Lívia Rizzo Amaral: «He aprendido con la arcilla que me gusta lo extraño, lo que pide una segunda mirada; lo que permanece en un estado casi inacabado, como si aún guardara la posibilidad de transformarse»

6 agosto 2026
"En medio del ajetreo y el hormigón de São Paulo, mi estudio es un lugar de tiempo lento, de escucha y sensibilidad, donde sigo buscando una vida en armonía con la sencillez y el ritmo de la naturaleza, tal y como me gustaría vivirla."
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La ceramista Lívia Rizzo Amaral nos regala este texto y estas imágenes que hablan de ella y su práctica artística:

«Crecí en el sur de Brasil, en una familia de artistas. Decidí estudiar Diseño, pero pasé mis años de universidad trabajando en el mundo de la gastronomía. Desde muy temprana edad me fascinaba la posibilidad de transformar la materia con las manos y despertar una sensación en los demás, algo capaz de permanecer en la memoria.

Fue también en esa época cuando tuve mi primer contacto con la cerámica, asistiendo al taller de una gran ceramista, nuestra vecina. En ese momento, la arcilla entró en mi vida como una posibilidad, un descubrimiento que permanecería guardado durante mucho tiempo.

La vida me llevó después a muchos lugares. Viví en otros países, me empapé de otras culturas y me probé en diferentes ámbitos laborales. Cada experiencia amplió mi perspectiva, pero también me acercó a lo que siempre ha estado presente: el interés por los procesos, por la naturaleza, por lo cotidiano y por lo que se puede transformar.

Más recientemente, mientras vivía en Bali, en Indonesia, la cerámica volvió a mi vida de forma visceral. Pasé un año inmersa en la naturaleza, reorganizando mis prioridades, reafirmando valores y aprendiendo otro ritmo.

© Tati Abreu

El Studio Api nació de esa experiencia. «Api», en indonesio, significa fuego: el fuego que mueve y da energía. El mismo fuego que atraviesa la arcilla, dejando sus huellas. En medio del ajetreo y el hormigón de São Paulo, el estudio es un lugar de tiempo lento, de escucha y sensibilidad, donde sigo buscando una vida en armonía con la sencillez y el ritmo de la naturaleza, tal y como me gustaría vivirla idealmente.

Los largos veranos en la playa. Los inviernos en la montaña. El olor a tierra húmeda, el calor del fuego. Los domingos, la mesa decorada con flores recogidas de nuestro jardín. Un equilibrio silencioso entre el refinamiento y la sencillez.
De esa vida cotidiana surge mi mirada y la forma en que he aprendido a estar en el mundo.

Me comprendo a mí misma a través de los procesos. He aprendido con la arcilla que me gusta lo extraño, lo que pide una segunda mirada; lo que permanece en un estado casi inacabado, como si aún guardara la posibilidad de transformarse.

Me interesa la atmósfera de una pieza, la presencia que crea, aquello que permanece más allá del objeto. Busco en la naturaleza los elementos que compondrán esas superficies. Los superpongo con mucha libertad, utilizando a menudo las manos, sintiendo y transmitiendo esas sensaciones.

Eso es lo que pretendo lograr: una experiencia, una emoción, una extrañeza capaz de despertar la curiosidad y, de alguna manera, resonar en el otro.»

Colección Chamas

«Estas piezas las creé el año que viví en Bali. Mientras modelaba la arcilla, yo misma me moldeaba y me descubría en este nuevo lugar. Al igual que el fuego necesita aire para existir, yo también buscaba espacio. Espacio para crear, para reconectar con lo que me mueve y encontrar otro ritmo de vida.
Esta colección simboliza ese momento. Son piezas cocidas con leña que conservan las huellas de ese proceso: rastros dejados por las llamas y las cenizas.
Las texturas y los colores que surgieron en estas piezas han servido de inspiración para mi trabajo desde entonces.» Fotos: Pau Marchant

«Me gusta pensar que una pieza nunca termina del todo. Incluso después de la cocción, sigue transformándose: en la luz que recibe, en la forma en que envejece, en la relación que establece con el espacio y con quien la observa.»

Colección Resonancias

«Este conjunto de piezas las creé sin la intención de que fuera una colección. En conjunto, constituyen una serie de experimentos, fruto de mi propio ejercicio de escucha, de un intento por recuperar recuerdos y de crear con total libertad.» fotos: Leticia Remião

Archivo de imágenes

«Guardo muchas imágenes que voy recopilando con el paso del tiempo: fotografías tomadas en viajes o incluso por las calles de São Paulo, donde vivo.

Es curioso darse cuenta de cómo estas imágenes, a menudo sin una intención consciente, dialogan entre sí. Cómo existe una paleta que se repite, una atracción por determinadas texturas, formas y superficies. Algunas imágenes transmiten algo extraño, casi táctil, incluso a través de la mirada.

No utilizo estas fotografías como referencia directa para crear la atmósfera de una obra. Me gusta revisarlas junto a las obras ya terminadas y sorprenderme con las resonancias que surgen, como si algo que ya existía en mi mirada encontrara una nueva forma de existir.»

«Últimamente, los recuerdos han ido brotando con facilidad. Es como si la arcilla pudiera contarme historias, hacerme recuperar esos capítulos olvidados. Dicen que moldear el barro es moldearse a uno mismo. Me pareció bonito pensar en ello.

Todavía estoy asumiendo mi identidad como ceramista, como quien va experimentando una identidad. Desde que volví a conectar con la arcilla, siento que ella me moldea tanto como yo la moldeo a ella.»

Lívia Rizzo Amaral. Studio Api.

Lívia Rizzo Amaral. Studio Api.
São Paulo. Brasil
contato@studioapi.com.br
www.studioapi.com.br
@studio.api

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