Javier Zubiria reinterpreta la arquitectura del caserío vasco

8 julio 2026
Una intervención que entiende el respeto al patrimonio más allá del inmovilismo. "Rendir homenaje a un edificio, significa dar una nueva vida al espacio, capaz de conectar e inspirar a los ciudadanos de este momento concreto de la historia." comenta Zubiria.
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El caserío —baserri en euskera— es mucho más que una tipología arquitectónica: durante siglos ha sido la unidad económica y social básica del mundo rural vasco, una construcción pensada para albergar bajo un mismo techo la vivienda familiar junto con la cuadra, el granero y el pajar. Construido en piedra tallada, con planta rectangular y una amplia cubierta a dos aguas cuyo caballete se orienta perpendicular a la fachada principal —tradicionalmente orientada al mediodía—, el caserío se reconoce también por su alero volado, sostenido sobre tornapuntas, y por su organización interna: la planta baja destinada a los usos agrícolas y ganaderos, y las plantas superiores reservadas a la vivienda.

Sobre esa base tipológica, y con la intención decidida de reinterpretarla en clave contemporánea, Javier Zubiria plantea su intervención en este caserío situado en lo alto de una colina del País Vasco. El proyecto parte de una huella original de 23 x 23 metros que en su día repartía la vida de cuatro familias; hoy acoge a una sola. Ese cambio de escala doméstica es, precisamente, el punto de partida de todo el ejercicio arquitectónico: cómo dar una nueva vida a un volumen pensado para una economía y una sociedad que ya no existen, sin renunciar a lo que esa arquitectura representa.

Zubiria conserva y reutiliza la piedra original de las fachadas norte y sur, pero libera su composición, abriendo huecos allí donde el nuevo programa interior lo pide

Se conserva y reutiliza la piedra original

Zubiria conserva y reutiliza la piedra original de las fachadas norte y sur, pero libera su composición, abriendo huecos allí donde el nuevo programa interior lo pide, no donde la tradición los situaba. «Una casa se describe generalmente como ‘cuatro muros y una cubierta'», explica el arquitecto; «en este proyecto la definimos como ‘cuatro muros paralelos y una cubierta'». Bajo esa idea, el gran volumen del caserío se divide en tres partes claramente diferenciadas, una estrategia que además permite controlar de forma independiente el clima interior de cada espacio.

El espacio central, zona de acogida

El espacio central actúa como zona de acogida. Un patio interior lleno de vegetación conecta visual y físicamente los distintos niveles de la casa, mientras una escalera de madera maciza —con una barandilla de cuidada factura artesanal— recibe la luz del lucernario cenital. Al sur, orientada hacia las vistas, se sitúa la zona de día en planta baja y los dormitorios en las plantas superiores, tras la fachada de piedra que Zubiria decide enfatizar como elemento monumental, visible desde múltiples puntos del entorno —un guiño directo a la fachada meridional que ya organizaba el caserío tradicional—. Al norte, un espacio diáfano de techos altos funciona como estudio o taller de uso flexible.

El espacio central actúa como zona de acogida.
Un patio interior lleno de vegetación conecta visual y físicamente los distintos niveles de la casa.
La escalera de madera maciza recibe la luz del lucernario cenital.
Al norte, un espacio diáfano de techos altos funciona como estudio o taller de uso flexible.
Al sur, orientada hacia las vistas, se sitúa la zona de día en planta baja: salón, comedor y cocina.
Los dormitorios en las plantas superiores, tras la fachada de piedra que Zubiria decide enfatizar como elemento monumental.

La simplicidad y elegancia de la arquitectura original

La paleta de materiales —suelo de roble, piedra, estuco y vigas de madera maciza sobre un fondo blanco— busca la misma simplicidad y elegancia que caracterizaba a la construcción original, mientras que la transición entre interior y exterior se resuelve con suavidad, sin fricciones. El resultado es una intervención que entiende el respeto al patrimonio no como inmovilismo. Como resume el propio Zubiria: «Rendir homenaje a un edificio o a una ciudad no significa no intervenir, o limitarse a copiar como se hacía siglos atrás. Significa dar una nueva vida al espacio, capaz de conectar e inspirar a los ciudadanos de este momento concreto de la historia.» Un pensamiento que, aplicado a este caserío, apunta a una pregunta más amplia: cómo podría evolucionar la cultura arquitectónica vasca sin dejar de reconocerse en sus propias raíces.

Proyecto: Caserío vasco.
Superficie: 1.111 m2.
Arquitecto: Javier Zubiria Gallastegui. zU-Studio.
Arquitecto Técnico: Lander Arregui.
Ingeniería EstructuralINAK.
ConstrucciónKoldo Kerejeta.
Fotografía: Pedro Pegenaute.
Fuente: zU-Studio.

Javier Zubiria, arquitecto fundador de zU-studio. foto Keana Korn.

Javier Zubiria

Nacido en San Sebastián en 1986 y afincado en Ámsterdam, Javier Zubiria es el fundador de zU-studio, un estudio de arquitectura que combina funcionalidad y bienestar a través de un lenguaje profundamente escultórico, en el que la propia estructura da carácter a cada proyecto. Se formó en la ETSAUN (Universidad de Navarra) y pasó dos años en el estudio de su antiguo profesor, Luis María Uriarte, antes de fundar zU-studio en 2015, decidiendo instalarse en Ámsterdam —una ciudad que apenas conocía— por sentir que ofrecía la atmósfera ideal para «soñar sin límites».

Para Zubiria, la arquitectura es inseparable de la conexión humana: «Sin conectar con las personas, es imposible crear una arquitectura con sentido.» Esa filosofía se traduce en un método de trabajo artesanal y colaborativo —dibujo a mano, visitas al lugar, diálogo abierto con el cliente— y en la selección deliberada de encargos.

Esa misma sensibilidad hacia el contexto y el entorno natural es la que guía su proyecto de renovación de un Caserío en el País Vasco, donde Zubiria busca preservar el carácter del edificio original al tiempo que lo reinterpreta para un nuevo uso contemporáneo.

Entre sus proyectos más destacados figura el Museo Drift, dentro de la reconversión integral de Van Gendt Hallen en Ámsterdam: un antiguo edificio industrial de 25.000 m² que Zubiria y su equipo han transformado en un espacio cultural en diálogo directo con la obra del dúo neerlandés Drift, combinando estructura de madera contralaminada (CLT) con el respeto por la arquitectura histórica original.

En Costa Rica, la vivienda N2, en Santa Teresa, nace de la observación de las aves locales sobrevolando el océano: su cubierta escultórica, inspirada en el plumaje de un ave, articula un recorrido fluido entre interior y exterior en plena naturaleza tropical.

Su trabajo con la marca Polette ha dado lugar a dos proyectos retail muy distintos entre sí: el showroom de Polette en París (2022), concebido como una pirámide invertida bajo el concepto «el mundo al revés», y Imagine Polette en Amberes (2022), una tienda-instrumento inspirada en la canción Imagine de John Lennon, con dos teclados de piano gigantes con los que los visitantes pueden hacer música.

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