su sombra sobre el muro blanco de la planta alta.
Casa Bahia se presenta como el autorretrato de una arquitecta que cuida la proporción del conjunto con la misma atención que todos los detalles que desgrana a lo largo de la casa. Sobre ese dibujo esencial de una casa, la sombra de los árboles traza cada día el único rasgo que Patricia Martinez dejó en manos del lugar.
Materiales y mobiliario
Tarima de la piscina: Luna Wood. Pavimento de la planta alta: Neo Bambu. Encimeras de cocina, lavadero y cocina exterior: Pedras Amazonas. Lavabos esculpidos: Di Mármore. Grifería y accesorios: Docol. Iluminación: Interpam. Cortinas del salón: Rene. Estores dormitorios: Casa A. Colchones: Dormire Colchões.
Proyecto: Casa Bahia.
Ubicación: Bahía (Brasil).
Programa: vivienda de vacaciones.
Superficie: 263 m².
Terminado: 2026.
Arquitectura e interiorismo: Patricia Martinez Arquitetura.
Paisajismo: Rodrigo Oliveira.
Fotografía: Fran Parente y Salvador Cordaro.
Proyecto de iluminación: Foco Iluminação.
Arte: Deco Adjiman (Galeria Luis Maluf), Ivan Grilo, Oiamo.
Fuente: Cobogó Relações Públicas.

Patricia Martínez
Patricia Martinez se formó en Arquitectura y Urbanismo en la Universidade Presbiteriana Mackenzie, en São Paulo, la ciudad donde fundó en 2005 el estudio que lleva su nombre. Desde entonces dirige un equipo de arquitectos y urbanistas que proyecta oficinas, casas, apartamentos, tiendas y hoteles con un mismo propósito, la armonía entre el espacio y quienes lo viven.
Su trabajo parte del esencialismo. Busca la belleza en la sencillez de los objetos y de los colores, en la proporción de los volúmenes y en el bienestar, el confort y la funcionalidad de cada estancia. Las referencias escandinavas y japonesas impregnan sus proyectos por afinidad con dos culturas que valoran el recogimiento, la belleza, lo sensorial y el arte, y que conceden una importancia especial a los momentos vividos.
A esa disciplina se suma una sensibilidad brasileña, cómoda con la audacia, con los materiales naturales y sensoriales y con las piezas que cuentan una historia. La atención al detalle y la cercanía al mundo del arte completan ese lenguaje.
El estudio suma más de cuatrocientos proyectos de arquitectura e interiorismo en Brasil, Suecia, España, Estados Unidos y Panamá, entre ellos interiores comerciales para firmas como Valentino y Bottega Veneta. Patricia Martinez sigue cada uno de ellos de principio a fin, una implicación en la que encuentra, según cuenta, la gracia, el gusto y el placer del oficio.
Patricia Martinez Arquitetura
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