El trabajo como ceramista de Cris Gago –nombre artístico de Cristina Garrón Gómez– no nace de una estrategia ni de una búsqueda calculada, sino de una interrupción. Tras más de quince años vinculada al sector de la moda como diseñadora, algo empezó a desajustarse. No fue una crisis repentina, sino una acumulación silenciosa. El cuerpo, antes que la razón, marcó el límite, y ante ese límite, su decisión fue parar.
La cerámica llegó sin plan. Un taller improvisado, una cita casual con amigas, una experiencia sin expectativas. Y, sin embargo, ahí ocurrió algo esencial. El contacto con el barro activó una relación inmediata, casi física, con el hacer, con el tiempo, con una materia que no responde a la prisa ni al control absoluto. “Me enamoré del material, del contacto directo con la tierra y de todo el proceso que implica la cerámica, desde el inicio hasta el final”, explica Cris.
Desde ese primer encuentro, el camino se ordena sin perder su carácter intuitivo. La formación en la Escola de Ceràmica de la Bisbal d’Empordà, le aporta estructura y conocimiento técnico, pero el núcleo de su práctica permanece intacto: una relación directa con la materia, sin intermediarios, donde cada pieza se desarrolla como un ser vivo, que crece en diálogo con su creadora.


















Cris Gago no dibuja antes de trabajar, no diseña la forma para después ejecutarla. Parte de una idea, a veces de una intención vaga, y deja que el barro responda. El proceso se convierte entonces en una conversación silenciosa: las manos proponen, el material corrige, la forma aparece poco a poco, condicionada por la humedad, la resistencia, el gesto y también por el estado anímico desde el que se trabaja. “Cuando empiezo a tocar el barro se genera un diálogo entre la materia y yo. Es ahí cuando las formas aparecen de manera orgánica”.
Ese diálogo explica la imposibilidad de la repetición, cada pieza es única como consecuencia directa del proceso, no hay dos iguales porque no hay dos momentos idénticos. El barro es una materia viva: se seca, se rehidrata, se transforma, exige atención constante y una escucha activa que define el ritmo del trabajo.
Una de las expresiones más claras de esta relación con la materia aparece en su colección de platets. Pequeños platos nacidos a partir de restos de otros trabajos: fragmentos de barro sobrante que Cris guarda, mezcla y reactiva. Aquí no hay residuo, sino continuidad. “Ni puedo ni quiero tirar nada”, afirma. En ese gesto hay respeto, pero también una ética del cuidado. El material conserva memoria, y trabajar con él implica asumirla.





La paleta cromática de la cerámica de Cris es contenida, predominan los tonos naturales del barro, con un uso muy medido del esmalte coloreado. A veces, la mezcla de barros de distintas procedencias genera variaciones inesperadas, matices que no se buscan de forma deliberada, pero que se aceptan como parte del proceso. La belleza no se fuerza, aparece.
Paralelamente a su producción, Cris Gago desarrolla una intensa labor pedagógica. En las clases individuales, el acompañamiento es cercano y personalizado, cada alumno llega con una idea y el proceso se construye conjuntamente, desde el concepto inicial hasta la pieza final. En los workshops grupales, el trabajo se abre a técnicas y enfoques diversos, manteniendo siempre el énfasis en la experiencia directa con la materia.
La trayectoria previa en diseño de Cris Gago no ha desaparecido, pero se ha transformado. La disciplina, la atención al detalle y la comprensión del objeto como algo destinado al uso se integran de forma natural en su práctica cerámica, no como una herencia formal, sino como un conocimiento interiorizado que hoy dialoga con una forma de hacer más lenta y más consciente.
El universo de Cris Gago se sostiene en la coherencia entre decisión vital, proceso manual y resultado final. Su cerámica no busca el gesto espectacular ni la afirmación inmediata. Se construye desde la continuidad, desde la repetición del acto creativo y la aceptación de la diferencia. Piezas hechas una a una, donde la acción sobre la materia es, sobre todo, de escucha. En ese intercambio silencioso, el trabajo de la ceramista encuentra su sentido.




Cris Gago
Sant Damià 7
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Project by Cris Gago
