Un caserío vasco del siglo XV rehabilitado por el arquitecto Ekaitz Uribe Rus y la interiorista Patricia Arostegi

19 marzo 2026
La intervención combina bioconstrucción, memoria material y una nueva forma de habitar vinculada al entorno natural, transformando el antiguo edificio en una vivienda familiar, un apartamento independiente y varios espacios de trabajo.
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En el paisaje abierto de Uribe Kosta, entre el valle, las montañas y el mar, se encuentra el caserío Goikotorre. Su origen se remonta al siglo XV, cuando funcionaba como una casa torre que con el tiempo se transformó en caserío. A pesar de su antigüedad, apenas conservaba protección patrimonial más allá de algunos elementos puntuales: un muro divisorio con arco ojival gótico y un pequeño oratorio que sobrevivieron al paso de los siglos.  

El proyecto, desarrollado por Oreka Arkitektura liderado por el arquitecto Ekaitz Uribe Rus, y la interiorista Patricia Arostegi, aborda la rehabilitación integral del edificio desde una mirada contemporánea profundamente conectada con la tradición constructiva vasca. Más que una restauración literal, la intervención propone una reconstrucción consciente: un proceso que conserva la memoria material del caserío mientras lo adapta a una nueva forma de habitar.  

El origen del proyecto es también una historia de retorno: una familia que regresa desde Canadá – ella, irlandesa; él, vizcaíno; y sus tres hijas– para establecer aquí su hogar definitivo. Acostumbrados a vivir durante años en espacios pequeños —apenas un estudio de 40 metros cuadrados— imaginaban esta casa como un espacio para la luz, el juego y el tiempo compartido.  

La organización espacial de la vivienda se desarrolla en torno a un elemento central: una gran galería longitudinal que atraviesa el edificio de este a oeste. 

El edificio original se encontraba en un estado muy deteriorado: espacios fragmentados, desniveles acusados y estancias sin iluminación natural. Ante esta situación, el equipo optó por derribar y reconstruir el caserío manteniendo su volumen original y preservando los elementos históricos protegidos. La nueva estructura se levanta mediante un sistema de entramado ligero de madera sobre una cimentación renovada, una solución que combina la lógica constructiva tradicional con estándares actuales de precisión, eficiencia energética y confort.  

Este enfoque responde a los principios de bioconstrucción que guían el trabajo de Oreka Arkitektura. La elección de materiales naturales y transpirables, la atención a la calidad del aire interior y la regulación térmica pasiva sitúan el bienestar de las personas en el centro del proyecto. Más que una etiqueta técnica, la bioconstrucción se traduce aquí en una arquitectura que respira con el entorno y que establece una relación equilibrada entre paisaje, vivienda y vida cotidiana.

Egurpe, cooperativa local especializada en construcción en madera y rehabilitación de caseríos históricos realizó la ejecución de la obra. Su colaboración fue clave para materializar el sistema constructivo con precisión y coherencia.  

«Burbujas» de Gabriela Sagarminaga, realizada con fibras naturales.

Uno de los gestos más significativos del proyecto es la recuperación de una viga original de roble de más de cinco metros de longitud. La pieza, perteneciente a la estructura primitiva del caserío, se reintegra en la nueva construcción tras un complejo trabajo manual realizado por el equipo de obra. Su presencia introduce una continuidad tangible entre pasado y presente, convirtiéndose en un elemento estructural y simbólico al mismo tiempo.  

La organización espacial de la vivienda se desarrolla en torno a un elemento central: una gran galería longitudinal que atraviesa el edificio de este a oeste. Este espacio intermedio, exterior pero protegido, funciona como verdadero corazón de la casa. En verano permanece fresco; en invierno ofrece refugio frente a la lluvia. Su dimensión generosa permite que se convierta en lugar de encuentro, comedor informal o espacio de estancia prolongada. Un banco corrido se apoya sobre el muro de piedra original, acompañado de vegetación y cerámica, mientras la madera de alerce reviste la galería introduciendo un contrapunto contemporáneo que dialoga con la piedra histórica.  

Desde esta galería se accede tanto a la vivienda principal como a los espacios auxiliares —almacén, taller y cocina de apoyo para celebraciones exteriores— mientras que el apartamento destinado al alquiler dispone de acceso independiente desde el tradicional aterpe del caserío. Esta organización permite que cada programa funcione con autonomía sin alterar la unidad del conjunto.  

El interior se organiza a partir de la orientación y la luz. Las estancias de trabajo y descanso se sitúan al norte, con una iluminación constante y serena que enmarca vistas lejanas hacia el mar. Las áreas de día, en cambio, se abren al sur y al este, conectando con el bosque de robles, frutales y espacios de juego que rodean la vivienda dentro de una parcela de más de diez mil metros cuadrados.  

Viga original de roble de más de cinco metros de longitud
«Torimbia» grabado de Juan Escudero.

El interiorismo se plantea desde un minimalismo funcional donde la calidez no proviene del mobiliario sino de la materia. Suelos continuos de Mortex, carpinterías de roble natural, paredes de arcilla que regulan de forma pasiva la humedad y pinturas ecológicas construyen una atmósfera serena y saludable. Incluso en espacios amplios y deliberadamente despejados, el ambiente nunca resulta frío: la textura de los materiales y la presencia de elementos originales recuperados mantienen viva la memoria del lugar.  

La cocina, concebida como centro de la vida doméstica, se organiza alrededor de una isla con encimera de piedra natural y mobiliario realizado a medida en chapa de roble. El diseño evita elementos superfluos y pone el foco en la precisión constructiva y en el uso cotidiano. En el salón, la ausencia de un sofá convencional deja espacio a sillones de lectura orientados al paisaje y a un área flexible vinculada a la música, reflejando una forma de habitar más abierta y cambiante.  

El arte aparece de manera puntual, pero significativa. En el espacio principal, una obra de gran formato de Gabriela Sagarminaga, realizada con fibras naturales, introduce textura y presencia sin romper la serenidad material del conjunto. En el estudio, un grabado de Juan Escudero titulado Torimbia establece un diálogo directo con el paisaje marino visible desde las ventanas, de modo que el mar representado y el real conviven en un mismo plano visual.  

La intervención en Goikotorre no pretende crear una imagen nueva al caserío, sino acompañar su transformación con precisión y respeto. La arquitectura actúa aquí como mediadora entre memoria y presente, entre paisaje y vida doméstica. Más que reconstruir un edificio histórico, el proyecto reconstruye también una forma de habitar el territorio.

Proyecto: Goikotorre.
Tipo de intervención: Rehabilitación integral de caserío.
Ubicación: Armintza (Bizkaia).
Terminado: 2025.
Superficie total: 517 m².
Arquitectura: Oreka Bioarkitektura.
Arquitecto principal: Ekaitz Uribe Rus.
Interiorismo y gestión de obra: Patricia Arostegi.
Construcción: Egurpe Construcción en madera.
Fotografía: Erlantz Biderbost.
Estilismo: Inés Uribarren.
Arte: Sagarminaga Atelier. Juan Escudero.

Ekaitz Uribe Rus

El arquitecto vasco Ekaitz Uribe Rus es el fundador y director de Oreka Bioarkitektura, un estudio especializado en arquitectura sostenible, rehabilitación y bioconstrucción que desarrolla principalmente su actividad en el País Vasco y en el norte de la península ibérica. Desde sus inicios, la práctica del estudio ha estado guiada por una profunda reflexión sobre la relación entre arquitectura, territorio y salud, explorando formas de construir que respondan de manera responsable tanto al entorno natural como a las formas contemporáneas de habitar.

El nombre del estudio —Oreka, que en euskera significa equilibrio— refleja el fundamento conceptual de su trabajo. Para Uribe Rus, la arquitectura surge de un delicado equilibrio entre el paisaje, la tradición constructiva, los recursos materiales, la eficiencia energética y el bienestar de las personas que habitan los espacios. Desde esta perspectiva, Oreka Bioarkitektura desarrolla proyectos que buscan integrar la arquitectura de manera natural en su contexto físico, cultural y social.

Con el paso de los años, Ekaitz Uribe Rus se ha consolidado como una de las voces destacadas de la bioconstrucción en el País Vasco. Esta disciplina entiende la arquitectura como un sistema vivo en el que los materiales, la energía y el ambiente interior interactúan con el paisaje que lo rodea. En su práctica profesional, la bioconstrucción no se plantea como una etiqueta técnica ni como una tendencia pasajera, sino como una forma de proyectar que sitúa en el centro la salud de las personas, la durabilidad de los edificios y la responsabilidad ambiental.
Ver biografía completa.

Patricia Arostegi

Patricia Arostegui es interiorista y gestora de proyectos especializada en la rehabilitación de caseríos y viviendas situadas en entornos rurales. Su trabajo se centra en acompañar procesos de transformación doméstica complejos, en los que arquitectura, interiorismo y vida cotidiana encontruentran un equilibrio sereno y duradero.

Antes de dedicarse al diseño de espacios, Arostegui desarrolló durante más de quince años su carrera profesional en la industria internacional de la moda y el lujo, trabajando entre Londres y Ámsterdam para compañías como Burberry. Esta experiencia le proporcionó una sólida formación en creatividad, organización y gestión de equipos en contextos exigentes, habilidades que posteriormente trasladó al ámbito de la arquitectura y la rehabilitación.  

Actualmente dirige proyectos de reforma y rehabilitación desde una visión integral que combina diseño interior, coordinación de obra y acompañamiento al cliente. Su práctica se desarrolla en estrecha colaboración con el estudio Oreka Bioarkitektura, liderado por el arquitecto Ekaitz Uribe Rus, con quien comparte una sensibilidad común hacia la bioconstrucción y el respeto por el paisaje. Esta colaboración permite abordar los proyectos desde una perspectiva coherente, en la que arquitectura e interiorismo se desarrollan como partes de un mismo proceso.  

Gran parte de su trabajo se orienta a personas y familias que deciden trasladarse del entorno urbano al rural, ayudándoles a redefinir su manera de habitar y su relación con el territorio. En este contexto, Arostegui apuesta por un acompañamiento cercano y profundamente personalizado, trabajando simultáneamente en un número limitado de proyectos para garantizar una atención constante.  

Su metodología se apoya en equipos reducidos de profesionales, en una gestión transparente de los procesos y en un control económico riguroso de las obras. Más allá del resultado formal, su objetivo es convertir lo que a menudo se percibe como una experiencia compleja o estresante en un proceso claro, compartido y sereno, en el que los clientes se sientan implicados y acompañados en cada decisión.  

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