Situada entre las colinas cubiertas de vegetación, cerca de la localidad de Uvita, al sur de Costa Rica, este refugio diseñado por Dagmar Štěpánová, sincero y profundamente ligado al paisaje costarricense se posa con respeto entre los árboles maduros, como si siempre hubiera pertenecido a este lugar. Su volumen parece sencillo, pero está lleno de matices espaciales: abierto y protector al mismo tiempo, íntimo y a la vez expuesto a la inmensidad del Pacífico.
Arquitectura dialogante
El terreno, inclinado en dos direcciones, fue el primer interlocutor del proyecto. La casa decidió seguir su complejidad, adaptarse a sus curvas y raíces, dejar que la vegetación le guiara. De esa complicidad entre forma y tierra surge una arquitectura dialogante.
En el espacio principal, una fachada entera se desvanece: no hay límites entre interior y exterior. La luz, el sonido y el aire de la selva penetran en la vivienda, disolviendo la frontera entre lo construido y lo natural. Cada estancia se convierte en un mirador hacia el sol o las estrellas, en una escena viva que cambia con el paso de las horas.















Studio House: abierta, pero escondida
Diseñada por Dagmar para ella y su compañero y amigo Karel Vančura, Studio House es tanto un hogar permanente como un refugio estacional. Se levanta en el mismo terreno donde se sitúan las villas Achioté, también diseñadas por Formafatal, compartiendo con ellas el horizonte del océano y la exuberancia de la selva tropical.
Desde la carretera de acceso, la vivienda se presenta como un volumen minimalista de tierra apisonada, perforado por grandes aberturas acristaladas que permiten que la jungla penetre visualmente en su interior. Más de la mitad de la superficie se dedica a terrazas y piscina, espacios donde la vida cotidiana se confunde con el aire libre.
Una plataforma suspendida conduce a la entrada principal que, al mismo tiempo, sirve de cubierta al baño inferior. La secuencia de espacios —sala, cocina, terraza y parrilla— fluye como un recorrido ritual hacia el paisaje. Desde la terraza, una escalera de acero corten desciende hasta la piscina infinita, de diez metros de longitud, que parece disolverse en el horizonte del Pacífico. Otra escalera asciende hasta la terraza superior, donde el cielo se abre sobre las copas de los árboles: un lugar para observar la puesta de sol o las estrellas.
La planta baja, parcialmente oculta, aloja las habitaciones y el baño, visibles solo desde el jardín privado. Una serie de escaleras interiores y exteriores —junto con un camino de losas flotantes— enlazan los distintos niveles como una coreografía silenciosa.








Entre la tierra y las estrellas
El espacio superior se organiza en un ambiente único, dominado por una isla de hormigón de cuatro metros que actúa como corazón de la vivienda. De noche, una pared de armarios con puertas de acero perforado se ilumina como un firmamento artificial, proyectando un cielo estrellado sobre las superficies de hormigón. En la planta baja, las puertas de los dormitorios prolongan este juego lumínico: brillan como lunas, reflejando las estrellas reales y las creadas por la luz interior.
Los materiales elegidos —tierra, hormigón, acero, vidrio y madera de cedro macizo— expresan una sobriedad cálida, una estética wabi-sabi que celebra la imperfección y el paso del tiempo. El color terroso de los muros resuena con la vegetación que le rodea; el metal se oxida lentamente; el hormigón conserva la huella del encofrado. Todo cambia y envejece con dignidad.
En los interiores, las obras del pintor Josef Achrer Jr., del artista Lukáš Musil y los textiles abstractos de Geometr Studio aportan una dimensión artística íntima. El mobiliario combina piezas diseñadas por la propia arquitecta con clásicos contemporáneos —de Ligne Roset, Vitra, Moooi o Artemide—, conformando un lenguaje visual coherente y sereno.
Studio House se convierte en una experiencia: una conversación constante entre materia y atmósfera, entre el cuerpo humano y la inmensidad natural. Dagmar Štěpánová logra aquí condensar su ideario —la búsqueda de equilibrio entre brutalismo y sutileza, entre la precisión geométrica y la emoción— en una obra que parece haber nacido de la propia selva.
En esta casa que flota entre el cielo y la tierra, la arquitectura se convierte en vida compartida con el paisaje.

















Proyecto: Studio House.
Ubicación: Playa Hermosa, OSA
Uvita – Bahia Ballena, Puntarenas.
Terminado: 2025.
Contruido: casa 100 m2, terrazas 96 m2, piscina 21 m2.
Parcela: 11.000 m2.
Autor: Dagmar Štěpánová. Estudio: Formafatal.
Fotografía: BoysPlayNice.
Construcción: Willy Jeferson Céspedes Vargas + trabajadores locales.
Solado: Different Design [Pavel Trousil].
Carpintería metálica: Meprezuh [Ariel Zúñiga].
Ebanistería: Aharel Godínez taller.
Obra artística: Josef Achrer Jr. Lukáš Musil. Studio Geometr.
Fuente: Linka News.

Dagmar Štěpánová
Dagmar Štěpánová es una arquitecta checa cuya sensibilidad hacia la naturaleza, la cultura y el diseño la ha convertido en un faro creativo entre Europa y Centroamérica. Se formó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica Checa en Praga. Tras permanecer más de una década colaborando con varias oficinas convencionales, emprendió un camino propio para abrazar una visión más personal, orgánica e integral del espacio.
En 2015 fundó Formafatal, un estudio que desde sus inicios se planteó no solo como oficina de arquitectura e interiorismo, sino como un laboratorio creativo donde confluyen diseño, escenografía, mobiliario y experiencia espacial. Dagmar lidera con convicción un equipo interdisciplinar, consciente de que cada proyecto exige una mirada singular, íntima y empática.
Desde su pasión por las culturas de Latinoamérica y su arquitectura, Dagmar ha tejido un puente simbólico entre sus raíces europeas y su atracción por el trópico. Esa afinidad la llevó, en 2020, a trasladarse a Costa Rica, donde dirige la rama local de Formafatal junto con el arquitecto belga Jeroen Bollen. Mientras tanto, el estudio en Praga continúa activo bajo el liderazgo de la arquitecta Katarína Varsová y el diseñador Jan Roučka.
Dagmar siempre defiende que construir es dialogar. Disfruta trabajando en cada fase del proyecto —desde el concepto hasta los detalles más mínimos— y seleccionando personalmente a quienes comparten su actitud frente al espacio: el estudio es para ella como una familia profesional.

Formatatal
Formafatal, desde sus sedes en Praga y Costa Rica, concibe cada obra como una experiencia total, donde materia, atmósfera y gesto se funden en un solo lenguaje. Su trabajo se distingue por una mirada contextual y sensible, que abraza el paisaje, la cultura y las personas para las diseña. No hay separación entre exterior e interior, entre idea y detalle: todo forma parte de una narrativa espacial coherente y profundamente humana.
La sostenibilidad, entendida como compromiso ético, guía la elección de materiales y procesos locales, mientras la búsqueda de autenticidad se expresa en la honestidad constructiva y en la presencia táctil de lo artesanal.
Proyectos como el complejo Art Villas o el restaurante Gran Fierro en Praga revelan esta poética del equilibrio entre lo crudo y lo delicado, entre la precisión geométrica y la emoción. Con obras como Studio House, finalista de los Dezeen Awards 2025, Formafatal reafirma su vocación de crear espacios que se habitan y se sienten.
Project by Dagmar Štěpánová
