Clara Crous diseña en l’Empordà su propia vivienda estudio, un lugar donde explicar su arquitectura

19 febrero 2026
Diseñada inicialmente como vivienda propia, la casa se ha convertido en una extensión natural del estudio, un lugar desde el que explicar su manera de proyectar. “La arquitectura no es para verla en fotos, hay que experimentarla”, señala la arquitecta.
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En Vilamacolum, un pequeño pueblo del Alt Empordà rodeado de campos abiertos en un hermoso paisaje agrícola, la arquitecta Clara Crous proyecta su propia vivienda. Casa al Pradet nace así desde una doble condición poco frecuente: es al mismo tiempo casa y manifiesto, espacio doméstico y lugar de trabajo. Una arquitectura diseñada desde dentro, donde vida, práctica profesional y territorio se entrelazan de forma inseparable.

La parcela, triangular y situada en el borde del pueblo, establece desde el inicio el marco del proyecto. En contacto directo con el paisaje rural y con una cota más baja que el núcleo urbano, la implantación exige algunas decisiones: elevar la vivienda 1,2 metros para protegerla de escorrentías y fragmentar los volúmenes para resguardarse de la tramontana. La casa se adapta así a sus condiciones físicas y culturales, dialogando con la disposición discontinua de las antiguas masías y sus anexos.

El origen del proyecto está íntimamente ligado a la biografía de la familia de Clara. Su relación con el campo y el conocimiento técnico de su marido vinculado a la fabricación digital, han influido de forma directa en el diseño de la vivienda. La obra se planifica incluso siguiendo el calendario agrícola, iniciándose tras la cosecha del maíz, cuando la mano de obra local podía implicarse en el proceso constructivo. Esta coincidencia se plantea como una forma de entender la arquitectura como parte de un ecosistema productivo más amplio.

Desde esa lógica surge una casa pensada para ser construida con precisión y cercanía. La estructura se resuelve mediante un entramado ligero de madera mecanizado previamente en taller, optimizando tiempos y recursos. El sistema permite una construcción ágil y altamente definida desde las fases iniciales. Como explica la arquitecta, “la madera me gustaba porque permite controlar mucho desde el inicio… poder controlar hasta el último detalle”.  

Esta voluntad de control previo define también el carácter espacial de la vivienda. El proyecto se desarrolla como una agregación de volúmenes de distintas alturas y proporciones, evocando los crecimientos progresivos de las casas rurales tradicionales. Se trata de una reinterpretación que traslada su lógica evolutiva a un lenguaje contemporáneo.

La materialidad refuerza esta continuidad con el territorio. La casa se construye con materiales naturales y de proximidad: mortero de cal, corcho, arcilla, terracota o baldosa hidráulica conviven con la madera estructural y el mobiliario integrado. En el interior, la madera organiza el espacio y construye una atmósfera homogénea, donde estructura, revestimiento y mobiliario comparten una misma continuidad material. Más que un acabado, se convierte en un soporte espacial que define la experiencia doméstica.

Algunos elementos tradicionales se reinterpretan mediante soluciones actuales. Las persianas alicantinas, por ejemplo, se integran en un sistema domótico que regula su apertura según el sol y el viento, mientras una franja perimetral de grava cerámica facilita el drenaje del terreno. Son decisiones discretas que articulan la vida cotidiana de la casa.

La experiencia del espacio se construye desde la precisión. La construcción en madera exige un alto grado de definición previa, algo que la arquitecta asume como parte esencial del proyecto. “Requiere mucho trabajo inicial, pero luego la obra es como un Lego: las piezas encajan y hay menos improvisación”, explica. Esa lógica se traduce en una arquitectura donde la continuidad, la luz y la escala doméstica se perciben como resultado de decisiones tomadas mucho antes de la obra.

Casa al Pradet es también un punto de inflexión en la trayectoria de Clara Crous. Diseñada inicialmente como vivienda propia, la casa termina convirtiéndose en una extensión natural del estudio, un lugar desde el que explicar su manera de proyectar. “La arquitectura no es para verla en fotos, hay que experimentarla”, señala la arquitecta, que utiliza su casa como espacio de encuentro con clientes y colaboradores. La vivienda funciona así como laboratorio y como síntesis, condensando una manera de construir basada en la cercanía, la materia y la experiencia.

Lejos de plantearse como objeto aislado, la casa se inserta en una continuidad más amplia. Su implantación, su sistema constructivo y su materialidad responden a una lectura atenta del lugar, pero también a una voluntad de coherencia con una práctica arquitectónica que reivindica los materiales naturales y los procesos controlados desde el origen. En palabras de la propia arquitecta, el objetivo era que “todas las cosas que para mí incluye la arquitectura quedaran plasmadas en esta casa”.  

El resultado es una vivienda que se define más allá de los gestos formales, por la densidad de sus decisiones. Una arquitectura construida desde la proximidad —al lugar, a los materiales y a la vida cotidiana— que propone una forma de habitar donde tradición y contemporaneidad se integran estrechamente.

Materiales

Mortero de cal chafado – fachada. Entramado ligero – en paredes. Vigas laminadas de abeto y paneles de abedul – techos. Hormigón pulido – suelo planta baja. Baldosa hidráulica hecha a medida – suelos. Terracota cocida manual – exteriores y terrazas. Madera de pino – ventanas. Marcos de hierro pintados al horno – exterior ventanas. Persianas Barcelona motorizadas – ventanas y terrazas. Estuco de cal – baño en suite. Paredes de arcilla – baño gris. Zellige artesano beige manual – baños. Madera tricapa de abeto – cocina, panelados de paredes, mobiliario a medida y estanterías. Compac – encimeras cocina. Acero inoxidable – campana cocina hecha a medida.

Productos y marcas

Suelo baldosa hidráulica: Mosaics Torra.
Interruptores: Jung.
Grifería — Icónico.
Sillas, taburetes y butacas: Vergés Design.
Butaca Formentor: Blasco&Vila.
Hamaca Maca: Calma Outdoor. 
Lámpara pequeña de tilo y alabastro: Siete Formas.
Lámparas Cesta, Disa, TMM: Santa & Cole.
Lámpara barra cocina: IHI Studio.
Lamparita de madera en habitación suite: Alex Mestre.
Lámpara Funículi: Marset.
Lámpara EK61: Carl Hansen & Søn.

Proyecto: Casa Al Pradet.
Ubicación: Vilamacolum (Girona).
Superficie: 235 m². Parcela: 1.054 m².
Terminado: 2024.
Estudio: Clara Crous Arquitectura.
Autor: Clara Crous Fort.
Equipo de diseño: Jordi Collell Puig, Amanda Soler Vela.
Cliente: Clara Crous Fort, Carles Torracabota Bosch.
Arquitecto técnico: Francesc Xavier Coromina i Corominas.
Fotografía: Montse Capdevila.
Constructor: Fustech.
Carpintería: Deco Fusta Pey.
Herrero: Moragas Salvans.
Cocina: Albert Aubach.
Instalaciones técnicas: Jaume Ruiz.
Soluciones en madera mecanizada: 7Vetes.
Suelo hormigón pulido: Grup Curanta.
Fuente: Linka. Lucía Zaballa.

Clara Crous

La arquitectura de Clara Crous nace del contacto directo con la construcción. Formada en la Universitat de Girona y con una etapa académica en la Sapienza Università di Roma, su trayectoria se ha desarrollado siempre en proximidad con la obra, los materiales y el territorio. Esa doble formación —técnica y vivencial— ha marcado una manera de proyectar donde el pensamiento arquitectónico va unido siempre a la ejecución.

Antes de iniciar su práctica independiente en 2017, trabajó en distintos estudios vinculados a la arquitectura y la construcción en Cataluña, participando tanto en proyectos de rehabilitación como en procesos de edificación industrializada. Especialmente significativa fue su experiencia en una empresa dedicada a viviendas prefabricadas de madera, donde se familiarizó con los sistemas constructivos ligeros, la precisión del diseño técnico y la importancia del detalle en fases tempranas del proyecto. Ese conocimiento temprano de la madera como sistema estructural y cultural ha permanecido como una constante en su trabajo posterior.

Desde su estudio, con base en el Empordà, Clara Crous desarrolla proyectos de arquitectura y rehabilitación que parten de una atención rigurosa al lugar y a las personas que lo habitan. Su práctica se sitúa en una línea que recupera materiales naturales —madera, cal, arcilla, aislamientos orgánicos— y los integra en soluciones contemporáneas, alejadas tanto del formalismo como de la nostalgia. Más que un lenguaje, su arquitectura propone una manera de construir: pausada, consciente y profundamente ligada al proceso.

La rehabilitación ha sido uno de los pilares de su trayectoria, entendida como un ejercicio de lectura del tiempo y de respeto por las preexistencias. En paralelo, sus proyectos de obra nueva exploran cómo trasladar esa misma ética material a contextos contemporáneos, con especial atención a la construcción en madera y a los sistemas que permiten un mayor control del proyecto desde su origen.

Su trabajo se caracteriza por una aproximación minuciosa al detalle, como consecuencia de una arquitectura que se piensa desde la experiencia. Espacio, luz, temperatura, tactilidad o envejecimiento de los materiales forman parte de una mirada que entiende la arquitectura como algo que se vive más que se observa.

Hoy, su práctica continúa evolucionando desde esa coherencia inicial: una arquitectura cercana, técnicamente precisa y comprometida con formas de habitar más sostenibles, donde la innovación se persigue como resultado natural de una relación honesta entre materia, lugar y vida cotidiana.

Los proyectos del estudio han sido publicados en diversos medios de ámbito local e internacional, como AD, Diseño Interior, On Diseño o La Vanguardia.

Clara Crous Arquitectura
Carrer Mar 20,
17474 Vilamacolum (Girona)
hola@claracrous.com
claracrous.com
@claracrousarq

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