Paola Bagna y Jonas Labbé convierten un establo para ovejas en l’Empordà, en una casa que conserva el carácter del edificio original

21 abril 2026
Una vivienda luminosa, de distribución generosa, desde el que sus habitantes pueden relacionarse con el entorno y disfrutar de las vistas hacia la llanura ampurdanesa.
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En el sureste de Peralada, pequeño municipio del Alt Empordà conocido por su castillo medieval y sus viñedos, se encuentra una propiedad dedicada desde hace generaciones a la cría de ovejas y al turismo rural. Entre sus edificaciones —una masía de los años veinte y una vivienda familiar de los setenta— se encajaba un granero construido en 1930, medianero por ambos lados, con apenas dos fachadas y una estructura interior de una honestidad casi radical: dos arcos y dos pilares de ladrillo sosteniendo las vigas de madera, el forjado intermedio y la cubierta de pendiente única. Ese establo, que durante décadas albergó ovejas y almacenó heno, es hoy una vivienda de 150 metros cuadrados diseñada por los arquitectos Paola Bagna y Jonas Labbé.

El encargo recibido era transformar el edificio sin traicionar su carácter. El cliente buscaba algo que podría definirse como un loft rural: un espacio luminoso, de distribución generosa, desde el que sus habitantes pudieran relacionarse con el entorno y disfrutar de las vistas largas hacia la llanura ampurdanesa.

La respuesta de los arquitectos fue tomar los materiales y elementos constructivos originales como punto de partida y guía del proyecto. La fachada sur, con sus dos grandes aberturas semicirculares en ladrillo artesanal —diseñadas originalmente para dejar entrar la luz del sur y secar la paja almacenada en las plantas superiores— y la robusta fachada norte de piedra con sus cincuenta centímetros de espesor se convirtieron así en los elementos fundacionales de la intervención.

El patio interior, corazón de la vivienda

La operación más significativa del proyecto es la creación de un patio en el interior del edificio, al otro lado de la puerta de entrada de madera original. Este vacío —que recupera simbólicamente el espacio que antaño albergaba la maquinaria agrícola— resuelve el problema de la luz y la ventilación en una planta baja sin apenas aberturas, y facilita al mismo tiempo toda la organización de la vivienda: a su izquierda, sala de estar, cocina y comedor; a su derecha, un área de trabajo polivalente. Las puertas acristaladas plegables de ambos espacios pueden abrirse completamente hacia el patio, disolviendo la frontera entre interior y exterior y convirtiendo la planta baja en una sucesión fluida de estancias conectadas. En el centro, la escalera ocupa un espacio de doble altura que comparte protagonismo con el patio como corazón estructural y lumínico de la casa.

Protagonismo de la piedra en el interior

El muro de piedra norte, conservado íntegramente y aislado térmicamente por el exterior, pasa de ser piel del edificio a ser materia de los interiores. Para que su presencia se desplegara en toda su anchura y altura, el forjado de la planta primera no cubre la totalidad del edificio, permitiendo que la zona de cocina comedor se eleve hasta la cubierta en un espacio de doble altura que establece conexiones visuales entre ambas plantas dejando a la vista ese muro de piedra irregular, vivo, cargado de historia.

En esta zona, el muro medianero de ladrillo que deja ver las vigas de hormigón pretensado también se conserva, haciendo legibles las distintas épocas y capas constructivas que conviven en el edificio. Los materiales originales —piedra, ladrillo, madera— aportan textura y densidad histórica; los nuevos —baldosas cerámicas en los suelos, roble en las carpinterías, metal lacado en blanco, yeso, revoco de tierra y madera de álamo en la cocina— responden con superficies más lisas, colores pastel y una contemporaneidad que no compite con lo preexistente sino que lo enmarca y lo pone en valor. Hasta la viga de madera original de la cubierta encuentra una nueva vida, reutilizada como banco en el espacio de entrada.

Los arcos semicirculares determinan la geometría de la casa

El arco semicircular, presente desde el origen en la fachada sur y en los dos arcos estructurales interiores, se convierte en el leitmotiv de toda la intervención. Al introducir el forjado intermedio, los grandes arcos de la fachada quedaron ocultos desde la planta baja, visibles solo desde los dormitorios superiores y desde el exterior. Los arquitectos decidieron entonces reintroducir ese lenguaje en el interior: nuevos arcos semicirculares separan la cocina comedor del salón, y un elemento de un cuarto de círculo permite la transición entre la escalera y la zona de cocina, incorporando al mismo tiempo un nuevo pilar estructural. Ambos gestos —el arco y la curva— se presentan como piezas escultóricas dentro de la vivienda, objetos que condensan la memoria formal del edificio y la proyectan hacia sus nuevos espacios.

El resultado es una casa que encuentra su propio ritmo entre la recogida escala de las estancias más íntimas, propias de la arquitectura rural catalana, y la generosidad expansiva del patio y las dobles alturas: un juego de materiales, geometrías, luz y tiempo que permite habitar el pasado con toda la comodidad del presente.

Alzado
Planta baja
Planta primera
Cubierta

Proyecto: Can Gori.
Ubicación: Peralada, Alt Empordà, Girona.
Conversión de granero en vivienda familiar.
Superficie: 150 m².
Finalización: 2023.
Arquitectos: Paola Bagna & Jonas Labbé.
Arquitecta técnica: Imma Ferrer.
Estructura: Codi Estudi.
Instalaciones: Enclos.
Carpintero: Sayo.
Constructor: Construccions Godó.
Fotografía: Arnau Rovira Vidal.
Fuente: Paola Bagna.

Paola Bagna

Nacida en Empuriabrava, en el litoral del Alt Empordà, Paola Bagna se formó como arquitecta en dos de las escuelas que mejor definen su manera de entender la disciplina: la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona y la Technische Universität de Berlín. Una doble formación que anticipa lo que será una carrera marcada por el movimiento, el cruce de culturas y la capacidad de adaptarse a entornos construidos muy distintos entre sí.

Con más de quince años de trayectoria profesional, Bagna ha desarrollado proyectos residenciales privados y espacios comerciales en Londres, Barcelona, París, Berlín y Abidjan. Una geografía dispersa que da forma a su modelo de trabajo, al que ella misma define como un «nomadismo a la orden del día»: en lugar de una oficina fija, una red de colaboradores y espacios compartidos en Cataluña y Berlín desde los que dirige cada proyecto con la misma atención e implicación que si estuviera en un único lugar. Es bajo este esquema que opera Paola Bagna Architect, su estudio internacional, una estructura ligera y eficaz pensada para responder con agilidad a encargos en distintos países y contextos.

El trabajo del estudio parte siempre de una premisa esencial: escuchar. Antes de cualquier trabajo formal, Bagna dedica tiempo a comprender qué desea el cliente y a medir con cuidado el espacio que va a intervenir. A partir de ese conocimiento preciso del lugar, desarrolla los primeros esbozos, trabaja en tres dimensiones y mantiene un diálogo continuado con quien le encarga el proyecto hasta afinar cada detalle. Esta metodología resulta especialmente significativa en proyectos de pequeña escala, donde, como ella subraya, «las propuestas dependen mucho de los centímetros de más o de menos de los que se dispone».

La tipología que más le fascina es la vivienda, y dentro de ella, la transformación de lo existente. Su arquitectura parte del respeto y la reinterpretación de lo que ya está construido, adaptándolo a nuevos usos y a nuevas formas de habitarlo. En este proceso, los materiales juegan un papel central: para Bagna, deben dialogar entre sí con naturalidad y nobleza, y sobre todo, deben tener la capacidad de envejecer bien, de ganar presencia con el tiempo y de acumular una «bonita pátina» con el uso. Esta sensibilidad hacia la materia la ha llevado a explorar la reutilización como práctica, rescatando piezas y elementos de unas obras para incorporarlos en otras, como ocurrió con el parquet de principios del siglo XX recuperado de un proyecto en París que acabó dando forma al mobiliario diseñado para Galatea Wine, una vinoteca en Berlín.

Un capítulo singular de su carrera transcurrió entre 2015 y 2017, cuando Bagna se instaló en Abidjan para liderar la rehabilitación de una casa de dos mil metros cuadrados construida en los años sesenta —obra del arquitecto Henri Chomette— con el objetivo de transformarla en un boutique hotel de dieciocho habitaciones. Aquella experiencia en Costa de Marfil, intensa y sin rutina, amplió su capacidad de trabajo en entornos constructivos complejos y consolidó una mirada abierta a la experimentación y al intercambio cultural, dimensión que también exploró a través de Electropique, un proyecto que ella misma organizó allí combinando música y arquitectura como forma de encuentro entre comunidades. Hoy, con base entre Empuriabrava y Berlín, y hablando cinco idiomas con fluidez, Paola Bagna sigue buscando en cada proyecto lo mismo: espacios que mejoren la vida de quienes los habitan, construidos con simplicidad, funcionalidad y una atención al detalle que nunca se da por supuesta.

Paola Bagna
Berlín (+49) 176 29554551
Empuriabrava (+34) 616 838 420
info@paolabagna.com
paolabagna.com
@paola_bagna

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