African flow de Urbanitree: una arquitectura africana, inspirada en sus formas ancestrales y proyectada hacia un futuro autónomo y sostenible

10 julio 2025
African Flow no es una importación occidental, ni un ejercicio de exotismo filantrópico, es un lugar donde el saber se transmite no solo en las aulas, sino en los muros, las sombras, los recorridos y los materiales.
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En un lugar al sur de Yaoundé, en Camerún, nace una escuela infantil que reinventa los espacios educativos siguiendo los principios de la arquitectura ancestral africana. African Flow es un compromiso con una arquitectura que educa, que arraiga en la tierra, que acoge el ritmo de la infancia y respira con la comunidad. Diseñada por Urbanitree, el estudio liderado por Vicente Guallart y Daniel Ibáñez, esta escuela infantil es un manifiesto vivo de cómo construir puede ser también una forma de imaginar otro futuro posible para África.

Arquitectura como extensión del aprendizaje

Concebida como un sistema continuo de ecosistemas —montaña, sabana, aldea y bosque—, la escuela African Flow traslada al lenguaje arquitectónico la riqueza simbólica del paisaje africano. Cada uno de estos espacios acoge una dimensión del aprendizaje, proponiendo una experiencia sensorial y emocional que conecta a los niños con sus raíces y con el mundo que habitan.

El corazón del conjunto es un gran patio, alrededor del cual se despliegan los distintos espacios interiores, conectados por un corredor que facilita un movimiento fluido a lo largo del día. La montaña es un lugar para la inspiración y la creación e invita a la introspección con una gruta que permite aislarse a los niños, para desarrollar momentos de recogimiento. La aldea es un espacio de intercambio y relación, con una capilla concebida como un ámbito abstracto, donde la luz y los muros perforados propician el silencio y la reflexión comunitaria. En la sabana, los cuerpos se expanden, se agrupan y juegan en torno al suelo y las gradas. Y el bosque, situado junto al pequeño bosque natural, acoge una estructura construida como un árbol habitable, donde la arquitectura se vuelve juego y el juego se vuelve casa.

Cada espacio está diseñado para resonar con las actividades diarias de los niños: asambleas, juegos, exploraciones, momentos de música o experimentación con materiales. La arquitectura se convierte así en una extensión del aprendizaje, al servicio de una pedagogía que pone el cuerpo, la emoción y la relación con el entorno en el centro del acto de educar.

Además, la topografía original del terreno ha permitido crear un segundo nivel donde vivirá inicialmente la comunidad que gestiona el African Flow.

Construir con la tierra, construir con la comunidad

El proceso de construcción de African Flow fue en sí mismo una lección: una práctica de aprendizaje mutuo entre arquitectos, operarios locales y comunidad educativa. Frente a los modelos de desarrollo basados en procesos industrializados y materiales importados, Urbanitree apostó por una arquitectura de baja tecnología y alta implicación social.

Todo comenzó con una labor de investigación para encontrar proveedores locales —carpinteros, fabricantes de ladrillos, artesanos de la madera— y dar lugar a un ecosistema constructivo propio. El edificio se levanta con madera de azobé, una especie local de alta densidad resistente a las termitas, y con ladrillos de tierra prensada sin cocer, que filtran la luz y dialogan cromáticamente con el suelo rojizo de Camerún. En el interior se utilizaron maderas nobles como el iroko, sapeli, doucier o mouvingui, materiales considerados exóticos en Europa pero comunes en el mercado local.

Una arquitectura profundamente africana

African Flow no es una importación occidental, ni un ejercicio de exotismo filantrópico. Es una arquitectura profundamente africana, inspirada en sus formas ancestrales y proyectada hacia un futuro autónomo y sostenible. Un lugar donde el saber se transmite no solo en las aulas, sino en los muros, las sombras, los recorridos y los materiales.

Este primer edificio es solo el inicio de un complejo educativo que acogerá todos los niveles de enseñanza, desde la infancia hasta la secundaria. Su existencia es una prueba de que otra forma de construir, más justa, más humana, más enraizada, es posible.

Como señala el propio estudio Urbanitree, esta escuela no solo educa a los niños que la habitan. También educa a quienes la diseñan, la construyen, la visitan y la cuentan. En ese flujo continuo de conocimiento, afecto y materia, se encuentra la verdadera fuerza de African Flow.

La torre de agua, normalmente concebida en hormigón, fue imaginada como una estructura de madera equipada con placas fotovoltaicas: un gesto poético y práctico que asegura el suministro de agua y electricidad en una zona donde las interrupciones son frecuentes. Este proceso no solo dio lugar a un edificio, sino a una red de aprendizaje que empodera a los trabajadores, visibiliza los recursos del territorio y fortalece el tejido social. Una arquitectura que crece con y desde la comunidad.

Proyecto: Escuela African Flow.
Ubicación: Soa, Camerún.
Arquitectura: Vicente Guallart y Daniel Ibáñez . Urbanitree.
Año: 2024.
Superficie construida: 1.600 m².
Fotografía: Adrià Goula.
Promueve: Misioneras de Nazaret.

Daniel Ibáñez y Vicente Guallart, arquitectos fundadores de Urbanitree.

Urbanitree: un laboratorio de arquitectura avanzada

Desde su fundación, el estudio Urbanitree se ha consolidado como un laboratorio de arquitectura avanzada comprometido con la regeneración ecológica de las ciudades y la creación de nuevos modelos de vida urbana. Su enfoque se sitúa en la intersección entre la sostenibilidad, la tecnología y la biodiversidad, dando lugar a proyectos que no solo responden a los desafíos climáticos actuales, sino que también proponen nuevas formas de habitar más conscientes, resilientes y colaborativas.

Con sede en Barcelona, Urbanitree trabaja a diferentes escalas —desde la vivienda colectiva hasta el diseño urbano— y participa en redes internacionales de investigación y diseño. Su práctica integra conocimientos procedentes de la arquitectura, la ingeniería, la biología y la fabricación digital, reflejando una mirada holística sobre el entorno construido.

El estudio fue fundado por los arquitectos Vicente Guallart, ver biografía y Daniel Ibáñez, ver biografía, dos figuras clave en el pensamiento contemporáneo sobre ecología urbana y tecnologías emergentes aplicadas a la arquitectura. Juntos, Guallart e Ibáñez lideran Urbanitree como una estructura abierta y colaborativa, capaz de imaginar futuros urbanos donde la arquitectura se convierte en soporte de vida.

Fuente: Urbanitree y Pati Núñez Agency.

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