Vallribera Noray Arquitectes diseña una casa en Sabadell, con materiales naturales y estrategias bioclimáticas

20 mayo 2026
En una parcela estrecha y profunda de Sabadell (Barcelona), una pareja construye su hogar con el mínimo consumo de recursos, el máximo confort y espacios ajustados para vivir con la eficiencia propia de una casa de 20 palmos.
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Hay una unidad de medida que aún sigue viva en el trazado de algunas ciudades catalanas: el palmo. Veinte de ellos —algo menos de cuatro metros— han definido históricamente el ancho de las casas entre medianeras, el ritmo con que la calle se divide en umbrales, fachadas y vidas domésticas. En una parcela de Sabadell heredada con esa medida y con una construcción en ruinas, una pareja encargó a Vallribera Noray Arquitectes la tarea de construir su hogar. La condición de partida era también un programa: habitar con precisión, dentro de los propios medios, sin lugar para el derroche.

El proyecto comenzó antes de colocar la primera piedra. La deconstrucción de la vivienda existente se abordó como una operación de recuperación: los materiales se separaron y clasificaron para reintegrarlos en otros ciclos constructivos, reduciendo desde el primer momento la generación de residuos. Ese gesto inicial establece la ética que guía toda la obra: el recurso —material, energético, económico— como bien que se administra, no como variable que se optimiza al final.

Fachada exterior.
Patio interior.
Entrada desde la calle.
Entrada desde el patio.

La casa resultante ocupa 115 m² distribuidos en dos plantas. En la baja, el espacio doméstico se condensa en una sola estancia continua —cocina, estar y comedor— que se abre al patio trasero. El lugar que en otras casas de este tipo ocuparía el coche pasa a convertirse en un recibidor con aparcamiento para bicicletas, lavadero y almacenamiento: una decisión de programa tan pequeña como reveladora de las prioridades de sus habitantes. En el centro de la vivienda, un baño y una escalera completamente abierta organizan la conexión visual y lumínica entre las dos plantas. En la primera se sitúan el dormitorio, un estudio y un baño orientado hacia el hueco de la escalera. Lo necesario, nada más.

La estructura es sistema y acabado

La estructura es al mismo tiempo sistema y acabado. La planta primera se concibe como una caja de madera contralaminada (CLT) que apoya sobre las medianeras existentes; las cubiertas de la planta baja se resuelven con vigas y entablados de madera que trabajan entre esa caja y las fachadas inferiores. La decisión de prescindir de falsos techos y revestimientos añadidos deja a la vista la lógica constructiva: la madera estructura, cierra y da carácter al interior. En la planta baja, la cerámica de El Bruc en el pavimento y el ladrillo del Segrià en los muros aportan masa térmica y frescor, conformando una paleta de materiales que regula activamente la temperatura y la humedad de la vivienda. El aislamiento es de fibra de madera; las fachadas exteriores, de paneles de corcho. Todos los materiales son argumentados, no decorativos.

Vista de la planta baja desde la entrada.

Estrategias bioclimáticas

La vivienda funciona sin sistemas de climatización mecánica. Esta decisión, que podría leerse como una renuncia, es en realidad la consecuencia de un trabajo riguroso sobre la envolvente y el comportamiento bioclimático. En verano, la ventilación cruzada se refuerza con el efecto chimenea de las ventanas de cubierta, que permiten purgar el calor acumulado durante la noche. Las persianas alicantinas y los ventiladores garantizan el confort diurno. En el patio, una pérgola y vegetación generan sombra y mitigan el efecto isla de calor. En invierno, la orientación y el aislamiento retienen cada ganancia solar. El resultado, avalado por una calificación energética A, habla por sí solo: 21,80 kWh/m²·año de energía primaria no renovable y una demanda de refrigeración de apenas 0,10 kWh/m²·año.

Una historia respetada y renovada

La fachada a la calle se restaura recuperando la fisonomía original de la vivienda. La casa se inserta en el tejido urbano con la continuidad de una historia respetada y renovada. Esa discreción exterior contrasta con la densidad de decisiones que la sostienen: un proyecto donde cada elección material, orientación y programa, responde a una misma idea de habitabilidad entendida como suficiencia.

Veinte palmos: la medida no es una limitación, es la escala exacta en que esta pareja eligió vivir.

Proyecto: 130AUS.
Tipología: Obra nueva de vivienda entre medianeras.
Ubicación: Sabadell, Barcelona.
Superficie: 115 m².
Terminado: 2024.
Autor: Vallribera Noray Arquitectes.
Arquitectos: Aleix Gil Noray, Alba Robles Ezquerro, Llorenç Vallribera Farriol.
Colaboradores: Josep Maria Fosalba (Oftècnics), consultor energético y
arquitecto técnico; Míriam Molina (MVA), consultora de estructuras; Pol Miret (Recursos Urbans), consultor de reutilización.
Fotografía: Marta Vidal.
Consumo de energía primaria no renovable: 21,80 kWh/m²·año
Emisiones totales de CO₂: 4,10 kgCO₂/m²·año.
Demanda de calefacción: 7,40 kWh/m²·año.
Demanda de refrigeración: 0,10 kWh/m²·año.
Calificación energética: A.

Aleix Gil Noray y Llorenç Vallribera Farriol, arquitectos socios de Vallribera Noray Arquitectes

Vallribera Noray Arquitectes

Hay estudios de arquitectura que nacen de una vocación técnica y otros que brotan de un profundo deseo de acompañar vidas. Vallribera Noray Arquitectes pertenece claramente a esta segunda estirpe: la de quienes entienden que una casa no es un objeto, sino un refugio emocional; que un proyecto no es un ejercicio de estilo, sino una oportunidad para que las personas vivan más felices. Ver biografía completa.

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