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Antonio Obrador

Antonio Obrador (Palma de Mallorca, 1956) encontró su vocación mucho antes de tener nombre para ella. De niño quedó fascinado por los pilares sin basas ni capiteles de La Lonja de Palma, el edificio gótico que Guillem Sagrera levantó en el siglo XV. Esa fascinación temprana se sostuvo contra las presiones familiares que le señalaban otros caminos y confirmó, con el tiempo, lo que Obrador entiende como una certeza: “la vocación es algo innato que uno lleva adentro”.

En 1980 fundó en Mallorca el estudio que hoy lleva su nombre. Más de cuatro décadas después, ese recorrido se ha traducido en un catálogo de arquitectura, interiorismo, decoración y paisajismo que abarca tanto la vivienda particular como, de forma muy señalada, el ámbito hotelero, el terreno en el que Obrador ha construido buena parte de su reputación y en el que firma algunas de las restauraciones patrimoniales más celebradas de las últimas décadas en España.

La obra del estudio se sostiene sobre un diálogo constante entre tradición y modernidad, términos que Obrador se niega a considerar contradictorios. La tradición se expresa en el respeto a los materiales nobles —la piedra, la madera, el hierro— y en la reivindicación del oficio artesano, de la mano experta que los trabaja; la modernidad, en la voluntad de reinterpretar, de responder a las necesidades del presente sin apelar a la nostalgia. Frente a un edificio antiguo, el estudio aborda la rehabilitación desde el respeto y la puesta en valor del trabajo de su autor original; frente a un solar vacío, la obra nueva se libera de esos condicionamientos en busca de un resultado singular. En ambos casos el objetivo declarado es el mismo: una extensión contemporánea de la firmitas vitruviana que Obrador entiende como “diseño perdurable”, ajeno a otros enfoques que dominan buena parte de la construcción actual.

Ese principio ha encontrado su expresión más reconocida en la restauración hotelera. El Hotel Cap Rocat, instalado en la antigua fortaleza de Cap Enderrocat, en Llucmajor, es para el propio arquitecto el proyecto de mayor dificultad y también el de mayor reconocimiento: recibió el Premio de la Unión Europea de Patrimonio Cultural (Europa Nostra) de manos de la reina Sofía en 2018, la distinción más alta que existe en el ámbito de la conservación patrimonial. El Gran Hotel Son Net, en Puigpunyent, llegó a manos del estudio en estado ruinoso y hoy figura entre las veinticinco mejores restauraciones hoteleras del mundo según Condé Nast. A ellos se suman el Hotel Majestic y el Gran Hotel Florida, en Barcelona; el Urso Hotel & Spa, en Madrid; el Palacio Solecio, un palacio andaluz del siglo XVIII en Málaga; y, en las islas, intervenciones como las de La Residencia de Deià, el Castillo Hotel Son Vida o el Gecko Hotel & Beach Club de Formentera.

Al frente del estudio, con sede en el Casc Antic de Palma, Obrador trabaja hoy junto a María Chocarro, arquitecta directora y socia de AO Estudio, con un equipo de quince arquitectos internos y una red de colaboradores externos —ingenieros, paisajistas, interioristas y decoradores— que se completa con artesanos de la piedra, el hierro y la madera. Con más de cuarenta años de trayectoria a sus espaldas, el estudio ha optado por seguir creciendo antes que replegarse: fruto de esa revisión del propio archivo es Hotels (Ediciones El Viso, 2025), primer volumen de una colección que el estudio prevé completar con sendos libros dedicados a la obra nueva y al paisajismo.

El reconocimiento a esta trayectoria incluye, entre otros, el Premio Ramón Llull a la Trayectoria Profesional del Gobierno Balear (2005) y el Premio Ciutat de Palma de Rehabilitación por Ca’n Nadal, un casal del siglo XVII en el casco antiguo de Palma con el que abrió su palmarés en 1985. Cuatro décadas después, Obrador sigue describiendo su oficio en términos de búsqueda antes que de logro: “La perfección no existe, pero en cambio sí existe la búsqueda de la perfección. Solo a base de autocrítica e inconformismo se consigue avanzar en ese camino”.

publicado en Exágono

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