Feliumorell rehabilita Cal Poeta Colom, un palacio barroco del casco antiguo de Palma, que ahora tiene una nueva vida

15 octubre 2026
Su hermoso patio, las bóvedas de marés o el artesonado del XVI conviven con los numerosos objetos del propietario, un viajero infatigable.
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El centro histórico de Palma se recorre deambulando por sus calles, pero se admira, sobre todo, en el interior de sus edificios. Tras las fachadas sobrias de su trazado medieval, uno de los cascos históricos más extensos y mejor conservados de Europa, la ciudad guarda su arquitectura más íntima en los patios de los antiguos casals. Son espacios de umbral entre la calle y la casa, donde el marés, el hierro forjado y la luz cenital componen una forma de habitar que lleva siglos repitiéndose con variaciones. Quien recorre Can Savellà o la calle Portella, o se asoma al Casal Balaguer, aprende pronto que en Palma una puerta entornada es una invitación a mirar.

Es también la ciudad del mestizaje arquitectónico. Sobre la planta de la ciudad romana fundada en el año 123 a. C. se superpusieron la medina islámica, la ciudad gótica, los palacios barrocos y la fantasía modernista, y cada capa dejó rastro de la anterior. La Catedral y la Almudaina, enfrentadas sobre el Parc de la Mar, condensan ese diálogo a escala monumental. Los casals lo repiten a escala doméstica, en cada patio, cada escalera y cada artesonado escondido tras las ventanas de los espacios interiores.

El estudio de arquitectura Feliumorell, fundado por Luis Feliu y Carlos Morell, ha restaurado uno de esos edificios, catalogado y protegido, convirtiéndolo en vivienda para su propietario actual, Leif Steiner, publicista y fotógrafo estadounidense. El interiorismo nace de la colaboración con el diseñador industrial Jaume Martorell, y el proceso completo, desde la solicitud de licencia hasta el final de obra, se extendió durante casi seis años. Un tiempo largo, acorde con la delicadeza del proyecto a realizar.

El patio, de un manierismo de influencia francesa, se organiza en torno a columnas de mármol rojo en forma de pirámide invertida, una escalera de piedra con baranda de hierro forjado y un pozo que conserva su herrería original.
Allí donde el patio exhibe su baranda barroca, la casa responde con una herrería contemporánea, también hecha a mano y en la isla.

Cal Poeta Colom

El edificio, conocido hoy como Cal Poeta Colom y antes como Can Andreu, es un palacio barroco construido en la segunda mitad del XVIII. La familia Colom lo adquirió en 1930 y lo reformó por completo. En él vivió el poeta mallorquín Guillem Colom (Sóller, 1890 – Palma, 1979). Su patio, de un manierismo de influencia francesa, se organiza en torno a columnas de mármol rojo en forma de pirámide invertida, una escalera de piedra con baranda de hierro forjado y un pozo que conserva su herrería original. Los dibujos que Santiago Sebastián recogió en Arquitectura mallorquina moderna y contemporánea muestran ese mismo patio tal como llega hasta hoy: la doble arcada, el arranque de la escalera y el abanico de hierro que remata la baranda.

Hacia el interior, el edificio acumula otras épocas. Hay artesonados de madera en el zaguán y en el estudi, el entresuelo, y en el semisótano sobrevive un arco de piedra de época musulmana. La vivienda ocupa precisamente esos niveles, y su historia empieza con una paciente labor de reunión. El propietario fue comprando, una a una, cuatro propiedades independientes del edificio: un apartamento en el entresuelo, un local comercial en el semisótano y dos trasteros a la altura del patio. El resultado son 235 metros cuadrados repartidos en dos plantas.

Una incisión en el interior

El reto central del proyecto era unir cuatro piezas situadas a distintas alturas dentro de un edificio protegido. Los arquitectos respondieron con una intervención que ellos mismos describen como “quirúrgica”. El análisis de las propiedades reveló la existencia de un único forjado de hormigón, el único elemento estructural sin protección, y en él se abrió el hueco por el que hoy discurre la escalera interior. El resto de las conexiones aprovecha los pasos ya existentes en los muros. Así, todos los forjados de madera, las bóvedas de piedra y los muros se conservaron intactos, sin una sola abertura nueva.

La escalera se convierte así en una pieza con gran protagonismo en la casa. Diseñada por los arquitectos para este lugar y construida por el joven herrero local Juan Jalao, traza una línea blanca y ligera junto a un muro de sillares de marés. A su lado, una librería de suelo a techo con escalera de mano reúne libros, tallas, aves naturalizadas y objetos recogidos en viajes. En el vacío cuelga la lámpara diseñada a seis manos entre Contain, los arquitectos y el propietario: una constelación de globos de alabastro suspendidos a distintas alturas, sobre algunos de los cuales se posan pequeñas figuras de pájaros. El gesto establece un diálogo directo con el palacio. Allí donde el patio exhibe su baranda barroca, la casa responde con una herrería contemporánea, también hecha a mano y en la isla.

Una vez resuelta la conexión, el proyecto priorizó unificar espacios y abrir perspectivas largas. Los vanos de los muros gruesos funcionan como marcos. A través de uno de ellos se ve la cocina bajo el artesonado, y a través de otro el dormitorio, con su cabecero de nogal y su pared de máscaras.

La escalera, diseñada por los arquitectos, fue construida por el joven herrero local Juan Jalao. Una librería de suelo a techo con escalera de mano reúne libros, tallas, aves naturalizadas y objetos del propietario.
En el vacío cuelga la lámpara diseñada a seis manos entre Contain, los arquitectos y el propietario.

Protagonismo de techos y muros

En una casa con un artesonado del siglo XVI, bóvedas de marés, muros de sillería y restos arqueológicos, la decisión decisiva del interiorismo fue situarse en segundo plano. Los arquitectos eligieron un pavimento continuo de microterrazo de Huguet en piezas de 100 × 100 centímetros, de tono neutro, y un mobiliario sencillo con el nogal como hilo conductor. Los materiales son de calidad y de presencia discreta, al servicio de los verdaderos protagonistas, que son los techos y las paredes que la casa ya tenía.

La vivienda se desarrolla en torno a la sala principal, que reúne estar, comedor y cocina bajo el artesonado. Sus 2,80 metros de altura hacen el espacio contenido y generoso a la vez. Sus ventanas, veladas por cortinas de lino, dan a una callejuela tranquila del casco antiguo. La cocina, un modelo b3 de Bulthaup en nogal americano aserrado desarrollado junto a Bulthaup Nicolau, se apoya contra un muro de sillares a la vista. La isla, coronada por una losa de cuarcita Perla Venata de Levantina en acabado envejecido, reúne la vida cotidiana bajo la retícula de casetones. El sofá y los taburetes de Carl Hansen & Søn, el taburete de Vitra y las piezas de La Pecera completan una escena en la que cada mueble tiene peso propio y deja que la madera tallada del techo conserve su protagonismo.

El semisótano, antiguo local comercial, es el lugar donde la casa alcanza su estrato más profundo. Las bóvedas de marés cubren aquí el dormitorio y el baño, y una línea de luz oculta en su arranque, junto a las luminarias de Davide Groppi, revela la textura de cada sillar. Varias aberturas acristaladas en el suelo dejan ver los restos arqueológicos del subsuelo, entre ellos una cavidad donde reposa un conjunto de ánforas de barro. En el baño, bajo la bóveda, la bañera Borghi de Antonio Lupi, de resina verde translúcida, introduce la nota de color más inesperada de la casa, con este objeto rotundamente contemporáneo que, iluminado, parece contener agua y luz a la vez. Junto a ella, el taburete de Jean Prouvé para Vitra y el banco y los lavabos de piedra tallados a medida por el artesano Camposol devuelven la escena a la escala del oficio.

El sofá y los taburetes de Carl Hansen & Søn, el taburete de Vitra y las piezas de La Pecera completan una escena en la que cada mueble tiene peso propio y deja que la madera tallada del techo conserve su protagonismo.
Cocina: modelo b3 de Bulthaup en nogal americano aserrado desarrollado junto a Bulthaup Nicolau. Isla coronada por una losa de cuarcita Perla Venata de Levantina en acabado envejecido.
Los vanos de los muros gruesos funcionan como marcos.
Las bóvedas de marés cubren aquí el dormitorio y el baño, y una línea de luz oculta en su arranque, junto a las luminarias de Davide Groppi, revela la textura de cada sillar. 
La bañera Borghi de Antonio Lupi, de resina verde translúcida, introduce una nota de color inesperada.
Varias aberturas acristaladas en el suelo dejan ver los restos arqueológicos del subsuelo, entre ellos una cavidad donde reposa un conjunto de ánforas de barro.
Lavabos de piedra tallados a medida por el artesano Camposol 

El propietario y su aportación al proyecto

La casa pertenece a Leif Steiner, publicista y fotógrafo estadounidense especializado en retrato. Su trabajo consiste en fotografiar en primer plano a personas de distintos orígenes junto a sus efectos personales (joyas, vestimentas, peinados) para poner en valor sus culturas y tradiciones. Viajero incansable, encontró en Mallorca la base europea desde la que preparar sus expediciones.

El proceso de diseño adoptó la lógica de su oficio. Ante cada decisión importante, los arquitectos presentaban una serie de propuestas y el propietario elegía una de ellas, que el estudio desarrollaba después hasta convertirla en realidad. La casa resultante es, en palabras de sus autores, ecléctica, porque concilia elementos de procedencias muy distintas. Por un lado están las arquitecturas de varios siglos que el edificio ya contenía; por otro, los objetos que el propietario ha reunido en sus viajes por todo el mundo: máscaras de Camerún, estatuas de Indonesia, objetos de Etiopía, muebles de Marruecos, muñecas kokeshi y máscaras policromadas; todas ellas están desplegadas en distintos espacios de la casa.

Hay algo de autorretrato en esta vivienda. Del mismo modo que Steiner fotografía a sus modelos junto a aquello que los identifica, Feliumorell ha diseñado un edificio con sus joyas más valiosas a la vista: el artesonado, la bóveda, el arco musulmán, las ánforas bajo el suelo. Sobre ese fondo, las colecciones del propietario añaden una capa más a esta casa hecha de capas, como la ciudad de Palma. La casa del poeta Guillem Colom acoge hoy a un viajero, y el mestizaje que define a Palma, el de sus patios, sus iglesias y sus palacios, encuentra aquí una continuidad doméstica, discreta y profundamente respetuosa con su historia.

Materiales y mobiliario

Pavimento: microterrazo de Huguet, 100 × 100 cm.
Escalera y rejillas de latón: Juan Jalao (herrero), diseño de Feliumorell.
Cocina: Bulthaup b3 en nogal americano aserrado, con Bulthaup Nicolau; encimera de cuarcita Perla Venata de Levantina; inducción Bora; horno Gaggenau; grifería Blanco Fontas S2.
Baños: bañera Borghi 180 y mueble de lavabo de Antonio Lupi; grifería de Gessi y CEA; lavabos y banco de piedra a medida de Camposol; sanitarios de Catalano.
Mecanismos: Font Barcelona, serie More.
Cortinas: lino.
Mobiliario: sofá y taburetes de cocina de Carl Hansen & Søn; taburetes de Vitra (incluido el modelo de Jean Prouvé); taburete y mesa de centro de La Pecera; carpintería a medida de Estils i Formes; camas Hästens.
Iluminación: lámpara de escalera y apliques de dormitorio de Contain; luminaria sobre isla y espejos de Occhio; bóvedas de Davide Groppi; iluminación técnica de iGuzzini.

Proyecto: Vivienda en Cal Poeta Colom.
Ubicación: Casco antiguo de Palma, Mallorca.
Arquitectura: Feliumorell (Luis Feliu, Carlos Morell).
Interiorismo: Feliumorell en colaboración con Jaume Martorell.
Superficie: 235 m² en 2 plantas.
Terminado: 
2026.
Fotografía: Neus Pastor.
Fuente: Feliumorell.

Luis Feliu y Carlos Morell, arquitectos fundadores del estudio Feliumorell.

Feliumorell

Fundado en Palma en 2017 por los arquitectos Luis Feliu y Carlos Morell, Feliumorell es un estudio que desarrolla su trabajo en toda la isla de Mallorca. Su práctica parte de una convicción sencilla y exigente: cada proyecto debe encontrar su respuesta en el lugar, a través de una arquitectura contemporánea y sostenible que dialoga con la tradición constructiva de la isla y la incorpora al lenguaje de su tiempo. Antes de fundar el estudio, ambos socios acumularon años de experiencia en despachos locales y nacionales. Ese recorrido se traduce hoy en un oficio atento por igual a la obra nueva y a la rehabilitación, donde la memoria de los edificios se trata como materia de proyecto. Completan el equipo el arquitecto técnico Ramón Ripoll y la arquitecta Lara Lamas.

Luis Feliu

La formación de Luis Feliu tuvo un marcado carácter internacional. Estudió en la École Nationale Supérieure d’Architecture de Marseille (2010–2011) y en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en México (2011–2012), antes de completar el máster en Arquitectura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en 2013. Ese mismo año se estableció en Mallorca como arquitecto independiente. Durante más de cuatro años firmó proyectos de vivienda unifamiliar, reformas y rehabilitaciones, junto a un intenso trabajo técnico —certificaciones energéticas, adecuación de locales, valoraciones y estudios urbanísticos— que le dio un conocimiento minucioso del territorio insular y de su normativa. Entre 2014 y 2018 colaboró además con nb arquitectes en la redacción y el diseño de proyectos. Su interés por el marco legal de la disciplina lo llevó a cursar el título de Experto universitario en derecho urbanístico y ordenación del territorio en la Universitat de les Illes Balears (2015–2016). Es una especialización que cobra pleno sentido en contextos tan delicados como el centro histórico de Palma.

Carlos Morell

Arquitecto y cofundador de Feliumorell, Carlos Morell está vinculado al estudio desde sus inicios, en 2017. Antes desarrolló su carrera en estudios de arquitectura de ámbito local y nacional, una experiencia que hoy aporta a la práctica compartida del despacho desde Palma.

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