Nacido en Santiago de Chile en 1965, Smiljan Radić estudió arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se tituló en 1989. Durante los primeros años de su carrera viajó por Europa y Asia, experiencias que marcaron profundamente su mirada sobre la arquitectura y el paisaje.
Desde el inicio de su estudio en Santiago en los años noventa, Radić ha desarrollado una práctica donde conviven proyectos públicos, viviendas experimentales e instalaciones efímeras. A lo largo de este recorrido ha trabajado frecuentemente junto a la escultora chilena Marcela Correa, cuya sensibilidad hacia la materia y el paisaje ha influido en el imaginario espacial de muchas de sus obras.
Esta colaboración ha contribuido a construir una arquitectura que busca generar experiencias espaciales abiertas, donde la estructura, la textura y la luz adquieren un papel central.
Arquitectura entre lo primitivo y lo contemporáneo
Uno de los rasgos más reconocibles de la obra de Radić es su interés por formas aparentemente elementales: refugios, cúpulas, volúmenes suspendidos o estructuras apoyadas con una ligereza inesperada. Estas figuras, sin embargo, nunca se presentan como gestos formales autónomos. Surgen de una reflexión sobre el contexto físico, cultural y climático del lugar donde se implantan.
La arquitectura aparece así como un artefacto dentro del paisaje. En ocasiones parece posarse sobre el terreno; otras veces se oculta entre la vegetación o emerge como una presencia silenciosa que dialoga con el entorno.
Utiliza con una libertad poco habitual la piedra, el hormigón, la madera o materiales translúcidos, combinando técnicas constructivas tradicionales con soluciones experimentales. Este equilibrio entre lo arcaico y lo contemporáneo ha convertido su obra en una referencia para varias generaciones de arquitectos.
Obras representativas de Smiljan Radić
A lo largo de su carrera, Radić ha desarrollado proyectos muy diversos, desde viviendas en paisajes remotos hasta edificios culturales de gran escala. Entre los más significativos destacan los siguientes.
Casa Pite (Papudo, Chile, 2005). Situada en un promontorio rocoso frente al océano Pacífico, la Casa Pite se ha convertido en una de las obras más conocidas del arquitecto. La vivienda se apoya sobre el terreno con una geometría fragmentada que recuerda a las formaciones naturales del lugar.
El proyecto combina hormigón visto, piedra y madera en un diálogo directo con el paisaje costero. La casa parece surgir de él, como una extensión artificial de la topografía.
Pabellón Serpentine Gallery (Londres, 2014). La invitación para diseñar el pabellón anual de la Serpentine Galleries en Londres supuso la consagración internacional de Radić. Su propuesta consistió en una gran carcasa translúcida de fibra de vidrio apoyada sobre enormes bloques de piedra.
El pabellón evoca simultáneamente una ruina antigua y una estructura futurista. La luz filtrada por la envolvente crea un interior ambiguo, a medio camino entre refugio y linterna urbana.
Teatro Regional del Biobío (Concepción, Chile, 2018). Ubicado junto al río Biobío, este teatro público es uno de los proyectos culturales más importantes realizados en Chile en las últimas décadas.
El edificio se presenta como un volumen compacto revestido por una piel translúcida rojiza que filtra la luz natural durante el día y transforma el teatro en una linterna urbana por la noche. En su interior, una secuencia clara de espacios públicos articula el acceso a las salas, estableciendo una relación directa entre la ciudad, el río y la actividad cultural.
Casa para el poema del ángulo recto (Vilches, Chile, 2010). Inspirada en el poema visual de Le Corbusier Poème de l’angle droit, esta pequeña vivienda experimental explora la relación entre arquitectura, literatura y paisaje.
El proyecto adopta una estructura esencial que organiza el espacio en torno a una secuencia de muros y patios. La arquitectura aparece aquí como un dispositivo de contemplación del entorno natural.