El sueño cumplido de la joven arquitecta Júlia Marbà Prats: construir su propia casa taller para ella, su pareja y su niño

27 enero 2026
"La casa Oasis es la joya con la que siempre había soñado. Es ese objetivo por el que muchos empezamos la carrera de arquitectura: sin saber si algún día alguien te encargará un proyecto, pero con la certeza de que, al menos, podrás construir el tuyo propio." cuenta Júlia.
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Quienes siguen la revista Exágono y nuestras redes sociales, saben lo mucho que nos gusta mostrar los proyectos de esos «jóvenes que escriben el futuro». Gracias a ellos podemos mirar al horizonte con esperanza. Hoy presentamos un proyecto de la más joven de ese colectivo: Júlia Marbà Prats, quien con solo 25 años desarrolló el proyecto de diseño y construcción de su propia casa taller. Le propuse a Júlia que contara su experiencia y aquí os dejo su hermoso texto. Debo confesar que su lectura me emocionó. Espero que este proyecto os guste tanto como a nosotros y sirva de inspiración a todos los estudiantes de arquitectura. Andrés Moratinos

La casa Oasis es la joya con la que siempre había soñado. Es ese objetivo por el que muchos empezamos la carrera de arquitectura: sin saber si algún día alguien te encargará un proyecto, pero con la certeza de que, al menos, podrás construir el tuyo propio.

En 2019, mi pareja y yo empezamos a buscar pisos de alquiler en Barcelona para irnos a vivir juntos. Como ya sabéis, las opciones de vivienda en la ciudad son escasas y caras —lo eran en 2019 y lo siguen siendo en 2026—. Así que le propuse una alternativa: buscar un local, un almacén, un pequeño garaje, lo que fuera, para transformarlo y construir nuestro pequeño loft. Ese sueño neoyorquino que yo tenía en la cabeza: hormigón, hierro, techos altos, grandes ventanales y un salón a doble altura desde el que se pudiera ver la habitación suite, todo abierto. Tras tres meses visitando garajes húmedos, mal ventilados y con patios interiores por los que entraba más mugre que luz, lo tuvimos claro: aquello era, en realidad, una ilusión imposible.

En un barrio de L’Hospitalet de Llobregat —donde vive parte de mi familia y donde yo pasé mi primer año de vida— por causalidad conocimos a un señor que vendía un antiguo bazar. Según él, aquello no era más que un nido de escombros y suciedad. Aun así, fuimos a verlo. El local conservaba los estantes y algunos productos del bazar, una sala repleta de cajas, un baño en muy mal estado y todas las paredes y techos recubiertos de pladur y yeso. Sin embargo, había algo que a mí me emocionó profundamente: un espacio central de seis metros de ancho y, sobre el falso techo, una cubierta a seis metros de altura.

Ahí empezó la aventura.

Reunimos todo el dinero habido y por haber, compramos el local y empezamos las obras. Era noviembre de 2020, yo tenía 25 años y estaba dibujando mi propia casa. Aún hoy lo cuento y no me lo creo. Tomar decisiones era más difícil que cuando diseñaba para otros. Éramos muy jóvenes y no sabíamos qué nos depararía el futuro, así que la casa debía poder evolucionar con nosotros. Lo que sí teníamos claro era que queríamos espacios flexibles, capaces de adaptarse a unas necesidades cambiantes. También deseábamos mucha luz, algún espacio abierto o ajardinado y, en la medida de lo posible, silencio. Todo ello teniendo en cuenta que L’Hospitalet es una de las ciudades más densas de Europa y que el bazar se encontraba en una de sus calles principales.

En febrero de 2023 entramos a vivir. Sueño cumplido. Faltaban cuatro días para que cumpliera 28 años y mi autorregalo fue entrar en mi habitación, ducharme en el baño y cocinar en la cocina que había imaginado durante tantos días, meses y años. Estaba muy feliz, pero también profundamente agotada. Los años de la obra los había compaginado con un trabajo de 40 horas semanales en un despacho de arquitectura, donde realicé mis primeros proyectos para clientes privados. A todo ello se sumaba la presión personal por hacerlo bien, por no defraudar(me), por demostrar(me) que tantos años de carrera habían servido para algo. Era mi primer proyecto de gran envergadura, mi primera rehabilitación, y quería que fuera un proyecto sincero, distinto y único.

Puede que parezca una presión innecesaria, pero cuando se da un paso tan importante como diseñar la casa en la que vas a vivir con tu pareja y a empezar a construir una familia, quieres hacerlo lo mejor posible. Y mejor que mejor, si se puede.

Tres años después de aquella primera noche, puedo hablar desde otra perspectiva. Sin presión. Ya (me) he aprobado el examen y respiro distinto. He madurado como arquitecta y como persona. Hoy me centro más en trabajar y disfrutar que en demostrarme constantemente si soy capaz o no. He aprendido que a veces las cosas salen bien y otras no tanto, y que lo importante es ser sincera con una misma y seguir mejorando. La casa Oasis se ha convertido, de verdad, en nuestro oasis de paz, de libertad, de descanso y de familia. A menudo pienso en qué dibujará mi hijo —que ahora tiene cuatro meses— cuando le pidan que dibuje su casa en el colegio!

El verano pasado, antes de que naciera nuestro hijo, hicimos los primeros cambios importantes en la vivienda. Intervenimos en el jardín central y redistribuimos las habitaciones. La antigua habitación de invitados es ahora la habitación del pequeño; lo que era un estudio se ha transformado en una pequeña sala de gimnasio; y la entrada, que inicialmente solo utilizaba para recibir clientes, se ha consolidado definitivamente como despacho-taller. Hemos podido comprobar que la idea de flexibilidad funciona y que los espacios se adaptan a las necesidades de cada etapa. En el jardín construimos sofás de obra, una gran bañera exterior y una jardinera con un olivo. Era, creo, lo que el espacio pedía, aunque no lo vi —o no lo necesité— hasta que lo vivimos durante un tiempo.

La familia crece, las necesidades cambian y la casa se adapta a nosotros tal y como la imaginé. Ese es uno de los grandes logros de la arquitectura, una disciplina pétrea y aparentemente inmóvil. También hemos descubierto el placer de volver a casa después de unos días de ausencia. Incluso estando de vacaciones, regresar a la paz que se respira en ella es algo impagable. Y, por último, el feedback recibido durante estos años, tanto de personas del mundo de la arquitectura como de fuera de él, ha sido extraordinario. Hay algo en esta casa que se refleja en los ojos de quien entra. Y ese es el motivo por el que sigo diseñando y pensando espacios para vivir.»

Materiales y Mobiliario

Ceràmiques Ferrés. Cartabón 10/31, Lisa verde 31.

Griferia Rovira. Colección Century acabado cromo.

Creative Cables. Aplique pared, luminarias suspensión y guirnalda.
Lluria. Tiras LED, perfiles y difusores.

Wever & Ducré. Downlight SOLID 1.0 Negro.
Linea Light. Uplight ORMA_AJ.
Grau i Grau. Vigas madera maciza.
Ikea. Estantería IVAR.
persianasamedida.com. Toldo patio.
Elica. Placa Induccion – NT ONE BL/F/83 PX.
Future Euro Trade. Bloques de Vidrio.

Proyecto: Casa Oasis.

Programa: Vivienda unifamiliar con garaje, taller, cocina, lavandería, dos baños, tres habitaciones, un patio interior y una terraza exterior.
Ubicación: L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona).
Arquitectura: Marbä artquitectura.

Arquitecta a cargo: Júlia Marbà Prats.
Terminado: 2023. Nueva intervención: 2025.
Superficie construida: 350 m².
Fotografía: Alejandro Gómez Vives.

Texto: Júlia Marbà Prats.

Júlia Marbà Prats

La trayectoria de Júlia Marbà Prats se construye desde la convicción temprana de que la arquitectura no es solo una disciplina técnica, sino una forma de mirar, habitar y transformar la vida cotidiana. Graduada en Arquitectura Superior en 2020 por la Universidad La Salle – Ramon Llull, su formación se amplió pronto hacia el ámbito artístico y cultural. Su estancia Erasmus en Hamburgo despertó un interés profundo por las artes, que a su regreso a Barcelona se tradujo en la decisión de compaginar los últimos años de la carrera de arquitectura con los estudios de Historia del Arte en la Universitat de Barcelona. Una doble mirada —técnica y humanista— que sigue formando parte de su manera de proyectar.

Tras finalizar sus estudios, inició una etapa profesional diversa, colaborando con distintos despachos de arquitectura y constructoras especializados en sostenibilidad y sistemas constructivos en madera. Este periodo fue clave para afianzar su sensibilidad hacia la arquitectura bioclimática y para tomar conciencia del impacto ambiental inherente al sector de la construcción, entendiendo el proyecto como una toma de posición ética además de formal.

El estudio que marcó de manera decisiva su recorrido fue Alventosa Morell Arquitectes, donde trabajó durante tres años. Allí aprendió a pensar la vivienda desde el cuidado, el rigor y la coherencia entre idea, materialidad y uso. Viviendas con carácter, profundamente habitables y comprometidas con la sostenibilidad, concebidas desde una arquitectura honesta y atenta al contexto. Júlia se reconoce abiertamente discípula del estudio, al que define como su verdadera escuela profesional y a cuyos fundadores considera sus “padres” arquitectónicos.

En paralelo, durante seis años fue coordinadora del proyecto cultural 48h Open House Barcelona, una experiencia que amplió su conocimiento de la ciudad desde dentro: sus edificios, sus autores y, sobre todo, las capas históricas y sociales que han construido la excepcional calidad arquitectónica y urbana de Barcelona. Un aprendizaje que reforzó su interés por la rehabilitación y por el diálogo entre pasado y presente.

Actualmente desarrolla su propio estudio, Marbä artquitectura, desde el que desarrolla principalmente reformas integrales con especial atención a la mejora energética y a una arquitectura de marcada esencia mediterránea. Sus proyectos se apoyan en una materialidad reconocible —cerámica vidriada, baldosa de barro, ladrillo, madera natural— y dialogan con la tradición arquitectónica barcelonesa de los años sesenta y setenta, reinterpretada desde una mirada contemporánea y consciente.

Entre sus influencias más tempranas se encuentra la arquitectura de su escuela, la escuela Garbí de Esplugues de Llobregat, obra de Oriol Bohigas, una referencia que resume bien su manera de entender la arquitectura: rigurosa pero próxima, pensada para ser vivida y capaz de generar vínculos emocionales duraderos. “Mediterráneamente” es el lema de su estudio, un guiño cultural y, al mismo tiempo, una declaración de intenciones: una forma de hacer arquitectura todavía difícil de etiquetar, pero profundamente arraigada al lugar, al clima y a las personas.

Marbä artquitectura
Santa Eulàlia, 42
08902 L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)
hola@marbaestudi.com
www.marbaestudi.com
@marba.artquitectura

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