Desde que inició su andadura profesional en 1992, Glòria Duran Torrellas ha construido una trayectoria singular que transita con naturalidad entre Barcelona y el paisaje íntimo de l’Empordà, donde ha encontrado una de sus geografías esenciales. Formada en la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona, pertenece a esa generación que aprendió a escuchar la arquitectura antes de dibujarla; a comprender la luz, la materia y el peso silencioso de los lugares como un legado que merece ser interpretado con respeto. Desde entonces, su estudio trabaja con una coherencia serena, sostenida por la convicción de que rehabilitar es un acto de humildad y, a la vez, una forma de devolver vida.
Además de la obra nueva, Glòria Duran ha desarrollado una sólida experiencia en la restauración y transformación de masías tradicionales de l’Empordà, un territorio al que está profundamente vinculada y que conoce con la precisión de quienes caminan despacio. En estas intervenciones, su arquitectura actúa como un hilo tenue pero firme: preserva lo esencial, reinventa lo necesario y propone espacios donde la simplicidad es sinónimo de belleza. Sus proyectos muestran un equilibrio meticuloso entre tradición y contemporaneidad, entre la austeridad de los materiales auténticos y la sofisticación de una mirada atemporal.
En 2012, el estudio incorpora al interiorista Pol Rigau, formado en Diseño de Interiores en la escuela EINA de Barcelona. Desde entonces, su presencia ha sido determinante en la evolución del despacho, aportando una mirada sensible y contemporánea que dialoga con la arquitectura desde el interior. Su trabajo se ha convertido en una pieza clave dentro del estudio, reforzando la coherencia entre espacio, materialidad y forma de habitar.
La arquitectura de Glòria Duran no busca el protagonismo, sino la armonía. En cada proyecto late la voluntad de permanencia, la defensa del trabajo bien hecho y el respeto profundo por las historias que se depositan en las piedras. Así es su obra: un ejercicio de sensibilidad y precisión que convierte la rehabilitación en un acto poético; un diálogo entre pasado y futuro donde cada casa recupera su voz y cada espacio ofrece, de nuevo, un lugar donde habitar con calma.