Hay territorios, como la Toscana, donde la arquitectura se percibe como una continuidad natural del paisaje. Desde hace siglos, colinas cultivadas, olivares, cipreses y pequeñas poblaciones amuralladas forman un territorio donde la presencia humana y la geografía han aprendido a convivir con una extraordinaria naturalidad.
La arquitectura rural toscana —casas de campo, graneros, torres o pequeñas villas agrícolas— responde a una lógica sencilla: ocupar las cimas de las colinas para dominar el territorio, protegerse del clima y organizar el trabajo agrícola. Las construcciones se levantan con materiales del lugar —piedra, terracota, madera— y con el paso del tiempo adquieren una pátina que las integra profundamente en el paisaje.
Esta relación entre arquitectura y territorio ha generado una identidad reconocible en todo el mundo. Sin grandes gestos formales, los edificios parecen surgir de la tierra que los sostiene, acompañando la topografía y la luz cambiante del campo italiano.








Intervenir hoy en este contexto supone, por tanto, un ejercicio de equilibrio desde la comprensión de las reglas silenciosas que han construido el paisaje durante generaciones. Con esta actitud el estudio londinense McLean Quinlan aborda Ercolina, su primer proyecto en Italia: una finca residencial situada en las colinas de la Maremma diseñada para una familia con raíces italianas que deseaba establecer aquí su base permanente.
El terreno se extiende sobre dos colinas desde las que se abren vistas hacia la laguna de Orbetello y la península del Argentario. El proyecto se desarrolló a partir de la lectura cuidadosa de esta topografía y de las condiciones climáticas del lugar. «Ercolina es nuestro primer proyecto en Italia y da continuidad a nuestro interés por la artesanía, el paisaje y el contexto. Lo diseñamos teniendo en cuenta la topografía, el clima y las impresionantes vistas del lugar, y nos inspiramos en la arquitectura toscana para que se integre armoniosamente con el carácter de la zona.» comenta Kate Quinlan, directora de McLean Quinlan.
El conjunto se organiza mediante tres edificaciones principales: la Torre, el Granero y la Casa de invitados, separadas entre sí y situadas estratégicamente sobre las colinas para aprovechar la luz, las brisas dominantes y las vistas panorámicas.
Arquitectura integrada en el paisaje
La intervención comenzó con un proceso de masterplan que permitió reorganizar el terreno existente. El lugar contaba originalmente con una antigua casa rural poco significativa y algunos restos dispersos. A partir de ese punto de partida, se estudiaron cuidadosamente los accesos, la presencia de olivos maduros y las líneas visuales hacia el mar.
El edificio principal se construyó sobre la huella de una antigua construcción agrícola. Esta decisión permitió preservar la vegetación existente y, al mismo tiempo, anclar la nueva arquitectura a una lógica preexistente del terreno. El edificio parece así asentarse de forma natural en la colina, como si su presencia fuese una evolución del paisaje agrícola original.











La Torre
El elemento más visible del conjunto es la Torre, cuya silueta vertical actúa como referencia dentro del paisaje. Su perfil alargado remite a las torres históricas que salpican muchas ciudades y pueblos del centro de Italia.
Los arcos y las proporciones de las ventanas se inspiran en el lenguaje vernacular local, aunque reinterpretados para responder a las necesidades de la vida contemporánea. Las aperturas permiten amplias vistas del territorio y aseguran una iluminación generosa durante todo el día.
Las formas curvas que aparecen en distintos puntos del proyecto también encuentran su origen en la tradición constructiva de la región, particularmente en la piedra de las murallas históricas de la cercana Magliano.
El Granero y la Casa de invitados
En la zona contigua se sitúan el Granero y la Casa de invitados, edificios más horizontales que completan la composición del conjunto.
La Casa de invitados se diseña como un espacio más informal y sociable, pensado para encuentros familiares y reuniones. Su interior incluye una cocina y un amplio espacio de estar abierto hacia las vistas del sur.
El Granero responde tanto a la tradición agrícola del lugar, como a las necesidades actuales de la propiedad. Además de albergar la producción de aceite de oliva virgen extra orgánico —una práctica profundamente arraigada en la cultura local— funciona como espacio flexible para eventos y como gimnasio privado.









Materia y tradición
Si la arquitectura responde al paisaje, los materiales lo hacen a la tradición constructiva del territorio. Las paredes de piedra se construyen con material extraído directamente del propio terreno. Los tejados de terracota y los detalles de carpintería reproducen técnicas locales, mientras que las ventanas y elementos cerámicos se fabricaron en Italia para mantener una continuidad con el lenguaje regional.
Este uso deliberadamente tradicional de los materiales evita que el conjunto aparezca como una arquitectura demasiado nueva o abstracta. Los edificios parecen pertenecer al lugar desde hace tiempo.
Interiores y paisaje
El concepto interior se desarrolló inicialmente junto al diseñador Tommaso Ziffer, en colaboración con Studio GAA Architects. En los interiores, muebles antiguos, puertas y techos decorados con frescos conviven con grandes aperturas hacia el paisaje. Esta superposición de capas históricas y contemporáneas refuerza la atmósfera doméstica sin competir con la arquitectura.
La vida cotidiana se organiza alrededor de terrazas, porches y espacios abiertos que permiten una continuidad constante entre interior y exterior. El horizonte, la luz cambiante y el paisaje agrícola forman parte de la experiencia diaria de la casa.
Un paisaje habitado
Ercolina busca reinterpretar la Toscana con una actitud de continuidad: comprender las reglas silenciosas que han construido el paisaje y prolongarlas con medios contemporáneos. La arquitectura aparece así como una presencia tranquila dentro del territorio, participando de un equilibrio que lleva siglos construyéndose.
En ese gesto contenido se reconoce una de las constantes del trabajo de McLean Quinlan: una arquitectura que se sitúa en el lugar con respeto, precisión y una atención profunda a la forma en que las personas habitan el paisaje.
Proyecto: Ercolina.
Ubicación: Magliano. Toscana. Italia
Terminado: 2024.
Arquitectura: McLean Quinlan.
Arquitecto ejecutivo: Studio GAA.
Interiorismo: Tommaso Ziffer.
Estudio de topografía asociado: RCC.
Paisajistas Consultores: Studio Baccari. Gaia Chaillet Giusti.
Constructor: Baglioni Costruzioni.
Fotografía: Jim Stephenson.
Fuente: McLean Quinlan

McLean Quinlan
El estudio londinense McLean Quinlan forma parte de una generación de arquitectos británicos que han desarrollado, a lo largo de varias décadas, una arquitectura profundamente vinculada al lugar. Fundado en 1982 por la arquitecta Fiona McLean, el estudio ha construido una trayectoria de más de cuarenta años caracterizada por la atención al paisaje, la materialidad y la continuidad cultural de cada contexto.
Desde sus primeros proyectos, Fiona McLean defendió una idea de arquitectura que rehúye el gesto autónomo para situarse dentro de una conversación más amplia con el territorio. Su trabajo se desarrolla a partir de una observación atenta del entorno físico —topografía, clima, vegetación, tradiciones constructivas— y también del imaginario cultural que habita cada lugar. La arquitectura aparece así como una respuesta precisa a condiciones existentes, más que como una imposición formal.
Formada en el Reino Unido, Fiona McLean inició su práctica profesional en un momento en que la arquitectura británica comenzaba a recuperar el interés por el contexto y la dimensión cultural del paisaje. Desde su fundación, su estudio combinó investigación material, conocimiento del territorio y una fuerte sensibilidad hacia el carácter doméstico de la arquitectura.
A lo largo de su trayectoria, el estudio ha trabajado principalmente en proyectos residenciales de alta complejidad, tanto en el Reino Unido como en otros países europeos. Sus obras suelen situarse en entornos paisajísticos delicados —campiñas, costas o territorios rurales— donde la arquitectura debe encontrar un equilibrio entre presencia y discreción. Esta atención al lugar se refleja en el uso cuidadoso de materiales, en la adaptación a la topografía y en la construcción de espacios que mantienen una relación directa con el exterior.
Hoy McLean Quinlan está dirigido por un equipo consolidado en el que Kate Quinlan, directora del estudio, desempeña un papel central en el desarrollo de los proyectos y en la continuidad de la visión iniciada por Fiona McLean. Desde su estudio en Londres y en Winchester, continúan desarrollando una arquitectura que entiende el paisaje como estructura del proyecto y no como simple escenario. El resultado es una obra que combina precisión contemporánea y resonancias históricas, donde cada edificio parece haber surgido lentamente del territorio al que pertenece.
McLean Quinlan
London
1 Milliners House, Riverside Qtr.
Eastfields Avenue SW18 1LP
+44 (0)208 870 8600
studio@mcleanquinlan.com
mcleanquinlan.com
@mcleanquinlan
Winchester
The Corner, Gordon Road
SO23 7DD
+44 (0)1962 842520
Project by McLean Quinlan
