Hay proyectos que se explican por su paisaje antes que por su arquitectura. Ses Clotades, la vivienda que Marià Castelló ha construido en Formentera entre 2021 y 2025 —tras un proceso de proyecto que arrancó en 2016—, pertenece a esa categoría de obras donde el lugar ejerce una autoridad real sobre cada decisión formal. Y esa autoridad, lejos de coartar al arquitecto, lo libera hacia una precisión que pocas veces se alcanza.
Castelló trabaja desde Formentera con una coherencia intelectual y una fidelidad al territorio que lo sitúan en la estela de aquella tradición que Álvaro Siza consolidó en Portugal: la que entiende la arquitectura como escucha antes que como imposición, la que convierte el acto de construir en un gesto de continuidad con la memoria del lugar. Sus obras —y Ses Clotades es su expresión más madura hasta la fecha— tienen esa cualidad de las cosas que siempre estuvieron ahí, aunque acaben de ser construidas.
Un paisaje modelado por hondonadas
Ses Clotades da nombre a una zona del istmo que une La Mola con el resto del territorio de Formentera, un umbral geográfico de singular carácter. Castelló lo describe con una precisión que merece citarse: es «una topografía cambiante, un juego de subidas y bajadas, fruto de la lenta consolidación de un vasto sistema dunar hoy en gran parte colonizado por una importante masa boscosa». En ese umbral entre el pinar y los campos de cultivo —un paisaje modelado por hondonadas que se hunden entre pequeñas colinas de arena— la vivienda surge adoptando el lenguaje de su entorno.
La implantación responde con «un diálogo de contrarios: adición y sustracción, ascenso y descenso, solidez y permeabilidad, luz y sombra». Sobre un podio de hormigón descansan tres volúmenes: dos cuerpos de diferente altura que albergan los espacios de la vivienda, y un tercero que se incrusta en la tierra para convertirse en agua. La piscina, así, forma parte de la lógica tectónica del conjunto, enterrada y reflectante, como un espejo del paisaje invertido.















Volumetría y programa
El volumen de mayor altura se esconde entre los pinos más cercanos, aligerado por una constelación de patios que lo erosionan y lo vuelven poroso. Es un volumen habitado por los vacíos. Contiene una unidad habitacional completa y autónoma —capaz de funcionar independientemente cuando la casa la habita una sola persona o una pareja—, con estancia diáfana en planta baja, dormitorio principal en la primera planta, y solárium-mirador en la cubierta, desde donde se abren visuales profundas hacia el sur de Ibiza y la silueta de La Mola.
El volumen más pequeño, compacto y opaco, funciona de manera complementaria: alberga tres habitaciones dobles en suite y un baño de cortesía. La separación física entre ambos cuerpos permite una gestión independiente de la privacidad según la ocupación, una disposición que evidencia la inteligencia programática del proyecto. Entre ambos volúmenes, el nexo de unión actúa como rótula y vestíbulo: «una galería permeable que conecta los espacios más íntimos con el exterior y que muta su personalidad según las estaciones del año». En verano funciona como porche ventilado; en invierno, cerrada, como captador solar de efecto invernadero.
El nivel inferior —técnicamente un sótano, pero concebido con una ambición espacial completamente distinta— alberga la biblioteca, el gimnasio, las áreas de servicio y el aparcamiento. Los patios estratégicamente situados inundan de luz natural estas estancias y crean, en palabras del arquitecto, «atmósferas de silenciosa monumentalidad». Es una de las mayores audacias del proyecto: subvertir la condición oscura del sótano hasta convertirlo en uno de los espacios con mayor carga poética de la casa.



Sostenibilidad como ética
La estrategia ambiental de Ses Clotades merecería un análisis separado, pero su mayor virtud es que resulta indistinguible del proyecto mismo. Castelló lo enuncia con claridad: trasciende «la simple implementación de tecnología para convertirse en un manifiesto que atraviesa la estética a favor de la ética». En una isla con escasez hídrica estructural como Formentera, la gestión del agua de lluvia es un asunto de supervivencia histórica, y la vivienda recoge esa tradición con una cisterna de gran volumen en el sótano. Los patios reducen la demanda eléctrica al llevar luz natural a todos los niveles. La cubierta del volumen bajo integra captación fotovoltaica. La ventilación cruzada sustituye, tanto como es posible, la climatización activa.
Los materiales obedecen a la misma lógica: corcho natural proyectado y aglomerante de cal para el aislamiento de los muros de cerramiento —materiales de escasa huella ecológica que permiten que la vivienda transpire—, carpinterías y contraventanas en madera de iroko y pino, que envejecerán con la dignidad del paisaje circundante. La materialidad, como todo en este proyecto, es un ejercicio de coherencia y contención.









Arte, geometría y materia natural
La arquitectura de Ses Clotades ha convocado también la mirada de la artista Elena Vinyàrskaya, cuya intervención ha dotado a la casa de «una capa de domesticidad consciente». Vinyàrskaya ha actuado no solo como artista sino como curadora del set design: a través de una selección de obras propias, piezas de mobiliario de autor y objetos con historia, el interior abandona la condición de contenedor para convertirse en un escenario de texturas y significados. Los tejidos, la cerámica y el atrezo equilibran la pureza formal de la casa con la calidez necesaria para ser habitada.
El mobiliario responde al mismo principio: muchos elementos han sido diseñados a medida e integrados en la arquitectura —entre ellos la colección D12 para Diabla— y la sabiduría de los artesanos locales impregna cada detalle. El resultado es una obra donde «la precisión de la geometría y la imperfección de la materia natural conviven en un equilibrio silencioso» comenta el arquitecto.










Arraigo en Formentera
Marià Castelló lleva décadas construyendo una de las trayectorias más singulares y menos ruidosas de la arquitectura española contemporánea. Su arraigo en Formentera —isla pequeña, frágil, con una identidad cultural y paisajística de gran especificidad— ha producido una obra que difícilmente podría haberse generado desde otro lugar o desde otra actitud. Ses Clotades es, en ese sentido, una obra de madurez: la casa que solo puede construir quien ha aprendido a escuchar durante mucho tiempo.
















Proyecto: Ses Clotades.
Ubicación: Formentera, España.
Superficie: 295 m².
Proyecto: 2016-2021. Obra: 2021-2025.
Arquitecto: Marià Castelló.
Dirección de obra: Lorena Ruzafa + Marià Castelló.
Arquitecto técnico: José Luis Velilla Lon.
Estructura: Ferran Juan.
Instalaciones: Alcoitech Climatización.
Equipo de diseño: Lorena Ruzafa, Marga Ferrer y Natàlia Castellà.
Constructor: Urbafor.
Art & Set Design: Elena Vinyàrskaya.
Fotografía: Marià Castelló.
Fuente: Marià Castelló

Marià Castelló
Fundado en 2002 en Formentera por Marià Castelló (Ibiza, 1976), su estudio opera como un taller de pequeño formato dedicado a arquitectura y paisaje, con una producción mesurada y un fuerte anclaje al territorio. Desde 2017, la arquitecta de Formentera Lorena Ruzafa Tur se incorpora al estudio, afianzando una práctica que trabaja con la luz mediterránea, los ritmos del lugar y una materialidad honesta que dialoga con la tradición insular.
Castelló es arquitecto por la ETSAB (UPC) desde 2002 (con honores) y, ya desde sus inicios, su obra se ha difundido en publicaciones internacionales y se ha mostrado en la Bienal de Venecia (Pabellón Catalán, 2012). Entre los hitos tempranos figura el premio “Emerging Architect” en los VI Premios de Arquitectura de Ibiza y Formentera (2012), señales de una trayectoria atenta al patrimonio y el paisaje cultural de Formentera.
La arquitectura del estudio explora el equilibrio entre lo telúrico y lo tectónico, lo pesado y lo ligero, lo artesanal y lo tecnológico; principios que se vuelven manifiesto en proyectos residenciales como Bosc d’en Pep Ferrer —donde la roca tallada convive con tres volúmenes de CLT en seco— y en Es Pou, una vivienda de escala contenida que se inserta con precisión en la retícula histórica de muros de piedra seca de la isla. Estas obras han sido ampliamente publicadas y premiadas.
Además de vivienda y paisaje, el estudio ha desarrollado equipamientos como el Centre d’Esports Nàutics de Formentera, obra dirigida por Marià Castelló y Lorena Ruzafa, que reafirma un modo de proyectar atento al contexto físico y social del archipiélago.
Desde 2019, Castelló y Ruzafa desarrollan el proyecto Fragments d’Arquitectura, un proyecto singular, que nos revela otra dimensión de su pensamiento creativo: piezas que no son edificios ni maquetas, sino evocaciones, memorias, poemas geométricos que nos acercan al corazón mismo de la arquitectura. Una invitación a mirar con inocencia, a detenernos en la belleza esencial de la forma, la materia y la luz. La serie ha sido presentada en exposición en 2025, y ha cristalizado en un extenso libro homónimo. La propuesta ha recibido una Honorable Mention en Architecture MasterPrize (Categoría Conceptual).
El trabajo de Marià Castelló y Lorena Ruzafa mira a la isla como archivo vivo: cada proyecto es una lectura precisa del terreno, la luz, el viento y los oficios. La economía de recursos, la tectónica sobria y la continuidad con la memoria construida hacen de su arquitectura una práctica comprometida con la sostenibilidad y la belleza esencial del lugar.
Project by Marià Castelló
