Construir una casa en el medio rural gallego significó siempre negociar con el lugar. Negociar con la lluvia persistente, con el viento del noroeste, con una pendiente que rara vez regala un plano horizontal. La arquitectura popular de Galicia más que a un ideal estético, respondió a un conjunto de razones prácticas que, con el tiempo, terminaron por definir una imagen reconocible. Los muros de granito, de hasta un metro de espesor en las casas más antiguas, buscaban aislar del frío húmedo del invierno y mantener el interior fresco en verano, en una región atlántica donde la humedad es una constante todo el año. La cubierta a dos aguas, cerrada y compacta, resolvía la evacuación del agua de lluvia con la mínima complicación. El hórreo, elevado sobre pilares, protegía el grano de la humedad del suelo y de los roedores sin necesitar más que una buena disposición de piedra y madera. Las galerías llenaban de luz el interior de la casa. El patio, lejos de ser un añadido decorativo, formaba parte del sistema de la vida doméstica. En el patio se cultivaba, se guardaba y se trabajaba al abrigo del viento.
Esa lógica, más que esas formas, es la que recupera Casa Cecebre, la vivienda que el estudio coruñés Sinaldaba —fundado en 2010 por Susana Vázquez Pérez e Ignacio Reigada Cordido— ha construido en la parroquia de Cecebre, del municipio de Cambre (A Coruña). Los propios arquitectos lo explican sin rodeos: «La vivienda no busca reproducir una imagen tradicional ni apoyarse en la nostalgia, sino recuperar las razones que durante siglos dieron forma a la arquitectura rural gallega: la compacidad, el abrigo frente al clima, una implantación cuidadosa sobre el terreno y una escala contenida.»









Un único volumen con cubierta a dos aguas
La casa se organiza en un único volumen de cubierta a dos aguas que se asienta sobre el terreno en pendiente, medio enterrado en su cota más baja. Bajo el nivel principal, la planta inferior de hormigón resuelve los usos de servicio y el aparcamiento, protegido bajo el vuelo del volumen superior; sobre ella, la planta destinada a la vida doméstica se eleva ligera y compacta, con una fachada blanca que, desde la calle, apenas revela lo que ocurre en el interior. La compacidad es selectiva. Hacia el norte, la casa se cierra por completo frente al frío y la humedad dominantes; hacia el sur y el oeste, se abre en busca de la luz y el calor de la tarde.
Un patio central de trazado curvo
El elemento más singular del proyecto, y el que mejor resume su lógica, es el patio central, un vacío de trazado curvo, casi circular, en torno al cual se organiza toda la vida de la casa. Su geometría, ajena a la ortogonalidad del volumen que la envuelve, introduce una tensión deliberada que suaviza el conjunto y refuerza la relación entre la vivienda, el paisaje y los ritmos tranquilos de lo doméstico. Una gravilla clara cubre el suelo, con un único árbol plantado en el centro; alrededor, puertas y ventanas recortadas en el muro blanco enmarcan el patio desde el salón, la cocina, la biblioteca o los dormitorios. Es un espacio intermedio, ni interior ni exterior del todo, que permite habitar el exterior durante todo el año y adaptar la vida cotidiana a las estaciones. Los arquitectos lo llaman un refugio doméstico.







La madera templa la crudeza del hormigón
En el interior, el hormigón visto del techo sigue la pendiente de la cubierta y desciende hasta apoyarse en un paramento de bloques de hormigón de tono claro y textura estriada, perforado por ventanas altas y puertas acristaladas que enmarcan el patio y el paisaje circundante. La madera contrachapada reviste la biblioteca, la cocina y buena parte del mobiliario fijo, y templa con su calidez la crudeza del hormigón visto. El salón, el comedor y la cocina se disponen en un único espacio que sigue la curva del patio, mientras un rincón de trabajo, forrado de estanterías de madera hasta el techo, se recoge tras un muro bajo sin perder la conexión visual con el resto de la casa.
Sinaldaba no reproduce el hórreo, ni la galería, ni el muro de granito: trabaja con lo que esos elementos resolvían. La compacidad, el cierre selectivo, el patio como corazón de la vida doméstica y una escala que respeta el paisaje son, en Casa Cecebre, la misma respuesta que durante siglos dio forma a la casa gallega, traducida sin nostalgia a un lenguaje contemporáneo. Como comentan los propios arquitectos: «Una casa contemporánea, arraigada no a una imagen del pasado, sino a las razones que durante siglos hicieron posible habitar en Galicia.»






.Proyecto: Casa Cecebre
Ubicación: Lugar de Sobreguexe, Cecebre. Cambre (A Coruña).
Terminado: 2026.
Arquitectura: Sinaldaba.
Arquitectos: Susana Vázquez Pérez e Ignacio Reigada Cordido.
Equipo: José Rodríguez Anta, Cristina Manzanera Ramos.
Estructura y dirección de ejecución: Marcial de la Fuente – Calcugal.
Constructora: Gespronor.
Carpintería: Noal.ma.
Iluminación: Halo Iluminación.
Fotografía: Luís Díaz Díaz.

Sinaldaba
Los arquitectos Susana Vázquez Pérez e Ignacio Reigada Cordido fundan Sinaldaba en A Coruña en agosto de 2010, tras completar ambos su formación en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña (ETSAC-UDC), donde cursan estudios de arquitectura, máster y doctorado, y sumar trabajo y colaboración con otros estudios. Reigada participa además en varias ediciones del festival arquia/próxima de la Fundación Arquia con proyectos como la reforma de un ático en la calle San Andrés de A Coruña o una residencia de estudiantes y centro deportivo en Riga: el tipo de ejercicio, entre lo construido y lo concursado, que marca el arranque de una trayectoria que pronto encuentra forma propia.
Sinaldaba se mantiene, por decisión, como un estudio pequeño. «Somos un estudio pequeño, con una forma de trabajar casi artesanal», explican sus fundadores, y esa escala es la que les permite dedicar a cada encargo el tiempo y la minuciosidad que reclama. No hay un método que se repita de proyecto en proyecto: hay una manera de mirar, atenta al contexto, que entiende que cada lugar y cada cliente son distintos y que, por tanto, cada respuesta también debe serlo. De ahí una arquitectura contemporánea y sostenible, pero cargada de identidad, tradición y reflexión, que recorre el diseño, el urbanismo, la obra nueva y, sobre todo, la rehabilitación y la intervención en el patrimonio.
Es en la rehabilitación donde el estudio encuentra su terreno más propio. Desde pequeños apartamentos en el centro histórico de A Coruña hasta edificios completos en Vigo, Sinaldaba proyecta desde el respeto por lo que ya existe, restaurando y recuperando antes que sustituyendo, y añadiendo capas nuevas que conviven con las antiguas como estratos de una misma obra. Ese cuidado se traslada al diseño de espacios de hospitalidad como el Noa Boutique Hotel, uno de los hoteles más bonitos de A Coruña, en el barrio de Santa Cruz, dotado de gran calidez gracias al uso exquisito de la madera como gran protagonista.
El reconocimiento ha llegado en paralelo a esa obra: premio COAG XX de interiorismo y selección en la categoría de rehabilitación, premio APROIN 2021 de rehabilitación, finalista en los premios de rehabilitación de la Xunta de Galicia 2023 y World Luxury Hotel Awards 2022, además de victorias en concursos como el de la sede del CIDEA y, más recientemente, la rehabilitación de San Andrés 88 para el IGVS. Medios de distintos países han publicado su trabajo y el estudio ha formado parte de diversas exposiciones.
Su proyecto más reciente, Casa Cecebre, resume el criterio que atraviesa toda su obra. Vázquez y Reigada desarrollan los principios de la arquitectura gallega –compacidad de volúmenes, protección frente al clima, emplazamiento preciso, relación equilibrada con el entorno– sin reproducir sus formas tradicionales.
Sinaldaba
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A Coruña (Galicia)
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Project by Sinaldaba
