En el norte de Catalunya, entre el mar y la montaña, el Gironès despliega un paisaje de contrastes donde ríos, colinas mediterráneas y pequeños núcleos rurales conviven con la presencia histórica de Girona. Un territorio marcado por la calma de los caminos, la memoria agrícola y una relación profunda con el paisaje, donde la arquitectura tradicional sigue formando parte del relato cotidiano. Aquí se encuentra la masía del siglo XVIII objeto de esta restauración, que vuelve a habitarse desde una nueva sensibilidad. Catalogada dentro del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña, la casa forma parte de una finca de más de 21 hectáreas que durante décadas estuvo ligada al cultivo de viña y olivo, hasta que las heladas de 1956 transformaron definitivamente su historia. Tras años de abandono, los nuevos propietarios adquirieron la finca en 2022 con la intención de convertirla en vivienda habitual.
El proyecto fue confiado al equipo de bioarquitectura y geobiología liderado por Silvia Mallafré, cuya práctica sitúa la salud del hábitat en el centro de su trabajo. La intervención se planteó desde una lectura honesta de la casa existente, evaluando tanto su estado material como las transformaciones acumuladas a lo largo del tiempo. Antes de abordar cualquier decisión, se realizó un estudio geobiológico para detectar posibles anomalías naturales o artificiales que pudieran afectar al descanso y bienestar de las personas. Este análisis inicial definió el enfoque global de la rehabilitación.







La fachada principal, orientada al sur, se mantuvo prácticamente intacta. Se restauraron los cerramientos originales y el portal adovelado, incorporando un segundo plano interior de madera que actúa como espacio de transición térmica y visual. Este gesto discreto permite conservar la identidad de la casa al tiempo que mejora su comportamiento ambiental.
El acceso introduce ya una secuencia donde conviven memoria y actualización. Se conserva el pavimento de barro cocido y el techo de volta catalana, mientras las paredes se revisten con mortero de cal que unifica el conjunto. La escalera original permanece en su lugar, acompañada por pequeños gestos contemporáneos: un aseo orientado al norte que enmarca la hiedra exterior, una ventana interior abierta como guiño para introducir la naturaleza en el espacio, y una pintura mural que prolonga esa presencia vegetal hacia el interior.
En la planta baja, la intervención se centra en recuperar la continuidad espacial perdida. La reapertura de antiguos arcos tapiados devuelve fluidez a las estancias comunes, mientras pequeñas operaciones afinan la relación entre cuerpo y arquitectura. En la salita de lectura, por ejemplo, el pavimento se rebaja para evitar el encuentro con una viga existente; el nuevo nivel genera un ámbito más recogido frente a la chimenea, pensado para el descanso cotidiano. La incorporación de una nueva entrada lateral conecta la casa con la piscina y amplía las formas de habitar el conjunto.
En la cocina, corazón de la masía, se conservan los elementos esenciales —pavimento, techo y estructura del antiguo horno— reinterpretados con nuevos usos. El horno incluye ahora la campana extractora, el mobiliario se resuelve en roble tintado y en la isla central se diseña una estructura metálica ligera, con iluminación integrada. La restauración de la pila de mármol y de una mesa centenaria introduce una dimensión afectiva que trasciende lo material. La ampliación vertical de las ventanas permite que la luz descienda hasta los nuevos alféizares convertidos en bancos, reforzando la dimensión doméstica del espacio.









La escalera conduce a la planta noble, donde la intervención se vuelve más intensa. El espacio, antes compartimentado, se reorganiza en torno a una gran sala central delimitada por cuatro arcos recuperados. La restauración de vigas y elementos originales convive con decisiones contemporáneas, como la sustitución del pavimento por un nuevo suelo de roble tras comprobar el deterioro irreversible del anterior. Los arcos cercanos a la escalera se transforman en librerías, mientras los que miran a la fachada organizan el acceso a las habitaciones.
El dormitorio principal se concibe como un espacio continuo donde descanso y cuidado se entrelazan. La antigua chimenea se reinterpreta para alojar una bañera exenta, separada del área de dormir por un pequeño muro de arcilla que delimita el vestidor. La posición de la cama responde a criterios geobiológicos, buscando la orientación más adecuada para el descanso y abriéndose visualmente hacia el bosque. La zona de aguas, diseñada a medida, se resuelve con materiales naturales y una secuencia fluida de estancias conectadas por transparencias.
La segunda habitación plantea una dualidad más lúdica y flexible, con áreas diferenciadas que combinan intimidad y uso cotidiano. La aplicación de pintura de grafito en el pavimento introduce una capa invisible de protección frente a posibles campos eléctricos o magnéticos, evidenciando el nivel de atención que define el proyecto.
Los techos se aíslan desde el interior y se terminan con paneles textiles que integran la iluminación, completando una atmósfera cálida y silenciosa. Cada decisión, desde los morteros de cal hasta los materiales naturales y la artesanía incorporada, responde a una lógica que prioriza la salud ambiental sin renunciar a la memoria del lugar.
La restauración de la masía al Gironès busca activar una forma contemporánea de habitar el patrimonio rural. La intervención de Silvia Mallafré se sitúa en ese equilibrio delicado entre conservación y transformación, donde el proyecto se convierte en un espacio de cuidado. Una casa que no solo se recupera, sino que vuelve a respirar como refugio cotidiano.










Proyecto: Masía El Gironés.
Ubicación: El Gironés (Girona).
Terminado: 2024.
Geobiología, diseño y bioarquitectura: Silvia Mallafré, bioarquitectura y geobiología.
Colaboradores: Construccions Reive, Coinpro instal·lacions, Delacrem, Gramomar, Xemeneies i Metàl·liques Santa Cristina, Miralls i vidres Solar.
Artesanía, muebles y materiales: Nuria Gigh, Marta Penina, Mercantic, Atemporal, Porcelanosa Grupo, Mas Valls.
Fotografía: Maria Pujol.
Fuente: Silvia Mallafré.

Silvia Mallafré
Silvia Mallafré desarrolla su práctica en el cruce entre la arquitectura interior, la salud ambiental y la sensibilidad hacia los procesos naturales. Interiorista, bioarquitecta y geobióloga, su trayectoria se ha construido desde una búsqueda constante: comprender cómo los espacios influyen en el bienestar físico y emocional de quienes los habitan.
Formada en diseño de interiores en Elisava, amplió su educación con experiencias internacionales en la Winchester School of Art (University of Southampton) y la UIAH de Helsinki. Años más tarde incorporó a su recorrido una especialización en bioarquitectura en la Universitat Pompeu Fabra, donde profundizó en la relación entre construcción, biología del hábitat y sostenibilidad aplicada. Este giro formativo marcó un punto de inflexión en su manera de entender el proyecto: no solo como una cuestión estética o funcional, sino como un entorno vivo capaz de afectar directamente a la salud.
Sus primeros años profesionales transcurrieron en estudios de arquitectura e interiorismo, participando en proyectos residenciales, comerciales y de rehabilitación. Esa etapa le proporcionó una base técnica sólida y una comprensión directa del proceso constructivo. Con el tiempo, su práctica evolucionó hacia un enfoque más personal, integrando herramientas propias de la geobiología y la bioconstrucción en el diseño de interiores.
Desde 2011 desarrolla su actividad de manera independiente, centrada en la creación de espacios saludables para viviendas y lugares de trabajo. Su trabajo combina el diseño con el análisis del entorno invisible del hábitat —radiaciones naturales, calidad del aire, materiales, orientación o campos electromagnéticos— proponiendo soluciones que equilibran técnica y sensibilidad. En paralelo, ha impulsado iniciativas vinculadas a la vivienda y la rehabilitación en Barcelona, explorando modelos más humanos y conscientes de habitar.
La práctica de Silvia Mallafré se caracteriza por una aproximación pausada y cercana, donde cada proyecto parte de la escucha. Su trabajo se construye desde el acompañamiento, atendiendo tanto a las condiciones físicas del espacio como a las historias personales que lo atraviesan. En esa intersección entre ciencia, intuición y experiencia cotidiana se sitúa el núcleo de su investigación. Su trayectoria dibuja así un posicionamiento singular dentro del interiorismo contemporáneo: una mirada que entiende el diseño como herramienta de cuidado.
Silvia Mallafré
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Project by Silvia Mallafré
