Este piso del Eixample barcelonés, construido en 1925, guarda la esencia intacta de su tiempo. Esta memoria centenaria ha guiado en todo momento la intervención de Sigla Studio. La vivienda fue rehabilitada para Bernat, su pareja Liliana y la perrita Hachi. Desde esa vida compartida, y esa cotidianidad íntima, la arquitectura, más que un ejercicio técnico se ha convertido en un gesto de pertenencia.
La ubicación de esta vivienda, en la estructura clásica del Eixample, determinó desde el inicio la actitud del proyecto. Se trataba de honrar aquello que la casa ya sabía hacer: sus altos techos sostenidos por vigas de madera y bóvedas catalanas; la secuencia de estancias que se encadenan como cajas comunicadas; los muros de carga que organizan la geometría de la vivienda y que, a lo largo de generaciones, han dado forma a un modo muy barcelonés de habitar.
Recuperación con mirada casi arqueológica
Sigla decidió intervenir con una mirada atenta, casi arqueológica, recuperando texturas, huellas y materiales que permanecían ocultos bajo décadas de modificaciones. El pasillo de acceso se transformó así en un umbral donde el ladrillo medianero, cuidadosamente desvelado, convive con un nuevo trabadillo de cal y yeso que reintegra la superficie sin borrar su historia. Las antiguas puertas macizas de pino fueron restauradas una a una, devolviendo a la madera su tacto original. También las ventanas, ahora provistas de vidrio de cámara de mayor grosor, conservan su carpintería primigenia.
El cambio decisivo, sin embargo, llegó al trasladar la cocina —antes relegada a un espacio interior y oscuro— hacia la fachada que mira al patio de manzana. La vivienda recuperó así la luz natural y la ventilación cruzada, un recurso fundamental para Sigla Studio, que entiende la ventilación y la atmósfera como parte esencial del confort. Este gesto abrió un gran espacio de día donde salón, comedor, cocina y estudio dialogan sin jerarquías, formando un único espacio continuo que integra pasado, presente y futuro.
En el dormitorio principal, una apertura circular en el muro de carga introdujo la luz necesaria sin sacrificar la estabilidad estructural. El arco se resolvió con ladrillo cerámico manual, recuperando técnicas locales y evitando soluciones industriales innecesarias. Este gesto, tan simple como elegante, permite que la luz viaje entre estancias y que la casa se sienta más amplia, más conectada consigo misma.







Un ejercicio de memoria emocional
El proceso de rehabilitación fue también un ejercicio de memoria emocional. Bernat y Sergi buscaron en sus propias experiencias aquello que define la idea de hogar: la infancia, los rituales cotidianos, la presencia silenciosa de los materiales auténticos. Su intervención se convirtió así en una relectura sensible del piso original, que pasó de una distribución típica de principios del siglo XX a una organización contemporánea donde la domesticidad —entendida como clima interior, como refugio, como emoción compartida— es el verdadero lujo.
La elección de los materiales revela esa filosofía. Cal, madera, cerámica, pigmentos minerales y revestimientos tradicionales —silicatos potásicos, estucos, veladuras, aceites naturales— se aplican para conservar la respiración del soporte y recuperar las propiedades higroscópicas de los materiales originales. La casa queda así envuelta en un sistema que no solo es estético, sino profundamente saludable y sostenible. Reintegrar, y no reemplazar, es la regla que gobierna toda la intervención.
Los muebles y luminarias trazan una constelación de referencias cuidadosamente escogidas: la silla Cesca de Breuer, la lámpara PH5 de Henningsen, la BKF, piezas de Santa & Cole y Louis Poulsen, esculturas y serigrafías de artistas contemporáneos. Cada elemento contribuye a una atmósfera serena, donde la presencia de lo artesanal —un escritorio con sobre de terrazo de Huguet Mallorca, cerámicas de autores locales— reivindica la importancia de lo hecho a mano.







Un confort que se siente
El proyecto París habla, en última instancia, de una forma de habitar que entiende el confort como un estado profundo, no como una acumulación de prestaciones. Sigla Studio recuerda que el confort se siente, se manifiesta en un rayo de luz que atraviesa el espacio, en la temperatura de un material, en la quietud de una estancia donde leer o conversar con calma.
En este hogar rehabilitado, la domesticidad adquiere un significado renovado. No se trata solo de ofrecer refugio, sino de encarnar los vínculos, la intimidad y las emociones que sostienen la vida diaria. Y en ese gesto, discreto pero trascendente, la arquitectura vuelve a ser lo que siempre ha sido: un lugar donde reconocerse.
Proyecto: París.
Ubicación: Eixample. Barcelona.
Arquitectura: Sigla Studio.
Arquitectos: Bernat Riera y Sergi Puig.
Colaboradores: Anaïs Colyn, Xavier Serra, Marta Gámiz, Mariela Achón, Marcelina Piskozub.
Fotografía: Marta Vidal.
Arte: Teresa Picazo, Joaquím Chancho, Jaume Morató, Chidy Wayne, El Marqués.
Cerámicas: Eloi Bonadona, Mari Masot, Díaz de Cossio, Maria B.
Pintura, pavimentos y texturas originales: Art Materia.
Grifería y accesorios baño: Icónico.
Fuente: Sigla Studio.

Sigla Studio
Fundado en 2010 en el Eixample barcelonés, Sigla Studio es un estudio que promueve una arquitectura con personalidad propia: una arquitectura singular. Desde su sede en la calle París 170, el estudio desarrolla proyectos de arquitectura, rehabilitación, interiorismo y obra nueva, apostando por la sensibilidad hacia cada espacio, su memoria y su contexto.
El enfoque de Sigla Studio trasciende la simple transformación estética: su trabajo se fundamenta en respetar la esencia del emplazamiento —respetar estructura, materiales y atmósfera— al mismo tiempo que propone un concepto de diseño claro y coherente que atraviesa todas las fases del proyecto, desde los planos hasta los detalles finales. Esa filosofía busca habilitar viviendas y espacios que, sin renunciar a su pasado, respondan con dignidad a las necesidades contemporáneas: confort, funcionalidad, vida íntima y emoción estética.
Además, Sigla Studio concibe la relación con sus clientes como una alianza basada en la empatía: personas optimistas, sensibles al valor del detalle y deseosas de mejorar su calidad de vida.
Bernat Riera
Bernat Riera se formó entre Barcelona y Delft, obteniendo su titulación en 2008. Inició su trayectoria profesional colaborando con estudios como RSanabria Arquitectes Associats y TAC Arquitectes; su búsqueda le llevó luego a Hong Kong y Shenzhen, donde trabajó para el estudio Urbanus como director de proyectos. Esa experiencia internacional se traduce en su sensibilidad hacia la escala humana, la relación con el entorno y el detalle: capacidades que luego canaliza en Sigla como motor de una arquitectura que entiende la casa como refugio, como memoria, como construcción íntima.
Sergi Puig
Sergi Puig completó su formación en Barcelona, titulándose en 2007. Sus primeros años los dedicó al trabajo en RSanabria Arquitectes Associats, donde participó en proyectos de envergadura como el edificio Esade Creápolis o el Dexeus University Institute, asumiendo responsabilidades de redacción y coordinación.
En su incorporación a Sigla Studio, Sergi ha contribuido a reforzar la capacidad del estudio para abordar proyectos con rigor técnico y sensibilidad poética, siempre preservando la dignidad del espacio habitado.
La filosofía compartida por Bernat y Sergi define un método claro: escuchar el lugar, dialogar con los muros, respetar la memoria material, pero al mismo tiempo proponer reinterpretaciones sensibles que transformen la vida cotidiana.
Sigla Studio elige sus clientes como socios: personas que valoran la honestidad de los materiales, la autenticidad de los espacios, la armonía entre pasado y presente. De esta manera sus obras —viviendas rehabilitadas, casas familiares, interiores renovados— se convierten en espacios de intimidad, refugio, clima interior, historia y vida.
Sigla Studio
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Project by Sigla Studio
