Alejandro Sánchez, que firma su obra como Alejandro Cateto, ha hecho de esta palabra —tan usada y tantas veces mal entendida— un emblema de identidad y de ternura. “Cateto”, reivindicando el origen, la tierra y la manera de mirar el mundo desde el sur. De ahí también el nombre de su estudio: Cateto Cateto, un eco doble que abraza a la vez al pueblo y al mundo.
Nacido en El Viso del Alcor, en la campiña sevillana, Alejandro se formó en la Escuela de Arte de Sevilla, donde fue parte de la primera promoción del grado de Diseño de Interiores. Tras sus primeros pasos en estudios de referencia como Teresa Sapey Studio en Madrid y El Equipo Creativo en Barcelona, encontró su propio tono: un lenguaje cálido, matérico, empático, donde el color, la luz y la memoria se funden en atmósferas llenas de humanidad.
El origen de Cateto Cateto se remonta a los días inciertos de la pandemia. Aquel tiempo suspendido le devolvió a sus raíces y le permitió dar forma a su estudio en el que desarrolla su manera de entender el diseño, desde la honestidad, la cercanía y el respeto por el territorio. Para Alejandro, el diseño es siempre un acto de empatía. Ya sea una taberna en su tierra, una vivienda íntima o un restaurante en el corazón de una gran ciudad, el espacio se construye a partir de la escucha: del cliente, del lugar, del tiempo.
Alejandro Cateto pertenece a esa nueva generación de interioristas que no buscan imponer un estilo, sino construir una mirada. Su obra camina con acento andaluz, con ritmo mediterráneo, con sensibilidad universal. En sus manos, el interiorismo se vuelve relato, y cada espacio, un poema donde la raíz y la modernidad conviven con natural elegancia.
Hoy, Alejandro dirige su estudio desde Andalucía pero con mirada internacional, desarrollando proyectos y colaboraciones transfronterizas. Su nombre —“Cateto” reinventado— es un recordatorio de que el origen también puede potenciar la mirada.