Al sur de Praga, en la región de Bohemia Central, el paisaje se ondula en colinas suaves y bosques a pocos kilómetros del curso del Moldava. Allí se encuentra Nečín, un pequeño pueblo de apenas ochocientos habitantes repartidos en varias aldeas. Durante siglos, la vida del lugar estuvo ligada a la piedra. Desde el siglo XVIII se extrajo aquí un granito gris blanquecino muy apreciado, que acabó revistiendo edificios notables dentro y fuera del país. Cuando la actividad de las canteras cesó, el agua fue ocupando los huecos abiertos por los canteros, y aquellos lugares de trabajo se transformaron en lagunas rodeadas de bosque. En la de Špic florecen hoy los nenúfares y cada junio suena un festival de jazz. La de Vančátka sirve de baño en verano y de pista de patinaje en invierno.
Nečín es un territorio de segundas vidas. Las paredes lisas de roca conservan la huella del trabajo, pero el uso ha cambiado por completo, y lo que fue extracción es ahora paisaje y lugar de encuentro. Esa lógica de transformación lenta, en la que cada etapa se superpone a la anterior y la deja a la vista, recorre también la pequeña casa que el estudio praguense Facha architekti ha reformado y ampliado en el borde del pueblo.








Una casa que crece por capas
La historia del edificio es la de un crecimiento casi orgánico. En origen, la parcela albergaba un establo de una sola planta, sobre la que alguien levantó más tarde una sencilla cabaña de fin de semana. Con los años, aquella cabaña se fue adaptando hasta convertirse en vivienda permanente, y cada cambio dejó su marca en muros y techos. Sus propietarios actuales, una familia de cuatro miembros, amigos del estudio, necesitaban más espacio de estar, una relación real con el jardín y lugar donde guardar los objetos de la vida doméstica que ya desbordaban la casa.
Los arquitectos tomaron ese proceso de crecimiento como punto de partida. La casa se asienta en el límite del pueblo, entre viviendas aisladas y antiguas construcciones agrícolas dispersas, y la ampliación se diseñó como una capa más en su desarrollo, claramente distinta en forma y materia, lo que permite que la historia del edificio siga siendo legible.
El nuevo volumen se adosa a la fachada encalada como un cuerpo ajeno y a la vez familiar. Dos prismas de alturas diferentes, unidos por un plano inclinado que evoca la pendiente de una cubierta, revestidos de chapa ondulada de un rojo intenso. El más alto se separa del terreno sobre apoyos esbeltos y parece suspendido sobre el jardín. La elección de la chapa ondulada fue elegida como material sencillo, duradero y económico, que el propio equipo podía colocar y que otorga a la intervención una identidad contemporánea inequívoca.
Hacia el oeste, una gran ventana corredera abre el estar a una terraza de alerce con amplios peldaños que funcionan como gradas, protegidos por un toldo textil del mismo color rojo. El cuerpo más bajo acoge la nueva entrada principal, y ese desplazamiento del acceso permitió reorganizar la planta original, ampliar el baño y rediseñar la cocina. Los armarios integrados en la ampliación resuelven, por fin, la necesidad de almacenaje.












La intervención alcanza a toda la casa
El sótano y el desván permanecen casi intactos, mientras la planta baja elevada se reconfigura por completo. El edificio original recibió aislamiento térmico, nuevas ventanas de madera, una cubierta de chapa ondulada que dialoga en gris plateado con el rojo de la ampliación, y una bomba de aerotermia. En el interior, el contrachapado de pino da forma a los muebles hechos a medida, el linóleo natural oscuro unifica los suelos, una estufa de leña giratoria ocupa un rincón junto a la cocina y el baño se reviste de enlucido de cemento.
Dentro de la ampliación, el contrachapado de pino forra paredes y techo y su veta pronunciada continúa en bancos corridos, armarios y una pequeña mesa redonda. Es un espacio cálido y envolvente, abierto al jardín, que prolonga el comedor a través de un amplio hueco en el muro original. En la cocina, la encimera roja lleva al interior el color de la fachada.
La arquitectura se ofrece aquí como soporte de la vida cotidiana de una familia, atenta a sus gestos más que a su propia imagen, como vemos en las fotografías que muestran una casa habitada, con libros y discos, pinturas en las paredes, plantas en cada alféizar, sillas de madera curvada en rojo y negro alrededor de la mesa y un perro que vigila el jardín desde la entrada.




Diseñar y construir
Lo más singular del proyecto está en la forma en que se hizo. Como en otras obras del estudio, Facha architekti diseñó la ampliación y la construyó junto a sus propietarios, desde la estructura de madera hasta la fachada y los revestimientos interiores. Las imágenes de la obra lo cuentan mejor que cualquier memoria. El entramado de montantes levantado en una tarde de verano, los rastreles amarillos sobre la lámina impermeable, los primeros perfiles rojos enmarcando huecos y esquinas, los arquitectos sobre el andamio fijando la chapa en pleno invierno.
Para el estudio, esta implicación directa forma parte inseparable de su práctica. En proyectos pequeños y poco convencionales, les permite resolver detalles y soluciones constructivas para los que resulta difícil encontrar contratistas, y les proporciona un conocimiento de los materiales, las técnicas y el oficio que alimenta cada nuevo encargo. Los arquitectos lo explican con claridad: “la presencia física en la obra permite afinar el proyecto a través de innumerables detalles y decisiones que no pueden anticiparse frente a un ordenador”.
Hace años, Martin Chlanda hablaba de la arquitectura como “escultura social”, una práctica que trabaja tanto la forma como las relaciones entre quienes la hacen posible. En Nečín, ambas ideas se encuentran. Una casa ampliada entre amigos, en la que arquitectos y propietarios compartieron herramientas, frío y decisiones.
Quizá sea el lugar adecuado para ello. En un pueblo cuya memoria pertenece a los canteros, que conocían a fondo la piedra porque la trabajaban, este pequeño grupo de jóvenes arquitectos reivindica un saber semejante, aprendido en el contacto directo con la materia. Y como esas canteras que conservan las marcas del trabajo mientras el agua las convierte en otra cosa, la casa guarda las huellas del establo, la cabaña y los arreglos sucesivos, y suma ahora una capa roja que, probablemente, tampoco será la última.





Proyecto: House With a Red Addition
Ubicación: Nečín, distrito de Příbram (República Checa)
Arquitectura: Facha architekti — Martin Chlanda, Andrea Sobotková, Matěj Nepustil, Jana Fischerová, Nikola Gronychová.
Finalizado: 2025.
Superficie construida: 50 m² (casa) + 26 m² (ampliación).
Superficie bruta: 154 m² (casa) + 26 m² (ampliación).
Parcela: 515 m².
Fotografía: Peter Fabo.
Colaboradores y proveedores:
Estructura de madera de la ampliación y acabados: Facha architekti.. Albañilería: Jaroslav Kozohorsky.
Ventanas: Cadre.
Carpintería: Panab, Eman Trefný.
Tapicería: Polstrin, A-ACTU.
Iluminación: Artemide.
Sillas y mesa: Ton.
Linóleo: DLW Colorette, de Gerflor.

Facha architekti
Facha architekti es un estudio de arquitectura fundado en Praga en 2018 por Jana Fischerová, Martin Chlanda y Matěj Nepustil, al que en 2020 se incorporó la artista y diseñadora Andrea Sobotková, completando el equipo actual. Trabajan desde un taller en un patio interior del barrio de Smíchov, y el nombre ya anuncia una manera de entender el oficio, en el checo coloquial, facha es el trabajo, la faena. Los fundadores coincidieron en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica Checa (ČVUT), y parte de sus raíces se encuentra en el estudio Povětroň, donde empezaron a compartir una mirada común sobre la arquitectura rural checa y la búsqueda de su carácter.
Cada uno llegó por un camino propio. Martin se formó en una escuela de artes y oficios de Český Krumlov especializada en la restauración de edificios históricos. Más tarde pasó tres años en el taller interdisciplinario de la Academia de Bellas Artes de Praga, una experiencia que desmontó los prejuicios de su formación anterior y le acercó al arte contemporáneo de Gordon Matta-Clark, Pierre Huyghe o Francis Alÿs. Matěj creció observando la evolución de la arquitectura contemporánea de la mano de su padre, también arquitecto, mientras que Jana, hija de arquitecta, se presentó a las pruebas de acceso de la facultad casi como un tanteo que acabó convirtiéndose en vocación. La llegada de Andrea reforzó una inclinación presente desde el origen, el diálogo con el arte, que el estudio cultiva también en instalaciones para el espacio público realizadas junto a amigos artistas.
Sus referencias combinan la precisión de Peter Zumthor y la tradición suiza y austriaca con la crudeza deliberada de Arno Brandlhuber o Jan De Vylder, pero su fuente más cercana está en el propio territorio. La arquitectura vernácula y la autoconstrucción anónima de los pueblos checos, las consideran una herencia tan fértil como las revistas internacionales que llenan sus estanterías. De ahí su interés por transformar lo existente, desde edificios históricos hasta casas corrientes de la segunda mitad del siglo XX.
La escala reducida es una elección consciente. Las viviendas unifamiliares y los refugios de temporada les ofrecen libertad creativa y, sobre todo, una relación estrecha y prolongada con quienes van a habitarlos. Dentro del equipo, las sensibilidades se complementan: Martin y Jana tienen la capacidad de imprimir en cada casa el carácter de sus dueños, mientras Matěj tiende hacia soluciones más generales, atentas sobre todo al entorno. Martin resume esa ética en la idea de que una casa bien proyectada es una huella de quien la habita, y toma de Joseph Beuys la noción de “escultura social”: más allá de la forma construida, cada obra debería cultivar las relaciones con el cliente y con quienes trabajan en ella, y terminar en amistad.
La obra es el otro lugar natural del estudio. Sus miembros alternan el ordenador con la construcción, convencidos de que combinar trabajo intelectual y físico es una forma sana de pensar la arquitectura, y de que el contacto con el paisaje y con personas ajenas a su círculo enriquece el proyecto. Aquella aspiración temprana de ejecutar con sus propias manos al menos una obra al año se ha consolidado como parte de su práctica, especialmente en proyectos pequeños cuyos detalles poco convencionales resultan difíciles de confiar a terceros. Obras como la casa de Kořenov, entre los montes Jizera y los Krkonoše, o The Box in the Barn, un refugio estacional insertado en un granero de Bohemia oriental, les han dado proyección internacional, y la reforma de un piso junto a la plaza de la Ciudad Vieja de Praga fue nominada en 2025 a los premios Czech Grand Design. Con la mirada puesta también en el espacio público, los pequeños conjuntos urbanos y modelos de vivienda colectiva como las Baugruppen, Facha architekti sostiene que la generosidad de un edificio es independiente de su tamaño, que la intuición y la pasión pesan a menudo más que los parámetros exactos, y que en cada construcción conviven la forma, la estructura y la materia con las personas y las historias que la sostienen.
Facha architekti
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Project by Facha architekti
