En un lugar de Cala Tamarit (Tarragona), donde el bosque desciende hacia un barranco que mira al Mediterráneo con una mezcla de vértigo y sosiego, el arquitecto Raúl Sánchez diseña una casa que parece haber sido cincelada más que construida. Una arquitectura que nace, paradójicamente, de un deseo de peso: “una casa sólida… pesada”, así describe el arquitecto la petición de sus propietarios, una pareja inmersa en el mundo digital que buscaba, para su hogar, lo contrario de la volatilidad que rige su actividad profesional, «acostumbrados a un entorno en el que todo lo sólido se desvanece en el aire, su futura casa debía aportarles no sólo cobijo, sino una experiencia física» comenta el arquitecto.
La materia como refugio
Esta casa se concibe como un cuerpo denso, tangible, donde la materia es capaz de fijar la experiencia. Dos muros de hormigón armado tintado definen su gesto más primario: se repliegan hacia el acceso y generan un patio rehundido, un descenso hacia un mundo donde la presencia del exterior se reduce a cielo y silencio. La huella del encofrado, deliberadamente visible, convierte el hormigón en un registro del tiempo, en una superficie que refleja la luz y el paso de las horas.
La vivienda, dispuesta sin jerarquías explícitas, organiza su vida interior a partir de bloques que contienen baños, armarios o la cocina. Son piezas autónomas, ligeramente desplazadas entre sí, que evitan pasillos y favorecen múltiples rutas posibles. El habitar se convierte así en un recorrido cambiante, donde el espacio nunca se agota en una sola mirada.
La secuencia espacial se abre y repliega con precisión coreográfica: la intimidad más contenida de la entrada desemboca, de pronto, en la cocina luminosa que se abre al bosque de pinos; y desde ella, o desde el acceso, la sala a doble altura aparece en toda su verticalidad, acompañada por una terraza que se asoma al paisaje. Desde allí, una serie de plataformas conduce hacia la piscina, situada justo en el borde donde el terreno se precipita hacia el barranco.











Una ambigüedad fértil
La casa admite lecturas superpuestas. Su rotundidad estructural se desmiente en los voladizos que parecen desafiar la lógica; las pantallas superiores descansan sobre huecos inesperados; la grieta por la que asciende la escalera a la cubierta introduce una fisura que “rompe” las losas que deberían ser continuas. La arquitectura oscila así entre opuestos: cerrada y abierta, oscura y luminosa, rugosa y lisa. Un territorio ambiguo que potencia, en palabras del arquitecto, la “experiencia fenomenológica” de la obra.
Materia responsable
La solidez buscada no renuncia a la responsabilidad ambiental. El hormigón armado, ejecutado reduciendo la huella de carbono, sustituye gran parte del cemento por puzolanas naturales y áridos reciclados; la casa incorpora ventilación cruzada, depósito pluvial, sistemas de aerotermia y una cuidadosa orientación que regula luz y sombra. A ello se suma una fachada de madera de alerce gestionada de forma sostenible, dotada de una serie de «costillas» que protegen los huecos y tamizan la incidencia solar.












Un escenario para habitar el arte y el diseño
En un proyecto donde la materia es protagonista, el mobiliario y el arte actúan como contrapunto sensible, introduciendo capas de historia, tradición y contemporaneidad. Clásicos de Scarpa, Mackintosh, Le Corbusier, Mies van der Rohe o Miguel Milá, seleccionados a través de Fénix Originals, conviven con piezas escultóricas de Maxime Halot y Alex Bellotti, representados por EastWest Space.
Sobre los muros, las geometrías luminosas de Francisco Suárez —la serie Lumen, en varias de sus versiones— se encuentran con las acuarelas delicadas de Malgosia Jankowska, ambas procedentes de Víctor Lope Arte Contemporáneo. El resultado es un interior para ser vivido en el silencio de la contemplación.
En la cocina, las cerámicas de Catalina Montaña aportan un gesto manual y terrenal. En la suite, la China Chair de Chen Darui dialoga con un tapiz de Tasio Ranz, mientras que la pieza Discus 50 de Bartosz Zygmunt recibe al visitante en la entrada como una señal sutil de la sensibilidad artística de la casa. A través de esta constelación de obras, la vivienda se convierte en un espacio que crece con sus habitantes: un lugar donde cada pieza encuentra su sitio, y cada muro sabe esperar a las futuras adquisiciones de una familia que vive el arte como parte natural de su día a día.
Un equilibrio esculpido en la topografía
La casa se asienta en la ladera aprovechando cada pliegue del terreno. La planta baja queda semienterrada para equilibrar tierras de excavación y aportar inercia térmica; el sótano se desplaza para adaptarse a las terrazas naturales; y la orientación noreste-suroeste permite captar la luz justa en cada estancia. Situada a 150 metros del mar, la vivienda dialoga constantemente con el horizonte, reforzada por proporciones que obedecen a la sección áurea.
En un mundo acelerado, la arquitectura de esta casa propone una pausa, y en el ambiente digitalizado en el que trabajan sus propietarios, ofrece una experiencia física intensa. Es una casa para habitar el tiempo: una pieza sólida que, como la roca y la luz de la costa tarraconense, aspira a durar.









Proyecto: Casa en Cala Tamarit
Ubicación: Cala Tamarit (Tarragona).
Área construida: 355 m2.
Terminado: 2025.
Arquitectura: Raúl Sánchez.
Fotografía: David Zarzoso.
Equipo del proyecto: Arquitectura: Paolo Burattini, Flavia Thalisa Gütermann, Carlos Montes.
Estructuras: Diagonal estructuras.
Ingeniería: Marés ingenieros.
Aparejador: Jordi Juncosa.
Carpintería de Aluminio: Jaume Costa.
Fachadas y ventanas de madera: Ar.Mol.
Trabajos en metal: Metal Ware.
Carpintería interior de madera: Valles Carpintería.

Raúl Sánchez
La arquitectura de Raúl Sánchez no se construye solo con materia, sino también con ideas, emociones y silencios. Desde su estudio en Barcelona, Raúl Sánchez Architects, fundado en 2006, desarrolla una práctica que desafía las convenciones sin romper la armonía, donde cada proyecto es una oportunidad para investigar los límites del espacio, la luz y la percepción.
Formado como arquitecto en la Universidad de Granada, su trayectoria ha estado marcada por una constante vocación experimental. Sánchez no busca repetir fórmulas, sino formular preguntas. Le interesan los vacíos tanto como los llenos, las geometrías inesperadas, los recorridos que no se explican del todo, y esa delicada línea donde lo técnico y lo sensorial se funden. Su obra se expresa a través de un lenguaje propio: preciso, audaz, pero profundamente respetuoso con el contexto.
En cada uno de sus trabajos, ya sean rehabilitaciones, viviendas unifamiliares, instalaciones efímeras o interiores de intensa carga narrativa, hay una voluntad de transformar lo cotidiano en extraordinario. Su aproximación es profundamente conceptual, pero nunca se aleja de lo físico. Para Sánchez, la arquitectura es una experiencia espacial que debe sentirse, recorrerse y vivirse. Y es en ese tránsito donde aflora la belleza.
Trabaja actualmente en lugares como Nueva York, Munich, Barcelona y Madrid, y sus proyectos han sido ampliamente publicados y premiados, tanto en España como en el ámbito internacional.
Más allá de su práctica profesional, Raúl Sánchez también cultiva una intensa actividad académica. Desde 2017 es profesor de Proyecto de Diseño Interior en la escuela Elisava.
Raúl Sánchez proyecta con rigor, pero también con riesgo. Cree en la arquitectura como una forma de pensamiento que se construye con gestos medidos, con vacíos intencionados, con materiales que envejecen con dignidad. Sus espacios no se explican de una vez: invitan, sugieren, acompañan. Y en ese acompañamiento, quienes los habitan descubren que vivir también puede ser una forma de contemplar.
Raúl Sánchez Architects
Pujades 152
08005 Barcelona
rsa@raulsanchezarchitects.com
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@raulsanchezarchitects
Project by Raúl Sánchez
