Becoming: Barcelona piensa la arquitectura para un planeta en transición

3 julio 2026
El Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA reúne a 10.000 profesionales y 30.000 asistentes en torno al calor, la vivienda y los materiales del futuro. foto: Arnau Rovira
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Durante cuatro días, Barcelona ha concentrado la mirada de la profesión sobre sí misma. El Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA ha reunido a 10.000 profesionales llegados de 130 países y ha sumado 30.000 asistentes a lo largo de decenas de debates, conferencias y talleres distribuidos entre el Centro de Convenciones del Fòrum, las Tres Chimeneas y el DHub. Treinta años después de acoger la primera edición, la ciudad repite como sede — algo inédito en la historia del congreso — y lo hace coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí.

El lema elegido, Becoming. Architectures for a planet in transition, marca el tono de las cinco jornadas: un verbo en gerundio que invita a observar la disciplina en movimiento, atenta a las transformaciones climáticas, demográficas y sociales que ya condicionan cada decisión de proyecto. Un equipo coral de seis comisarios —Pau Bajet, Maria Giramé, Maria Beneditto, Tomeu Ramis, Pau Sarquella y Carmen Torres—, junto a la presidenta honorífica Fuensanta Nieto, ha construido un programa que entiende la arquitectura como laboratorio colectivo, capaz de aportar respuestas concretas a los grandes retos compartidos por cualquier ciudad del planeta.

El calor redefine la arquitectura

La primera jornada situó el cambio climático en el centro del debate. El arquitecto suizo Philippe Rahm, que trabaja en Francia, resumió el desplazamiento con una frase que ha recorrido el congreso: “Ya no estamos en un clima europeo, sino en el del sur de España o del norte de África: ya no pensamos en construir para Suiza, sino para Túnez”. Su propuesta pasa por diseñar con parámetros climáticos desde el origen del proyecto, tomando como referencia los toldos y las persianas de Sevilla o los musharabis tunecinos, capaces de proteger del sol y el viento sin renunciar a la ventilación.

Mireia Luzárraga, del estudio Takk, defendió pensar las desigualdades térmicas como parte del proyecto y presentó una vivienda concebida por capas, con fachada ciega y materiales como el corcho, donde el frío y el calor entran de forma progresiva. Matthias Schuler, de Transsolar, alertó sobre la inercia térmica de los edificios ante noches cada vez más cálidas, mientras Javier García Germán, de Totem Arquitectos, se refirió al chiringuito de playa como modelo de arquitectura normal: sombra, ventilación y vistas, resuelto con sobriedad y pidió “superar que los problemas arquitectónicos son económicos o técnicos, para integrarlos con ambición en las políticas”.

La reflexión se trasladó también al urbanismo. Los arquitectos japoneses del estudio Bow-Wow presentaron su investigación sobre un posible urbanismo nocturno en Tokio, inspirado en la vida nocturna de El Cairo, Río de Janeiro o Bangkok, y señalaron las ciudades europeas —caminables, seguras, de escala media— como territorio propicio para ensayarlo.

La vivienda, un derecho “no negociable”

El segundo gran eje del congreso giró en torno a la vivienda y los materiales. Eva Franch y Takk presentaron la instalación Monusediment, sobre los obstáculos que las presas del Ebro imponen a la llegada de sedimentos al Delta, acompañada de ocho historias de reparación posible. El Ayuntamiento de Barcelona mostró su apuesta por reutilizar los cascotes de cada obra en la siguiente, con ladrillos reciclados de hormigón y algas. Y el estudio H Arquitectes ilustró, con una simple pieza de madera colocada en vertical y en horizontal, cómo la orientación de un volumen transforma por completo su relación con el espacio.

La clausura, celebrada el jueves 2 de julio en el Palau de Congressos, cerró el encuentro con la lectura de la Declaración de Barcelona, a cargo de la presidenta del CSCAE, Marta Vall-llossera. El texto plantea seis compromisos —tiempo, materia, vida, justicia, escala y significado— que la profesión asume como hoja de ruta. Sobre la vivienda, la declaración es explícita: se trata de un derecho, no del rendimiento de una inversión, y «el derecho a la vivienda no es negociable”. Sobre la construcción, añade que toda intervención tiene un coste global y que la calidad y la belleza pertenecen a todos, no a unos pocos.

Un legado que viaja a Pekín

El arquitecto y urbanista Joan Busquets, presidente honorífico del congreso, situó esta edición en perspectiva: treinta años después de 1996, los retos de la disciplina son ya patrimonio compartido por los medios y la ciudadanía, y las soluciones existen —el reto está en aplicarlas con atención a la tradición local y a las formas de gobernanza de cada territorio. La presidenta de la UIA, Regina Gonthier, definió el congreso como una experiencia que deja una conciencia planetaria renovada: la certeza de habitar el planeta junto a otras especies y otros liderazgos que merecen respeto.

La ceremonia terminó con el gesto simbólico del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, entregando la bandera de la UIA al vicealcalde de Pekín, sede del congreso en 2029. La exposición central, Arquitecturas para un planeta en transición, con 4.000 metros cuadrados de instalaciones y prototipos inéditos en Les Tres Xemeneies, permanece abierta y gratuita hasta el 19 de julio, y ofrece a Barcelona la oportunidad de seguir habitando, unas semanas más, las preguntas que el congreso ha puesto sobre la mesa.