Casa Lola: construida por José Antonio Miguel, cofundador de Bate, junto a su pareja, la diseñadora Ana Manuela Mejía, en la sierra de Madrid

27 agosto 2026
La casa refleja, sin intermediarios, las inquietudes creativas y personales de quienes la habitan, y ha bastado para convertirla en uno de los proyectos residenciales más comentados del último año en las revistas de arquitectura.
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La oficina creativa Bate dirigida por los arquitectos Álvaro Carroquino y José Antonio Miguel, se ha hecho un nombre trabajando la arquitectura como herramienta de comunicación de marca, con proyectos de retail, hostelería y arquitectura efímera para firmas como Adidas, Mango o Bimba y Lola. Casa Lola es su primer proyecto de arquitectura residencial y, precisamente por eso, funciona como algo más que una vivienda, es el manifiesto doméstico de un estudio que hasta ahora había puesto su método al servicio de otras marcas y que aquí lo aplica, por primera vez, a su propia historia.

Situada en Moralzarzal, a unos 40 minutos de Madrid y al amparo de la sierra, Casa Lola es la vivienda unifamiliar de 260 m² que José Antonio Miguel, cofundador de Bate, ha construido junto a su pareja, la diseñadora Ana Manuela Mejía. Se trata de un ejercicio de autopromoción arquitectónica. La casa refleja, sin intermediarios, las inquietudes creativas y personales de quienes la habitan, y ha bastado para convertir a Casa Lola en uno de los proyectos residenciales más comentados del último año en las revistas de arquitectura.

Dos geometrías, un símbolo

El proyecto parte de dos formas elementales, un cilindro que actúa de base y, apoyado sobre él, un prisma con la silueta clásica de una cubierta a dos aguas, la imagen más primaria que existe de una casa, la que cualquiera dibujaría de niño. “Nos interesaba trabajar con formas geométricas puras capaces de convertir la casa en un símbolo reconocible sin caer en excentricidades ornamentales” comentan los arquitectos.

La base circular responde al objetivo de ocupar la máxima edificabilidad permitida sin renunciar al jardín, que rodea la vivienda sin interrupciones y multiplica los puntos de fuga hacia el paisaje de la sierra.

Los arquitectos citan abiertamente la teoría de la ‘Casa Pato’ formulada por Robert Venturi y Denise Scott Brown, en la que la forma de un edificio expresa de manera explícita su función. “Casa Lola presenta su función de manera explícita a través de su cubierta a dos aguas, un prisma simple extruido que grita hogar, mientras que su interior se convierte en un espacio de encuentro, de diversión y de interacción con el entorno” comenta Álvaro Carroquino.

El reto, admite el estudio, estuvo en administrar la tensión entre esa fachada casi arquetípica y la experiencia interior. “A nivel creativo, lo más complicado ha sido minimizar los extras de diseño, trabajando con formas geométricas puras que hiciesen de la casa un símbolo sencillo hacia el exterior, mientras el interior es lo suficientemente complejo para tener la personalidad que el paso del tiempo puede dar a cada rincón” comentan los arquitectos.

Una casa sin puertas ni pasillos

Esa complejidad se despliega, sobre todo, puertas adentro. Casa Lola no tiene puertas ni pasillos, los espacios no se separan mediante muros, sino a través de cambios de nivel, plataformas y transiciones que permiten que la luz y la circulación atraviesen la vivienda de forma continua.

La planta circular refuerza esa sensación de continuidad. Al eliminar esquinas y pasillos convencionales, la propia circulación se convierte en parte del espacio habitable, y la mirada mantiene casi siempre una relación visual con otras zonas de la casa.

En la base circular se concentra la zona más pública de la vivienda: cocina y salón alrededor de la chimenea, además de dos habitaciones flexibles para invitados. El volumen superior, el que adopta la silueta de ‘casa’, se organiza en tres niveles: un salón más privado con vistas a la sierra, un baño completamente abierto al exterior en paredes y techo, y el dormitorio principal. Las tres plataformas dan acceso a la cubierta de la base circular, convertida en terraza sobre el jardín.

Una arquitectura pensada para cambiar

Detrás de esta organización hay una idea de fondo sobre cómo debe envejecer una casa. “La funcionalidad no parte de definir cada espacio de una manera demasiado cerrada, sino más bien de evitar compartimentar en exceso. Nos interesaba que la casa pudiera cambiar con el tiempo y que sus habitantes fueran apropiándose de ella de formas que quizá no estaban previstas desde el principio” comenta José Antonio Miguel.

Es una arquitectura que, según sus propios autores, entiende la flexibilidad como la capacidad de no quedarse cerrada en una única solución. “La vida cambia, y la casa tiene que poder acompañar esos cambios sin necesidad de transformaciones radicales”

El interior como contrapunto

Al rigor geométrico del exterior se le opone, dentro de la casa, una decoración que funciona como contrapunto cálido: superficies continuas y una gama de materiales neutra ceden el protagonismo a los objetos que sus habitantes han ido incorporando con el tiempo. El arte —muy presente por la relación de Ana Manuela Mejía con el mundo de las galerías— convive con muebles originales de Bogotá en madera de guayacán y con piezas más contemporáneas. La casa se construye así desde la mezcla, el uso y el tiempo.

El resultado es una vivienda que, vista desde fuera, remite al dibujo más elemental de un hogar y que, en el interior propone una forma de vida más libre y menos predecible de lo que su silueta promete. Casa Lola no es solo la primera casa que firma Bate, es la demostración, a escala doméstica, de todo lo que el estudio ha defendido hasta ahora en sus proyectos para otras marcas, que la arquitectura, antes que nada, es un medio para contar una historia.

Proyecto: Casa Lola.
Ubicación: Moralzarzal (Madrid).
Terminado: 2024.
Arquitectura: Bate.
Arquitectos: José Antonio Miguel y Álvaro Carroquino.
Fotografía: Borja Llobregat.

Álvaro Carroquino y José Antonio Miguel, arquitectos socios fundadores de Bate.

Bate

Bate es una oficina creativa fundada en Madrid en 2021 por los arquitectos Álvaro Carroquino (Gijón, 1991) y José Antonio Miguel (Madrid, 1991). Formados en la Universidad CEU San Pablo, ambos han desarrollado durante más de una década una manera de entender la arquitectura que se mantiene deliberadamente al margen de sus circuitos convencionales. 

“Las marcas ya no quieren que las mires. Quieren que entres, que te quedes y, sobre todo, que lo compartas. En este cambio de paradigma donde la experiencia ha sustituido a la campaña convencional, el espacio físico se ha convertido en un nuevo lenguaje. Ya no se trata de diseñar tiendas o eventos, sino de construir relatos que se puedan habitar. Ahí es donde aparece Bate un estudio de diseño dirigido por arquitectos que está redefiniendo cómo las marcas existen en el mundo real. El espacio deja de ser un contenedor para convertirse en mensaje.” explican los arquitectos.

El estudio trabaja entre la arquitectura, el diseño y la dirección creativa, desarrollando espacios, objetos y experiencias para marcas e instituciones: proyectos de retail, hostelería, espacios de trabajo, instalaciones y arquitectura efímera. Firmas como Adidas, Mango, Bimba y Lola, VIPS o Mr Boho, y locales como el restaurante Laveintiocho, Lazo Café o la cadena Burger Jazz forman parte de un porfolio que entiende la arquitectura como un medio de comunicación digital y físico. Cada proyecto parte de una idea y la traduce en una experiencia física reconocible.

Frente a la lógica habitual del sector, donde el diseño se plantea como una fase previa a su ejecución, Bate integra concepto, desarrollo técnico y producción dentro de un mismo proceso, manteniendo el control del proyecto desde su planteamiento inicial hasta su construcción. Cada decisión formal, material o presupuestaria forma parte de un mismo sistema: diseñar implica aquí asumir la complejidad constructiva, no delegarla.

Ese mismo rigor —heredado de la disciplina arquitectónica y traducido en pensamiento sistémico, control técnico y atención al detalle— se aplica también a los proyectos más efímeros, aunque duren apenas unos días. Bajo esta mirada, la arquitectura efímera deja de ser escenografía para convertirse en estrategia: un pop-up no es ya solo un lugar temporal, sino una herramienta para construir identidad, generar contenido y activar comunidad.

Detrás de este enfoque hay un universo de referencias construido deliberadamente desde fuera de la arquitectura convencional: el diseño de producto, el universo Apple de los años 2000, el legado editorial de Domus, el cine o los fashion shows conviven en una aproximación que prioriza los sistemas bien pensados frente a las estéticas pasajeras. El resultado, difícil de encasillar, es lo que sus propios fundadores describen como una nueva forma de pensar el diseño: más híbrida, más estratégica y más conectada con cómo las marcas —y, como demuestra su primer proyecto residencial, también las personas— quieren existir hoy.

Junto a Bate, ambos arquitectos mantienen proyectos paralelos que amplían ese mismo territorio: Bate Social Store, un espacio en Madrid que difumina los límites físicos entre cultura, estilo y arte, pensado para generar conexiones y experiencias únicas; y CMMV.group, con el que ayudan a las marcas a diferenciarse diseñando relaciones con su audiencia. Los dos compaginan además su práctica profesional con la docencia: dirigen proyectos experimentales y talleres de producción en el IED Istituto Europeo di Design, y han impartido clases en Dmad y en la Escuela TAI, trasladando a las nuevas generaciones de arquitectos y diseñadores su visión híbrida del oficio.

Ávaro Carroquino

Álvaro Carroquino (Gijón, 1991) es arquitecto por la Universidad CEU San Pablo (2011-2017). Cofundador y director creativo de Bate, ejerce además como director creativo de CMMV.group y como director de desarrollo creativo de Tapa Relationship Spaces. Desde 2018 es profesor de IED Madrid y director de Proyectos Experimentales en IED Visual Arts Madrid. Impartió clases en la Escuela TAI (2022-2024). Su perfil combina la práctica arquitectónica con una actividad docente sostenida.

José Antonio Miguel

José Antonio Miguel (Madrid, 1991) arquitecto por la Universidad CEU San Pablo (2009-2016). Cofundador de Bate y responsable de Bate Social Store, compagina su actividad en el estudio con la docencia en el Máster de Dirección Creativa para Espacios Comerciales del IED y en el Máster Oficial Universitario en Diseño y Arquitectura de Dmad. Antes de fundar BATE trabajó como redactor de contenidos en Souvenir Magazine.

Junto a su pareja, la diseñadora Ana Manuela Mejía, vinculada al mundo de las galerías de arte, José Antonio Miguel firma Casa Lola: el primer proyecto de arquitectura residencial del estudio y, hasta la fecha, su ejercicio más personal.

Bate
Santa María, 14
28014 Madrid
info@bate.work
+34 678 233 178 (Álvaro Carroquino)
bate.work
@bate.work 

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