La obra pictórica de Alicia Gimeno habita en un territorio donde la materia y el gesto se encuentran en un diálogo silencioso. Su lenguaje plástico se nutre de formas orgánicas impregnadas de naturaleza, arraigadas en la memoria arquitectónica del modernismo catalán, y de una mirada atenta hacia la espiritualidad de la caligrafía japonesa. En sus lienzos, el color se repliega para ceder protagonismo a la energía de la línea, al ritmo pausado de la repetición y a la resonancia del espacio vacío.
Cada trazo es un instante de respiración contenida, una huella que no se limita a representar la naturaleza, sino que se adentra en ella. La artista explora conceptos como ma (el espacio cargado entre las cosas) y wabi sabi (la dignidad serena de la imperfección) no como símbolos fijos, sino como ideas vivas. Su “caligrafía abstracta” surge de la intuición botánica y de una voluntad de invitar a la lentitud, la intimidad y la contemplación, creando espacios pictóricos que son, a la vez, materia y silencio.












Fairmont Tokio: el gesto a escala arquitectónica
La relación de Alicia Gimeno con la estética japonesa alcanzó un punto culminante con su participación en el proyecto del Fairmont Tokyo, comisariado por Interculture Art. En esta intervención, su trazo se desplegó a gran escala, trascendiendo el lienzo para integrarse en elementos arquitectónicos y decorativos del hotel.
Entre las obras más destacadas se encuentran grandes paneles de yeso de cuatro metros de altura, inspirados en las tradicionales puertas interiores japonesas. Estas superficies, libres de las limitaciones del bastidor, permitieron a la artista desarrollar gestos amplios, orgánicos, capaces de envolver al espectador en una experiencia casi inmersiva. El proyecto también incluyó la intervención de piezas singulares, como una campana de cocina de diez metros en bronce grabado, o distribuidores de cristal en zonas comunes, cuya interacción con la luz crea un delicado juego de opacidades.
Recorrer estos elementos es, para la artista, comparable a caminar por un bosque: un espacio donde la calma se vuelve intensa y la conexión con lo esencial se hace presente. Fue también una oportunidad para trabajar junto a artesanos y profesionales de oficios diversos, abriendo un diálogo fecundo entre arte y artesanía.




Caligrafía y palabra: un proyecto futuro
El interés de Alicia Gimeno por la caligrafía no se limita a su traslación plástica: se adentra también en la palabra escrita como territorio creativo. En sus estudios con la doctora en Bellas Artes Hsiao Lin Liu, experta en caligrafía cursiva, descubrió la profundidad de un gesto que trasciende lo mecánico y roza lo espiritual, inspirando tanto a pintores informalistas como a su propia práctica artística.
De estos encuentros surgió la idea de un libro estético y ensayístico que recoja conversaciones, reflexiones y material visual, estableciendo un puente entre lo que la artista busca aprender y lo que su maestra quiere transmitir. Aunque el proyecto aún no tiene fecha de publicación, para Gimeno representa una exploración más íntima e introspectiva, donde la palabra y la imagen se encuentran para seguir interrogando el misterio del trazo.
Alicia Gimeno
Alicia Gimeno nació en el seno de una familia de ingenieros, donde el entendimiento técnico del espacio era ley. Sin embargo, desde su infancia, cultivó una fascinación por la abstracción, resignificando la rigidez como un lienzo para el juego creativo y la libertad emocional.
Formada en diseño gráfico durante su estancia en México, Gimeno absorbió la expresividad de la caligrafía oriental y el lenguaje profundo del trazo manual, entendiendo el acto de escribir más allá del lenguaje, como una forma de expresión pura y espiritual.
Desde 2021, su obra ha transitado hacia una poesía visual que convoca lo vegetal y lo abstracto: líneas que emergen como raíces, como recorridos íntimos que vinculan forma y origen, gesto y existencia.
Lenguaje visual y filosofía creativa
En su práctica artística, Gimeno parte de una utopía estética: despojar las formas de todo lo que no son en esencia, para permitirles hablar por sí mismas. El blanco y el negro se convierten en su vocabulario cromático, polaridades que ofrecen claridad a ese diálogo íntimo con la línea y el espacio.
Sus lienzos son también superficies materiales —textiles, telas, contextos— donde el gesto visual florece, donde el espacio y la materia se entrelazan en una danza orgánica.
Alicia Gimeno habita el espacio donde la elegancia de la abstracción y la sabiduría de los orígenes conviven. Cada línea, cada forma, surge de una raíz y se despoja de palabras para existir como gesto. El negro en blanco, en su obra, no es contraste: es susurro, raíz, trazo que emerge del silencio.
Es el arte que reconoce que toda forma está inscrita en un contexto —en la materia, en el recuerdo, en el aire— y, al mismo tiempo, que solo cuando hablamos desde la esencia, podemos realmente escuchar lo que las formas desean decir.
Fuentes: Alicia Gimeno y Fairmont Tokio.
Alicia Gimeno
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@_a.gimeno
Project by Alicia Gimeno
