Casa Vereda: Laura Ortín traduce la memoria de la huerta de Murcia en esta sucesión de bóvedas

20 octubre 2026
Una vivienda que la arquitecta proyectó al ritmo poético de unos versos de Antonio Machado: “Soñé que tú me llevabas / por una blanca vereda, / en medio del campo verde, / hacia el azul de las sierras”
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En la Vega del Segura se asienta Los Ramos, a ocho kilómetros al noreste de la ciudad de Murcia, donde la llanura de regadío empieza a subir por las estribaciones del monte Miravete. Es un pueblo que respira el aroma de la huerta, con unas laderas en las que todavía se distinguen los aterrazamientos de los antiguos cultivos, testigos de la prosperidad agrícola que sostuvo la zona durante generaciones. En los parajes de montaña cercanos, los restos apenas visibles del castillo de Tabala recuerdan la línea de fortalezas que en época medieval guardaba el sur de la huerta de Murcia.

Rodeado de huertos de cítricos, el pueblo habita un paisaje de trabajo agrícola, trazado por acequias, bancales y caballones, en el que lo construido nace de la necesidad: la barraca, la ermita y también las naves de las fábricas hortofrutícolas donde se preparaba la cosecha de la vega.

Entre esos huertos, la arquitecta Laura Ortín, al frente de L’Aura Ortín Architecture for Happiness, ha diseñado Casa Vereda, una vivienda unifamiliar que la arquitecta proyectó al ritmo poético de unos versos de Antonio Machado: “Soñé que tú me llevabas / por una blanca vereda, / en medio del campo verde, / hacia el azul de las sierras”. La casa traduce a materia los colores del poema: el blanco de sus fachadas, el verde de los limoneros y de sus contraventanas, el azul de la sierra que cierra el horizonte.

La fachada principal encadena seis bóvedas de distintas altura. La más alta corresponde a la zona de día.
Los limoneros de la vega rodean la casa, cuyo perfil de bóvedas asoma sobre la vegetación.
El corcho proyectado reviste muro y cubierta con una misma textura granulada, rematada por un fino canto de las bóvedas.

La silueta de la huerta de Murcia

Vista desde los huertos, Casa Vereda se reconoce por su perfil, una secuencia de arcos de distinta altura que recorre la fachada como una línea ondulada contra el cielo. Cada arco corresponde a una bóveda, más alta sobre la zona de día y más baja sobre los dormitorios, y ese perfil deja intuir desde fuera la organización interior. La silueta recuerda a las cubiertas curvas de las naves agrícolas de la vega, esa arquitectura cotidiana que Ortín estudia como fuente de conocimiento. “Entender lo que ya existe puede ayudarnos a construir una arquitectura contemporánea más consciente y más conectada con su entorno” sostiene la arquitecta.

La casa aspira a pasar desapercibida. Su mimetismo plantea una pregunta deliberada a quien la contempla —¿estuvo siempre ahí?—, y el revestimiento continuo de fachada y cubierta, de un tono arena y textura granulada, prepara la superficie para adquirir su propia pátina y envejecer junto a lo que la rodea. Ante la fachada principal se extiende una terraza de barro artesanal, donde las puertas balconeras y sus contraventanas verdes marcan un ritmo regular bajo la línea cambiante de las bóvedas.

Bajo la bóveda de mayor altura, los sofás modulares en tono teja repiten el color del ladrillo.
La chimenea de doble cara separa comedor y salón sin interrumpir la continuidad del espacio.

Bóvedas tabicadas de ladrillo artesanal

Las cubiertas curvas se han resuelto a la manera tradicional, con bóveda tabicada de ladrillo artesanal. La técnica, de larga tradición en Levante, construye la bóveda con ladrillos delgados colocados con yeso de fraguado rápido, sin necesidad de cimbra. En el interior, el ladrillo queda visto, y su gama de colores anaranjados, ocres y terracotas, distinta en cada pieza, se convierte en el argumento principal del espacio. El aparejo cambia de una estancia a otra y dibuja sobre la curva tramas diferentes.

Cada espacio recibe la altura y la anchura que pide su uso. Los dormitorios se cubren con bóvedas más bajas, que recogen el ambiente y facilitan la climatización, mientras la zona de día, donde la actividad es mayor y conviven más personas, se desarrolla bajo las bóvedas de mayor altura. Salón, comedor y cocina se suceden en un único espacio continuo, en cuyo centro una chimenea exenta de doble cara eleva su tubo negro hasta la clave. Allí donde dos bóvedas se encuentran, una franja blanca marca la junta y hace legible la estructura, también en el baño, donde la cerámica gris perla reviste los muros hasta el arranque de la curva.

El sol como combustible

“La luz es nuestra aliada. El sol, nuestro combustible”, comenta Ortín. La arquitectura bioclimática forma parte del método de la arquitecta desde el primer trazo. La orientación, la sombra, la ventilación y la relación con el exterior ordenan la planta tanto como el programa. Las estancias se abren a la terraza a través de grandes puertas balconeras, y la luz recorre la casa de un extremo a otro, creando espacios de gran luminosidad.

El suelo interior es de terrazo, y su papel va más allá del acabado. En invierno, el sol que entra por los huecos calienta el pavimento, cuya gran inercia térmica conserva el calor durante horas; en verano, con las contraventanas cerradas, el mismo suelo se mantiene fresco. La envolvente completa el sistema. Fachada y cubierta se revisten de corcho proyectado, con una granulometría que mejora el aislamiento térmico y el comportamiento higrotérmico, y que da a todo el volumen una continuidad material en la que muro y bóveda comparten la misma piel.

Los dormitorios se cubren con bóvedas más bajas, que recogen el ambiente y facilitan la climatización.

Verdad y belleza en la materia

Ortín pide a la materia coherencia constructiva y algo de misterio, y lo condensa en dos palabras: “verdad y belleza”. La madera aporta la nota inesperada. Puertas, armarios y cocina son de pino natural lacado en tono cerezo, un rojo profundo que convive con el color terracota del ladrillo y el blanco de los muros. El mobiliario conserva en cambio el pino claro. Las mesas, bancos, camas y aparadores de Lufe, de líneas sencillas y ensambles a la vista, traen a la casa una escala doméstica y artesanal.

En el exterior y en los alféizares, el barro artesanal ofrece una pisada de tierra y un aspecto rural que enlaza con la tradición de la huerta. Las contraventanas, diseñadas por el estudio, son una relectura contemporánea de la mallorquina mediterránea. Fabricadas en aluminio lacado en verde hoja y reducidas a lo esencial, cumplen tres cometidos a la vez: seguridad, protección solar y vínculo con una memoria colectiva que cualquier lugareño de la huerta reconoce.

Una casa para vivir despacio

El interior prolonga la paleta de la arquitectura. Sofás modulares de bouclé en tono teja, la lámpara de papel de Mia Pulpa sobre la mesa del comedor, las cerámicas de Inma Peroli, las piezas de Marín Guevara y los tejidos de Gredecor componen espacios abiertos al exterior, en los que el ladrillo de las bóvedas basta como ornamento. En el dormitorio del niño, una cama nido de pino y un pequeño escritorio frente a la ventana ocupan una habitación alargada bajo una bóveda baja, a escala infantil.

La arquitectura cede el protagonismo a la vida que acoge y se ofrece como escenario desde el que disfrutar de lo esencial. Como la blanca vereda de Machado, la casa es un camino antes que un destino, una línea clara entre los limoneros desde la que mirar el campo verde y, al fondo, el azul de las sierras.

Materiales y mobiliario

Cubiertas: bóveda tabicada de ladrillo artesanal. Revestimiento de fachada y cubierta: corcho proyectado. Pavimento interior: terrazo. Pavimento exterior y alféizares: barro artesanal. Carpintería interior y cocina: pino natural lacado en tono cerezo. Contraventanas: aluminio lacado en verde hoja, diseño de L’Aura Ortín Architecture for Happiness. Mobiliario de madera: Lufe. Chimenea: Llofrío. Lámpara del comedor: Mia Pulpa. Textiles: Gredecor. Cerámica: Inma Peroli. Piezas de arte: Marín Guevara. Estilismo: Icónica 38 y Alexandra Cánovas del Rey.

Proyecto: Casa Vereda.
Ubicación: Los Ramos. Murcia.
Programa: Vivienda unifamiliar de obra nueva.
Superficie construida: 240 m².
Terminado: 2026.
Arquitectura: L’Aura Ortín Architecture for Happiness.
Equipo: Laura Ortín, arquitecta principal). Tatiana Poggi, arquitecta y Cintia Collado, arquitecta técnica.
Arquitecto técnico: Antonio Ros. Otarin Estudio.
Ingeniería estructural: CYD.
Constructora: Coprosaro.
Fotografía: David Frutos.
Vídeo: Sandwich Studio.
Dirección de arte: Altoplano.
Fuente: L’Aura Ortín Architecture for Happiness.

Laura Ortín

Desde Murcia, donde fundó su estudio en 2011, Laura Ortín lleva dos décadas construyendo una manera propia de entender la arquitectura. Se tituló en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia en 2006, tras cursar la especialidad de Edificación en la École d’Architecture ISAI de Bruselas, y entre 2012 y 2014 realizó los estudios de doctorado en la Universidad Politécnica de Madrid. Sus primeros años de ejercicio transcurrieron en el estudio Ad-Hoc Murcia, donde participó en concursos, obra pública y privada a lo largo de todas las fases del proyecto.

Una sucesión de encargos fue dando forma a una investigación personal que hoy reúne bajo el claim “architecture for happiness”: proyectar a partir de cómo las personas perciben los espacios, para aportarles bienestar e identidad. Le interesa la relación de las personas con su medio habitable, que llama la dimensión etoecológica, y de ahí nacen espacios saludables, bellos y emocionalmente sugerentes. El estudio aborda obra nueva, rehabilitación, reforma y diseño de mobiliario con los mismos valores en cualquier escala: respeto, recuerdo, acogimiento, honestidad y economía. Ortín defiende además la capacidad social del diseño arquitectónico, y durante más de una década mantuvo en paralelo LOdiseñaLO, un proyecto concebido como miscelánea creativa donde compartía obsesiones, intenciones y proyectos.

Su forma de organizar el oficio también es singular. En lugar del modelo clásico de estudio, ha tejido una red estable de colaboraciones, pensada para que la práctica profesional resulte compatible con la vida.

La docencia ocupa un lugar central en su trayectoria. Es profesora del Máster Universitario en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante, del Máster de Interiorismo del Instituto 42 de Murcia y del programa Interior Design Experience en Madrid, ha formado parte de tribunales de trabajos de fin de grado y ha impartido conferencias en universidades y escuelas de Zaragoza, Alicante, Madrid y Cartagena. Ha firmado artículos de investigación en Innovación e Investigación en Arquitectura y Territorio, de la Universidad de Alicante, y en Documentos Académicos de Arquitectura, de la Politécnica de Bolivia, y la obra del estudio se ha publicado en revistas internacionales como I-Plus Magazine, L’Architecture d’Aujourd’hui o FIO.

L’Aura Ortín Architecture
for Happiness
Plaza Cetina, 6
30001 Murcia
+34 616 105 832
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