Encajado entre el mar y la montaña, en el concejo asturiano de Colunga, Lastres es uno de esos lugares que parecen resistirse al paso del tiempo, en el que sus casas se agarran a la ladera y trepan desde el puerto hasta el Mirador de San Roque con la misma determinación con la que, generación tras generación, sus vecinos salieron a faenar al Cantábrico. Merecidamente es considerado uno de los pueblos más bonitos de España, después de haber vivido del mar con una intensidad que todavía se respira en su puerto, donde los pescadores siguen faenando y la lonja subasta cada día lo que después llega a las mesas de sus restaurantes y sidrerías.

El pueblo fue también, durante generaciones, un enclave ballenero, y esa memoria queda escrita en el nombre de uno de sus barrios más antiguos: el barrio de los Balleneros, un racimo apretado de calles empedradas donde las casas de pescadores conviven con varios palacios y viviendas blasonadas, todas vueltas hacia un mismo horizonte que cambia con cada esquina —el puerto, la Sierra del Sueve, los Picos de Europa al fondo—. Es precisamente en este barrio, entre muros gruesos, huecos pequeños y estructuras de madera que definen la arquitectura popular de Lastres, donde Antonio Antequera y su estudio Extrarradio intervienen una vivienda de 70 m² a la que, con acierto, se ha bautizado Casa Ballenero.




La estructura de la casa, ahora vuelve a hablar
La casa llegaba al proyecto con las cicatrices habituales de décadas de uso. Divisiones añadidas sin una lógica clara y falsos techos que habían recortado la altura original y ensombrecido unas estancias que, en su día, no lo fueron. Antonio Antequera responde con una idea radical en su sencillez, despojar la casa de todo lo superpuesto y dejar que vuelva a hablar su propia estructura.
Caen las particiones interiores y quedan al descubierto los forjados de madera, reforzados y dejados vistos como parte del acabado final. La planta recupera así, de golpe, la altura perdida, el aire empieza a cruzar la casa de un extremo a otro y las vistas —hacia dentro y hacia el mar— se multiplican. Lo que hasta entonces era una estructura escondida bajo capas de reformas sucesivas pasa a sostener, literalmente, todo el argumento del proyecto.



Mobiliario con función arquitectónica
Liberado el volumen, Extrarradio evita el recurso más previsible y no levanta un solo tabique nuevo. En su lugar, coloca en el espacio piezas de mobiliario que funcionan de arquitectura interior —bloques que guardan, cocinan, esconden el baño o dan paso a la escalera— y reparten entre ellas el programa doméstico sin recurrir a un solo muro. Cada pieza marca un umbral sin cerrar nada del todo: la casa se abarca de un vistazo desde cualquier punto, aunque cada rincón conserve su propio grado de intimidad.
El lenguaje de estos volúmenes es deliberadamente sobrio: formas rotundas, sin adornos, pintadas en tonos de azul y blanco que rebotan la luz y oscurecen aún más, por contraste, las vigas de madera que cruzan el techo. Cocina y escalera comparten un mismo cuerpo ligero —apenas un mueble con función de tabique— que no corta la mirada de un extremo a otro de la casa.
El baño ocupa otro de estos volúmenes, uno que se detiene antes de tocar el techo. Ese gesto de cerrar solo lo necesario basta para dar intimidad sin renunciar a la lectura del conjunto, desde cualquier esquina de la casa se sigue intuyendo su volumen completo. Dentro, materiales resistentes al agua y una paleta neutra dejan que el protagonismo siga siendo de la estructura y no del cuarto de baño.





El sobrado convertido en dormitorio
Bajo cubierta, lo que durante años fue un desván de trastos viejos pasa ahora a ser dormitorio. La intervención resuelve lo estrictamente necesario —aislamiento y un pavimento nuevo y nivelado— y deja el resto tal como estaba. La estructura inclinada de la cubierta permanece vista, fiel a una casa que en cada estancia insiste en mostrar aquello que la sostiene.
Casa Ballenero no disimula lo que es, una construcción popular —muros anchos, madera vista, huecos justos— a la que se le ha quitado el ruido acumulado por el tiempo. En un barrio que lleva en su nombre el oficio marinero que dio vida a este pueblo durante generaciones, la casa vuelve a habitarse desde su propia estructura, con el mar otra vez presente en cada estancia.
Proyecto: Casa Ballenero.
Ubicación: Lastres, Asturias.
Tipología: Residencial.
Superficie: 70 m².
Terminación: Marzo 2026.
Arquitecto: Antonio Antequera Reviriego. Extrarradio Estudio.
Colaboradores: Estudio Copla.
Constructora: Carpintería Zarabozo.
Fotografía: Sara Cuerdo.
Fuente: Extrarradio.

Antonio Antequera. Extrarradio Estudio
Antonio Antequera (Madrid, 1987) se forma como arquitecto en la Universidad Técnica de Arquitectura de A Coruña y la Universidad Politécnica de Madrid. Antes de dirigir su propio estudio pasa varios años trabajando en estudios de referencia en España e Italia, una etapa que resulta determinante en la manera en que después entenderá su propia práctica: más que como un ejercicio de autor, como una disciplina que se aprende oficio a oficio, obra a obra.
En 2017 se incorpora a Massimo Adario Architetti, en Roma, donde permanece un año. A su regreso a Madrid trabaja en PCM, en Langarita-Navarro Arquitectos y como arquitecto senior en SEGIPSA, la sociedad estatal de gestión inmobiliaria de patrimonio. Este recorrido por estudios de escalas y sensibilidades distintas —desde la vivienda hasta el patrimonio público, desde Madrid hasta Roma— construye un criterio propio que le permite asumir la responsabilidad de proyectar en solitario.
Extrarradio nace en 2021 en Madrid. El nombre ya anuncia una posición, la de un estudio que no busca el centro ni la grandilocuencia, sino que trabaja desde la periferia entendida como lugar de creación. Su método parte de la superposición de capas, físicas y simbólicas, texturas, estratos históricos y referencias personales de quien habita cada proyecto, como mecanismo para construir espacios con una carga narrativa propia, ajustados a las particularidades de sus habitantes.
El estudio se mueve con la misma naturalidad entre la obra nueva y la intervención sobre edificios existentes. En ambos casos, el punto de partida es un análisis exhaustivo del contexto físico y cultural del encargo, que se traduce después en soluciones que integran diseño contemporáneo con sistemas constructivos rigurosos y eficientes. La atención al detalle, el control de los procesos de ejecución y una selección consciente de materiales son constantes en cada proyecto, con independencia de su escala o presupuesto.
Algunos de sus proyectos nos hablan de su forma de entender la arquitectura: En TET, una vivienda adosada de los años cuarenta de 68 m² en el barrio madrileño de Carabanchel, Extrarradio reduce primero la casa a su estructura esencial —vigas, muros de carga, cerchas de cubierta— para después trazar un zigzag pintado en verde que recorre la planta baja y une cocina, aseo, escaleras, bancos y una bañera exterior en un único gesto continuo. Antequera lo resume así: la casa debía transmitir «su modo de vida, desenfadado y creativo», el de un cliente vinculado a la industria musical. El color, aplicado con precisión conceptual, actúa aquí como columna vertebral del proyecto más que como acabado.
En Zissou, la sede de una productora audiovisual de 135 m² en el madrileño barrio de Tetuán, el estudio sustituye la sucesión tradicional de despachos por un recorrido continuo organizado en torno a una mesa que va cambiado de función, escritorio compartido, mesa de reuniones o cocina. Las plantas integradas en el mobiliario introducen separaciones suaves entre equipos sin fragmentar la oficina, y el sótano se reserva como sala de mezclas y producción, el único cambio de registro acústico de todo el proyecto.
En Sierra de Gredos, un presupuesto ajustado y una normativa restrictiva en superficie construible dan lugar a una cabaña de 60 m² que amplía un antiguo cobertizo agrícola en sección, no en planta. Un cascarón cerámico envuelve cubierta y fachadas, semienterrado y orientado para dialogar con las construcciones tradicionales de la zona, mientras que dentro, un volumen de madera azul que aloja cocina, baño y dormitorio en altillo se posa en el espacio diáfano sin tocar sus paredes. El propio arquitecto la describe como «una pequeña nave habitada», pensada para reconectar con la naturaleza y con el origen familiar de la parcela.
Los tres proyectos, tan distintos en programa y escala, comparten una misma lógica de trabajo: reducir antes de añadir, encontrar en la estructura existente —o en la esencial— el soporte expresivo del proyecto, y resolver el programa mediante piezas de mobiliario que ordenan sin compartimentar. Extrarradio entiende la arquitectura como una disciplina que desarrolla memoria, técnica y habitabilidad, proponiendo espacios que no solo responden a requerimientos funcionales, sino que construyen significados y vínculos duraderos con quienes los habitan.
Extrarradio Estudio
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Project by Antonio Antequera. Extrarradio Estudio
