En Girona, una vivienda entre medianeras al borde del derrumbe se convierte en la excusa perfecta para que Victor Bouman reformule cómo se puede habitar un volumen largo, estrecho y oscuro. La casa original estaba formada por dos cuerpos principales unidos por un tercer volumen lateral más pequeño: más de 30 metros de longitud por apenas 4,5 metros de ancho, con un patio alto y angosto encajado entre los tres bloques y una estructura gravemente dañada por el agua en cubiertas, medianeras y forjados. El reto no era solo consolidar una ruina, sino transformar esa geometría extrema en un hogar luminoso y habitable.
El objetivo de la intervención fue romper la sensación de túnel y hacer que el aire y la luz atraviesen la casa de principio a fin. Para ello, se rebaja la altura de los dos volúmenes interiores, que pasan a tener una y dos plantas respectivamente, y se talla un nuevo patio interior de tres alturas dentro del volumen principal. A lo largo de los 30 metros del solar aparece así una secuencia de vacíos, una sucesión de patios que interrumpe la masa cerrada de la casa original y permite que la luz natural llegue a todas las estancias. La vegetación que coloniza estos pozos de aire refuerza la sensación de entrar y salir de la casa al recorrerla, como si la vivienda respirara rítmicamente hacia el exterior.










El programa se ordena por plantas, de abajo arriba: la planta baja concentra los espacios de día, en contacto directo con los patios y la naturaleza, diluyendo el límite entre interior y exterior. En la primera planta se sitúan los espacios de los padres —habitación, baño y estudio—, en una franja más reservada pero siempre vinculada visualmente a los vacíos. La planta superior se destina a los niños, con habitaciones y espacios propios que completan el conjunto y se benefician de la luz que entra desde las cubiertas y los lucernarios.
Honestidad radical en materiales y acabados
En la elección de materiales y acabados, el proyecto opta por una honestidad radical: no se ocultan ni la preexistencia ni las operaciones necesarias para salvarla. Las medianeras de piedra de río quedan vistas, igual que las bóvedas de pañuelo de ladrillo cerámico, y los pavimentos existentes se conservan allí donde es posible. También se muestran sin pudor los refuerzos estructurales: forjados de madera, vigas in situ de hormigón, apeos metálicos y capas de compresión de hormigón coloreado que aportan peso y estabilidad a las bóvedas, cosen horizontalmente la casa con las medianeras y funcionan al mismo tiempo como pavimento acabado. Cuando se decide revestir, se hace con mortero de cal en los espacios servidos y con microcemento o alicatados en las zonas húmedas, siempre desde una lógica de sobriedad y permanencia.












La energía, parte del proyecto
El comportamiento climático de la vivienda aprovecha al máximo la inercia térmica de su propia masa construida. Las gruesas medianeras y los forjados abovedados actúan como un gran acumulador que, en verano, mantiene el interior fresco tras haberse enfriado en los meses anteriores. La ventilación cruzada, apoyada en lucernarios practicables en cubierta, completa la estrategia y asegura el confort en todas las estancias sin recurrir a grandes artificios. En invierno, un suelo radiante calienta la planta baja, mientras que radiadores en los niveles superiores se alimentan de un sistema eficiente de aerotermia, cerrando el círculo de una rehabilitación que entiende la energía como parte indisoluble del proyecto.
Este proyecto es, en definitiva, una operación de sutura más que de sustitución: un ejercicio de escuchar la casa y el barrio, liberar luz y aire donde antes solo había masa y devolver a un volumen alargado y exhausto la dignidad de un hogar. De la ruina al calor doméstico, a través de patios, materiales sinceros y una lógica climática que hace que la arquitectura trabaje a favor del tiempo y no en su contra.








Ubicación: Girona.
Terminado: 2025.
Arquitectura: Victor Bouman.
Fotografía: Pol Viladoms, Anna Queralt.
Interiorismo: Almeda Estudi.
Construcción: Construccions Marc i Jou.
Ventanas: Elke Wood Windows.
Estructura de madera: Leif DKarpenter.
Instalaciones: Tecninstal Banyoles.
Paisajismo: Natàlia Mitjà.
Fuente: Victor Bouman.

Victor Bouman
Victor Bouman pertenece a esa generación de arquitectos que han hecho de la sencillez una forma de precisión y del paisaje su principal aliado. Arquitecto por la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (ETSAB, 2016), su trabajo se despliega hoy entre Girona y la Costa Brava, donde firma viviendas silenciosas, compactas y profundamente atentas al clima y a la vida real de quienes las habitan.
Tras terminar sus estudios en Barcelona, Bouman se trasladó a Londres para trabajar en PTEarchitects, involucrándose en proyectos de vivienda de gran escala que le permitieron entender la ciudad desde la repetición, la densidad y la responsabilidad social del proyecto residencial. A su regreso, en 2016, se integró en diversos estudios en Terrassa, especialmente en RGA arquitectes, donde profundizó en sistemas constructivos en madera y en una forma de proyectar donde el detalle constructivo y la eficiencia material van de la mano. Ese recorrido, entre la gran escala londinense y el trabajo cercano en Cataluña, fue decantando una mirada precisa sobre cómo se construye el confort cotidiano.
En 2020 funda Bouman Arquitectura, un estudio con sede en Girona y Llançà (Costa Brava) que se reconoce, ante todo, por una manera de trabajar serena, directa y honesta. Desde estas dos bases, urbanas y a la vez muy próximas al territorio, el estudio acompaña a clientes particulares y promotores en proyectos de obra nueva, rehabilitación, interiorismo, retail y paisajismo, con un hilo conductor: crear espacios fáciles de vivir, tranquilos y sostenibles, donde la arquitectura no se imponga sobre la vida sino que la sostenga con discreción.
Su trabajo se podría describir como una conversación constante con el lugar. Cada proyecto parte de una lectura atenta de la topografía, la orientación, el clima y la memoria construida, entendiendo que es el entorno —urbano o natural— el que debe influir en la arquitectura y no al revés. De ahí su inclinación por los volúmenes contenidos, las plantas compactas, las cubiertas inclinadas que dialogan con el paisaje rural y el uso de materiales naturales, sostenibles y de proximidad, que reducen la huella ambiental y envejecen con dignidad.
En Bouman Arquitectura cada decisión tiene una doble mirada: la del planeta y la de las personas que van a habitar el espacio. De ahí la insistencia en la eficiencia energética, el ahorro de emisiones y el uso de materiales naturales, pero también en la temperatura adecuada, la luz bien trabajada, el silencio y ese confort difícil de nombrar que se percibe al cruzar una puerta y sentir que todo está en su sitio. Sus proyectos no buscan deslumbrar en una primera visita, sino sostener en el tiempo una relación de confianza con quienes los habitan, como esas casas que, con los años, se integran en el paisaje hasta parecer que siempre estuvieron allí.
En un momento en que la arquitectura oscila entre la espectacularidad y la hipertecnificación, la trayectoria de Victor Bouman propone otra vía: la de una arquitectura tranquila, de proximidad, que mira al futuro desde la humildad de los recursos y la intensidad del lugar. Una práctica que se escribe desde Girona y la Costa Brava, pero que dialoga con una preocupación global: cómo vivir mejor, consumiendo menos y cuidando aquello que nos sostiene.
Victor Bouman
Carrer Cardenal Margarit 1
17002 Girona
+34 664 36 06 43
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Project by Victor Bouman
