La casa de la abuela en Majadahonda se convierte en un hogar contemporáneo en clave pop-retro con la intervención de Paula Ábalos

30 septiembre 2026
Un amarillo largamente deseado y la memoria material de la casa —el terrazo, la vajilla Duralex, la barandilla de siempre— guían la transformación de este adosado de los años ochenta.
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Al oeste de Madrid, entre Las Rozas, Pozuelo y Boadilla del Monte, Majadahonda guarda en su nombre el eco de las majadas, los refugios de pastores que dieron origen a una pequeña aldea agrícola en el siglo XIII. Durante el siglo XX, las carreteras y el tren de cercanías la fueron acercando a la capital hasta convertirla en una ciudad residencial de escala doméstica, con jardines, colegios y calles tranquilas, elegida por familias que querían vivir cerca de Madrid sin vivir dentro de ella. Buena parte de esa ciudad se levantó en los años ochenta, en promociones de chalets adosados de ladrillo visto que hoy empiezan a cambiar de manos. Pasan de una generación a otra, y en ese cambio surge también una pregunta: qué conservar de una casa tan largamente vivida.

Heredar una casa es heredar mucho más que sus muros. Se hereda una luz a determinadas horas, una manera de recorrer las habitaciones, un repertorio de objetos y de colores que durante años han sido el paisaje cotidiano de otros. Casa Boa, la reforma que Paula Ábalos ha realizado en uno de estos adosados de Majadahonda, parte de esa condición. La vivienda perteneció a la abuela de sus actuales propietarios, varias generaciones la habitaron y necesitaba una actualización funcional y estética. La arquitecta resume el cambio con una imagen precisa: la casa pasa “del ganchillo y la madera oscura a colores vivos y vitales con una inspiración más pop-retro”. Lo interesante del proyecto está en cómo ese salto de época se construye con los propios materiales de la memoria familiar.

Los propietarios tenían claro que querían una cocina con isla abierta al salón y debía ser amarilla. Ese color fue el origen de la paleta de color de toda la casa.
El terrazo es un material propio de la identidad original de esta casa cuyo recuerdo se ha mantenido.

La cocina, origen de la paleta de color

La transformación se concentra en la planta baja. Antes de la reforma, la cocina era pequeña, incómoda y quedaba cerrada al salón, y un aseo interior ocupaba el espacio junto a la escalera. Ábalos elimina los tabiques innecesarios y abre la cocina hacia el salón y la fachada del jardín, de modo que la vida familiar se desarrolla ahora en un único espacio compartido, luminoso y flexible, que se prolonga en la terraza bajo el toldo verde.

Todo empezó por un color. Los propietarios, que ya habían trabajado antes con el estudio de arquitectura de Paula Ábalos, tenían claro que querían una cocina con isla abierta al salón y debía ser amarilla, un deseo pendiente en proyectos anteriores. Ese amarillo suave fue la primera decisión, y a partir de él se desarrolló la paleta y la selección de materiales del resto de la casa. Como contrapunto, la campana de la cocina se reviste de un azul celeste que la convierte en un volumen casi escultórico sobre el frente de trabajo. Suelo y paredes mantienen un fondo neutro con una geometría muy marcada: un azulejo blanco de pequeño formato con junta en tono vainilla que dibuja una cuadrícula semejante a la del papel de caligrafía escolar. Esa trama ancla y ordena la cocina, y se asoma al jardín a través de dos ventanas con baldas de roble.

El roble completa la composición. Reviste el mueble alto que oculta la nevera, aparece en las baldas abiertas y en los tiradores circulares vaciados en los frentes, y enlaza con el suelo de madera en espiga que recorre el resto de la planta. Sobre los muebles, una encimera de terrazo de Mosaista, con granulado en tonos ocres, ámbar y almendra, reúne en un solo plano todos los colores de la cocina. La inspiración procede de las cocinas de los años sesenta, reinterpretadas desde una sensibilidad contemporánea que conserva su carácter lúdico y depura su forma.

La escalera es el lugar donde el proyecto deja ver con más claridad su relación con la historia de la casa.

El terrazo como memoria

La escalera es el lugar donde el proyecto deja ver con más claridad su relación con la historia de la casa. La arquitecta mantiene la forma original de los peldaños, pero sustituye el terrazo deteriorado por huellas de roble natural y contrahuellas blancas que aligeran el recorrido. La barandilla metálica original, que seguía cumpliendo su función, permanece en su sitio; pintada del mismo azul celeste de la campana dialoga con la cocina y se incorpora al nuevo lenguaje de la casa.

Aquel terrazo retirado de la escalera reaparece transformado en otras partes de la casa. Además de la encimera de la cocina, reviste paredes y suelos de los baños con piezas de Mosaic Factory, sobre las que flotan un mueble de lavabo terracota y un espejo circular frente a una pared de tono melocotón. Para la arquitecta, el terrazo es “un material propio de la identidad original de esta vivienda cuyo recuerdo se ha mantenido”. Retirarlo de un lugar y devolverlo en otro es una forma sutil de continuidad, en la que el material conserva el recuerdo y cambia de papel.

Además de la encimera de la cocina, el terrazo reviste paredes y suelos de los baños con piezas de Mosaic Factory.

Una casa para habitarla de forma flexible

La memoria de la abuela está presente también en el mobiliario. Los taburetes de la isla y las sillas del comedor, de Ondarreta, tienen un tono ámbar anaranjado y translúcido que recuerda a la vajilla Duralex de las casas de otra época. Los acompañan una mesa de comedor de tablero azul con pie central en azul Klein, el sofá modular, la butaca y la mesa baja de madera del salón, así como el conjunto de mesa y sillas terracota de la terraza, todos de la misma firma. Algunas piezas de la línea Ikea PS introducen un registro más lúdico y orgánico: el carrito circular azul, la lámpara plegable en azul Klein junto al sofá, la lámpara portátil de base roja que aparece en la cocina y en el dormitorio y los jarrones de formas curvas que salpican las mesas.

Frente a la retícula ordenada de la cocina, el resto de la planta se amuebla con círculos y curvas: espejos redondos, mesas circulares, tiradores vaciados, jarrones de perfiles ondulados. El juego de geometrías es intencionado. Ábalos buscaba un amueblamiento más flexible para un espacio que pudiera habitarse de forma fluida y cambiante, y la curva acompaña ese ritmo mientras la cuadrícula sostiene el orden de las tareas.

El resultado es una casa que se reconoce a sí misma. Sus nuevos habitantes encuentran en ella los colores de su infancia, la textura de los suelos de la abuela y la barandilla por la que subieron tantas veces, ahora al servicio de una vida más abierta y compartida. En una ciudad hecha de casas que pasan de padres a hijos, Casa Boa propone una manera serena de recibir una herencia: aceptarla como punto de partida y dejar que el color haga el resto.

Proyecto: Casa Boa
Tipología: Reforma integral de vivienda adosada
Ubicación: Majadahonda (Madrid)
Finalizado: 2026
Superficie: 160 m²
Arquitectura interior: Paula Ábalos Arquitectura.
Fotografía: Sergio Pradana.
Cocina: Cubro. Mobiliario: Ondarreta, Ikea PS. Encimera de cocina: Mosaista.
Terrazo de baños: Mosaic Factory.
Fuente: Paula Ábalos.

Paula Ábalos, arquitecta.

Paula Ábalos

Paula Ábalos se formó como arquitecta en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Antes de fundar su propio estudio trabajó en varios estudios madrileños, donde participó en el diseño y la ejecución de proyectos residenciales singulares, dentro y fuera de España. En 2019 fundó Paula Ábalos Arquitectura, un estudio con un pequeño equipo con sede en la calle Barquillo, en el centro de Madrid, dedicado a la reforma integral y al interiorismo. El estudio asume también la gestión completa de la obra, desde las fases previas hasta la entrega de la casa terminada.

Su trabajo se ha desarrollado sobre todo en proyectos residenciales en Madrid: Chueca, Atocha, Mirasierra, Las Tablas, Colonia Ciudad Jardín; en su entorno: Aravaca, Boadilla del Monte, Galapagar, Las Matas, las Rozas, Majadahonda; o en otras provincias: Bilbao, León, Santander, Valencia.

En todos esos encargos se repite un método más que un lenguaje: la escucha de cada espacio para entender su identidad e historia propia. Sin establecer límites precisos entre la arquitectura, el interiorismo, el diseño de mobiliario o el uso de los materiales y el color, se busca siempre priorizar las necesidades de cada cliente para conseguir transformar su manera de habitar sin renunciar a la emoción espacial y buscando una estética vibrante y contemporánea. 

El estudio de Paula Ábalos está muy vinculado a los oficios y desarrolla su vocación de diseño de espacios a medida alejado de fórmulas estandarizadas. Cada proyecto se convierte así en una ocasión para investigar nuevos detalles, materiales o gamas cromáticas, que originan soluciones originales.

Desde 2022 dirige además Tiny Architects, un proyecto educativo que acerca la arquitectura a los niños, desarrollado en colegios e instituciones de Madrid a través de talleres, actividades extraescolares y campamentos centrados en la construcción, el diseño y el cuidado del medio ambiente.

Paula Ábalos Arquitectura
Calle Barquillo, 7.
28004 Madrid
hola@paulaabalosarq.com
+34 619 748 213
www.paulaabalosarq.com
@paulaabalosarq