Virginia Torrego: “Cuando empiezo a trabajar no hay nada más, solo el barro, la respiración y el instante que se abre”

22 enero 2026
“Crear no es un acto rápido ni inmediato: es un proceso que exige cuidado, paciencia y respeto por los tiempos de la materia”. Esa actitud atraviesa toda su obra y define tanto el ritmo de producción como la naturaleza de cada pieza.
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La obra de Virginia Torrego se construye desde un lugar de atención profunda. Su relación con el barro no responde a la urgencia ni al gesto inmediato, sino a un proceso consciente, pausado y respetuoso con los tiempos de la materia. “Mi relación con el barro es una forma de atención plena”, afirma. En el trabajo manual encuentra una forma de detenerse, de observar y de escuchar lo que sucede entre las manos y la tierra, entendiendo la creación como un diálogo más que como una imposición.

Nacida en Madrid, se formó inicialmente en Restauración de Antigüedades y en Escultura e Historia del Arte en la Universidad, y ejerció como Museóloga. Con 34 años abrió su primera Escuela de Arte en el centro de Madrid. En 2010 creó el Espacio Creativo Creae, su segunda escuela y, actualmente dirige Latrés, su tercera escuela, galería y taller, en plena Sierra de Tramontana en Selva (Mallorca).

Actualmente centra su trabajo en la cerámica artística, una actividad en la que el gesto tiene el mismo peso que el resultado final. “Crear no es un acto rápido ni inmediato: es un proceso que exige cuidado, paciencia y respeto por los tiempos de la materia”. Esa actitud atraviesa toda su obra y define tanto el ritmo de producción como la naturaleza de cada pieza.

En su estudio, el tiempo adquiere otra dimensión. “Cuando empiezo a trabajar no hay nada más: solo el barro, la respiración y el instante que se abre”. La práctica se convierte así en un ejercicio de presencia, donde la artista acompaña a la materia sin forzarla, aceptando la imperfección como parte del proceso y confiando en que el propio hacer depure lo innecesario. Con los años, ese aprendizaje se ha transformado también en una manera de estar en el mundo, más serena y consciente: “Hoy elijo otro ritmo. Crear despacio”.

La naturaleza es una referencia constante, no como imagen a reproducir, sino como memoria y sustrato. Las montañas que rodean su estudio y la costa de Mallorca —con sus piedras erosionadas por el mar y la sal— permanecen latentes en su trabajo. “No intento reproducir esos paisajes, sino acercarme a ellos desde la humildad”, explica, entendiendo toda creación como una interpretación necesariamente imperfecta y humana.

Trabaja con barro desnudo y mezclas propias que incorporan arena, piedra, texturas volcánicas, tierras y cenizas. El proceso puede incluir varias cocciones y posteriores intervenciones sobre piezas ya horneadas, combinando el uso del fuego con pátinas en frío: ceras, betunes, óleos y procesos de envejecimiento que añaden capas de tiempo y memoria. “Uso el horno como forma de fuego —como un elemento vivo—, pero no abandono las pátinas que no necesitan quema”. Cada objeto se convierte así en un pequeño contenedor de experiencia, que porta historia y presencia.

Virginia Torrego rehúye la repetición. Su producción es lenta, limitada y consciente, orientada a piezas únicas que entienden la exclusividad como autenticidad. “Nunca quiero dos piezas iguales”, señala, buscando formas silenciosas y esenciales, cercanas al minimalismo. Prefiere los colores neutros, las superficies que guardan huella y las formas que respiran. No se adhiere al wabi sabi como estética, sino como actitud vital: aceptar, simplificar, permitir que el tiempo dialogue con la materia.

Actualmente desarrolla un proyecto de lámparas de barro cargadas de piedra, suspendidas con cuerda, objetos que remiten a lo ancestral y a formas antiguas de habitar el espacio. Piezas que, como el resto de su trabajo, se sitúan en un territorio intermedio entre arte, objeto y presencia.

Su obra se muestra y comercializa en galerías de Mallorca y Menorca, así como en la galería de su propio estudio. Defiende el valor del trabajo artesanal y la necesidad de volver a materiales honestos y procesos lentos en un mundo acelerado. “Mi obra es tierra, fuego y silencio”, resume. En la cerámica ha encontrado un lugar de calma y de refugio, un espacio donde la materia y las manos se encuentran, y desde el que su trabajo continúa evolucionando con coherencia, quietud y profundidad.

Espacio de La 3. Estudio de Arte. Selva (Mallorca).

Virginia Torrego.
La 3. Estudio de Arte

Rei Jaume II, 17
Selva, Mallorca.
634 981 473
latresmallorca@gmail.com
@virginiatorrego
La 3. Estudio de Arte.
@latres_mallorca

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