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Paco Romero

En Galilea, un pequeño pueblo de la sierra de Tramuntana mallorquina, Paco Romero trabaja la arcilla como se hacía antes del torno y antes del molde, con las manos, con piedras y maderas recogidas en el propio paisaje, dejando que el material decida buena parte de lo que ha de suceder. De ese taller sale toda su obra, ya se trate de una pieza destinada a una casa o de una intervención pensada para un proyecto de arquitectura.

Su obra no busca imitar formas antiguas ni reproducir un estilo decorativo asociado a lo primitivo. Es, en sus propias palabras, “una manera de trabajar en la que el material lleva la voz”. La define como una oda a los orígenes: “A los primeros habitantes. Al efecto que el paso del tiempo tiene sobre los objetos y sobre las personas.”

Romero nació en Alicante y se formó en la escuela superior de arte y diseño, centrado en un primer momento en la pintura y la escultura sobre lienzo. En su infancia ya había una relación con la imagen: su primer recuerdo con un pincel en la mano se remonta a los cinco años, sentando a su hermano pequeño en una silla e intentando, sin demasiado éxito, que posara quieto para un retrato. “Nunca fui tan libre creando como en ese momento”, reconoce.

El giro decisivo llegó en Barcelona, donde pasó una temporada en el estudio de maestro ceramista catalán, Ramon Fort, del que aprendió el oficio que sigue apasionándole. De él tomó una idea que sostiene desde entonces todo lo que hace: “En este oficio la técnica se subordina al material: no se trata de imponerle una forma al barro, sino de acompañar la que el barro admite.” El barro, dice, dejó de ser un material para convertirse en un idioma propio: “Comprendí el lenguaje del barro y las infinitas posibilidades que aportaba tanto en la cerámica como en la pintura.”

En 2016 se trasladó a Mallorca y creó su propio estudio. Empezó fabricando piezas funcionales —tazas, cuencos, teteras, jarrones— que vendía en tiendas y mercados de la isla. Con los años, ese trabajo derivó hacia objetos escultóricos y decorativos pensados para espacios e interiores, muchos de ellos surgidos de un encargo concreto y convertidos, más tarde, en obra permanente. En esta época cambió también su técnica: dejó el torno para centrarse por completo en el modelado a mano, que le resulta “más orgánico y conmovedor”.

El trabajo de Romero ha ido encontrando su espacio en proyectos de arquitectura e interiorismo —colaboraciones con estudios como Durietz Design, Melt Spaces o Contain Studio, piezas totémicas expuestas en el Hotel Nobis de Palma, obra permanente en Terraza Balear o en Tea Ritual, el Premio Lab Oliver en 2023— y en su incorporación a Kave Home Gallery, que ha sumado su cerámica escultórica a su selección de artistas. Todo ello sin alterar la escala ni el ritmo de un taller que sigue siendo pequeño y sigue produciendo poco, por principio.

Frente a la inmediatez que domina buena parte de la producción contemporánea, Romero entiende su trabajo casi como una forma de resistencia. “Desde que empiezas a trabajar con la materia prima como eje central de tu obra te das cuenta de que el tiempo va a marcar la pieza, tú pasas a un segundo plano y aprendes a valorar que cada proceso necesita el suyo”, explica. “Al barro no le importa la prisa: tiene sus propios ritmos, ritmos que cambian con cada época del año, ritmos que hay que comprender y respetar.” Lo mismo ocurre con la imperfección, que no corrige ni disimula: “Es una consecuencia directa del paso del tiempo, algo que siempre me ha servido de inspiración.”

Lo que Romero busca, en última instancia, es que sus piezas parezcan haber estado siempre ahí. “Con mi obra busco crear un sentimiento de atemporalidad, un punto de paz, de equilibrio”, dice. “Me gustaría que la persona que observe o conviva con la obra sienta que esa pieza siempre estuvo ahí, que ha sido testigo del tiempo y tiene una historia que contar.” En Galilea, entre piedras de torrente y maderas de la sierra, esa historia se sigue escribiendo despacio, una pieza detrás de otra, sin que haya dos iguales.

publicado en Exágono

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