Diego Serrulla renueva una vivienda del ensanche de Ruzafa con un mosaico hidráulico convertido en estructura narrativa

25 agosto 2026
Más que una reforma, este proyecto plantea una manera de intervenir en la vivienda existente en la que memoria material, lógica espacial y diseño arquitectónico trabajan de la mano.
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Ruzafa fue, en origen, un jardín. En el siglo IX el príncipe Abd-Al·lah al-Balansí mandó plantar una finca de recreo a las afueras de Valencia y le dio el nombre de al-Rusafa, en recuerdo de los jardines cordobeses de su padre. Aquellos jardines se abandonarían con el tiempo, pero el nombre permaneció, primero como alquería agrícola, después como arrabal extramuros y, ya en 1811, como municipio independiente que no se integraría oficialmente en Valencia hasta 1877. Su incorporación a la ciudad coincidió con la expansión del ensanche decimonónico, y Ruzafa adoptó entonces la fisonomía que todavía hoy la define: manzanas cerradas, fachadas con molduras de escayola, suelos hidráulicos que cubrieron viviendas enteras con dibujos geométricos pensados para durar generaciones.

Ese mismo tejido residencial, construido para una ciudad que crecía, es hoy uno de los barrios donde conviven lo antiguo y lo nuevo. El mercado municipal de 1957 sigue marcando el ritmo del día a día, mientras estudios de diseño, galerías y una escena creativa cada vez más consolidada ocupan locales que en su día fueron otra cosa. Es en ese equilibrio —entre la memoria construida y los usos contemporáneos— donde Diego Serrulla sitúa una de sus últimas reformas, una vivienda que había perdido buena parte de su carácter bajo capas sucesivas de tabiques, y que el proyecto recupera a partir de un elemento que convierte en protagonista: el suelo de mosaico hidráulico.

El mosaico hidráulico restaurado pieza a pieza

La vivienda, antes de la intervención, respondía a una lógica de compartimentación excesiva: estancias pequeñas, luz natural limitada, un recorrido fragmentado que impedía leer el espacio en su conjunto. Bajo esa distribución, sin embargo, permanecía un mosaico hidráulico original —un dibujo hexagonal de pasta gris, con piezas en tonos beige y verdes— dañado en distintas zonas pero reconocible. El proyecto parte de ahí, más que como un hallazgo decorativo, como el argumento que ordena toda la reforma.

«Me interesa que una reforma no borre la historia de una casa, sino que la haga legible», explica Diego Serrulla. «En este proyecto, el mosaico hidráulico no era un acabado, era una estructura narrativa. Recuperarlo pieza a pieza fue una decisión arquitectónica, no decorativa. A partir de ahí, todo consistió en ordenar y abrir para que la luz atravesara la vivienda, ajustar proporciones, alinear alturas, integrar la técnica y conseguir que materiales como la madera, el ladrillo y la piedra hablaran en el mismo tono.»

Restaurar el suelo de mosaico exigió un trabajo artesanal, localizar piezas compatibles en almacenes de derribo, completarlas y recolocarlas manualmente hasta reconstruir el dibujo original. Ese suelo, una vez reconstruido, se convierte en la referencia para el resto de decisiones del proyecto, la posición de los muebles, la proporción de los huecos y la relación entre estancias.

Apertura y profundidad visual

Sobre esa base, la reforma retira los tabiques que fragmentaban la zona de día y une recibidor, salón y cocina en una secuencia continua. La apertura genera profundidad visual y deja que la luz del patio interior atraviese la vivienda de punta a punta. En el salón, la fachada interior de ladrillo visto —limpiada y protegida in situ— se conserva como contrapunto cálido frente a los paramentos más neutros del resto de la casa.

La cocina resuelve una geometría irregular con una composición precisa de volúmenes. Un módulo vertical concentra el almacenaje y los electrodomésticos, mientras que dos piezas complementarias —una baja en nogal rechapado, dedicada al trabajo, y otra alta lacada en blanco, más ligera, para vajilla y utensilios— ordenan el resto del espacio. Al fondo, una zona con plantas junto al patio aporta profundidad y refuerza la entrada de luz natural.

La zona de noche sigue el mismo criterio de continuidad. Dos habitaciones se unifican en un único dormitorio principal, con un vestidor central que organiza el almacenamiento y el recorrido cotidiano sin necesidad de levantar nuevos tabiques. El baño queda oculto tras una puerta corredera con espejo que amplía visualmente el espacio, y la lavandería se integra tras una puerta enrasada que no interrumpe la lectura del conjunto.

Coherencia en la combinación de materiales

Los materiales se combinan con el mismo criterio de coherencia. Las carpinterías nuevas respetan las trazas originales, las puertas de paso se restauran y la climatización se resuelve con difusores lineales integrados en la arquitectura, sin interferir en la imagen limpia del espacio. Molduras y acabados se mantienen sin rupturas, reforzando una atmósfera serena que recorre toda la casa.

Más que una reforma, este proyecto plantea una manera de intervenir en la vivienda existente en la que memoria material, lógica espacial y diseño arquitectónico trabajan de la mano. El resultado es una casa más luminosa, más coherente y, sobre todo, más habitable. Una vivienda que conserva su esencia y la proyecta hacia el presente, mosaico a mosaico.

Plano color
Plano circulación

Proyecto: Habitar el mosaico.
Tipología: Reforma integral de vivienda y diseño interior.
Ubicación: Ensanche de Ruzafa. Valencia.
Terminado: 2025.
Arquitectura y diseño: Diego Serrulla.
Fotografía: Germán Cabo.
Fuente: Lelien. María Lapiedra.

Diego Serrulla

Diego Serrulla se forma en la Universidad CEU Cardenal Herrera, donde cursa la Licenciatura en Arquitectura. Sus primeros años de práctica profesional transcurren en el estudio de Ángel Abad Melis, una etapa formativa que le permite aproximarse a la disciplina desde la obra construida. En 2016 asume la cofundación de Imago tallerarquitectura, despacho valenciano en el que desarrolla proyectos de edificación y reforma durante cinco años y consolida un método de trabajo propio, atento tanto a la coherencia formal como a la resolución técnica de cada encargo.

En 2021 funda en Valencia Diego Serrulla Arquitectura. El estudio nace con la voluntad de dar continuidad al proceso completo de cada proyecto, desde la concepción inicial hasta la entrega final de la obra, e incorpora para ello una estructura propia de constructora y promotora. Esta integración permite acompañar cada decisión —de diseño, ejecución y plazos— sin ceder el control del proceso a agentes externos, y sitúa al estudio en una posición singular dentro del panorama valenciano, la de un despacho de arquitectura capaz de sostener también la promoción y construcción de sus propios proyectos.

El trabajo de Diego Serrulla Arquitectura abarca reformas residenciales, proyectos de obra nueva y promociones inmobiliarias propias, además de encargos de menor escala como el diseño de producto o de stands. Cada proyecto se desarrolla junto al cliente, con un equipo reducido y de confianza que permite dedicar a cada decisión la atención que requiere. El estudio colabora además con una red de artesanos locales, una relación que aporta calidad de ejecución y carácter propio a los espacios que construye.

Con una estructura de escala humana, Diego Serrulla Arquitectura entiende la arquitectura como una disciplina que equilibra funcionalidad y estética, y busca en cada encargo una solvencia técnica que se traduzca en espacios honestos, coherentes y duraderos. La cercanía, la transparencia y la fiabilidad definen su manera de trabajar con quienes confían en el estudio.

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